Acción Poética Directa en Arañuel (Castellón)

 Por Iratxe Arruti Elguezabal

Nuestra reivindicación consistía en mostrar la cultura de la palabra, del verso, de la defensa de todos los seres sintientes, frente a la mal llamada “tradición”, frente a esa “cultura del toro” que sólo es incultura, crueldad y sadismo, silenciado con respecto a Castellón frente al resto del mundo, aunque en esta provincia se llenan la boca, y los medios de comunicación locales, manifestando su orgullo de ser el lugar donde más festejos taurinos se celebran. Y así es, sin duda.

"A la izquierda de la imagen, la abogada y activista Iratxe Arruti Elguezabal" Autor: Carlos Rodríguez
“A la izquierda de la imagen, la abogada y activista Iratxe Arruti Elguezabal”
Autor: Carlos Rodríguez

Nunca antes nadie participó en este “festejo” de otra forma que no fuera disfrutar viendo cómo un toro indefenso era sometido a su tortura de fuego.

Cuando llegamos a la pequeña plaza, desde la cual se veía la especie de mínimo foso en la que se llevaría a cabo la embolada, los niños corrían por allí, se subían a la fuente, se perseguían, como en cualquier inocente fiesta. Los jóvenes acudían con tercios y quintos en evidente estado de euforia alcohólica, los mayores se apoyaban en la barandilla del foso en cierto estado de embriaguez. No parecía un público receptivo a la lectura de un poema, y menos a una lectura que mostrara el dolor y la injusticia que estaba a punto de cometerse con la pobre víctima. Entre las voces del gentío, se escuchaban las campanas que colgaban en el cuello del pobre toro, un presagio del terror que iba a sufrir. Estaba encerrado en el bajo frente al foso que habían cubierto de arena, no pudimos ver su rostro, sólo el sonido de su fatídico ornamento.

Las fuerzas de seguridad del Estado ya estaban allí, comenzaron a llegar los medios. Explicamos a algunos redactores y reporteros que pensábamos realizar una pacífica acción de lectura, nos miraron como si fuésemos de otro planeta, pero decidieron grabar.

Esperamos a que hubiera más gente, la suficiente para que la plaza estuviera concurrida, y entonces comenzó la música de verbena, como si aquello fuera realmente un acontecimiento alegre. Comenzaron a grabar, y Ángel Padilla, gran poeta y portavoz de la asociación LIBERTA, inició su declamación a gritos, sobreponiendo su voz potente sobre la estridente música. Los lugareños comenzaron a responder con risas, con sorna, aplaudiendo, pidiendo que siguiera leyendo, jaleando. Ángel siguió con su poesía en voz alta y atronadora, andando de un lado a otro frente al gentío. La música cesó, todos los presentes escucharon cada una de sus palabras, los rostros se tornaron en odio, en furia. Varios jóvenes de no más de dieciséis años comenzaron a cubrirse la cara con la bufanda y la capucha, alguien arrojó algo. La masa comenzó a envalentonarse, furibunda contra una sola persona que seguía leyendo con la voz de los indefensos, únicamente flanqueado por dos personas de la asociación, que permanecían a su lado a cierta distancia. Pero sólo tres personas ya eran provocación para la violencia, sólo las palabras les enardecían y hacían crecer la furia. La multitud comenzó a ser avalancha, a avanzar sobre el poeta, pero las cámaras grababan, y varios emboladores tuvieron que intentar frenar el ataque para no quedar en evidencia. En ese momento, una de las personas de la plataforma se acercó a Ángel y lo alejó de la multitud, mientras el otro de los nuestros seguía detrás de ellos. La salida fue frente a la Guardia Civil, que había permanecido inmóvil hasta entonces. A partir de entonces, varios guardias civiles procedieron a acompañar a los tres miembros de la asociación para su identificación, mientras el gentío gritaba al unísono ¡HIJOOOO DE PUTA!, ¡HIJOOOOS DE PUTA!, con soniquete futbolero y aplausos acompasados con tales inteligentes palabras.

Cuando nos íbamos, escuchamos el estruendo del cohete estallando en el aire, su resplandor en el cielo, junto a la bella luna llena, el símbolo de que el destino del hermoso toro ya estaba sentenciado.

Aún con los ecos del griterío, los guardias civiles preguntaron a nuestros compañeros si eran antitaurinos, y después de identificarse con su DNI, e identificarse con sus principios de pacífico rechazo a la tortura, como defensores de la verdadera cultura y respeto a los seres sintientes, siendo observados como bichos raros pero inofensivos, les dejaron marchar.

A pesar de lo ocurrido, y de haber sido advertidos del peligro, 23 valientes activistas acudieron a la plaza, en la que se estaba torturando al toro, mostrando pacíficamente su rechazo a la crueldad del “festejo”. Ante la agresividad de quienes disfrutaban con su dantesca fiesta, los activistas tuvieron que ser escoltados por los agentes de la autoridad, que les advirtieron de que había varios lugareños que buscaban al poeta Ángel Padilla para darle una paliza. Claro síntoma de que la violencia hacia los animales no humanos, se manifiesta también como violencia hacia cualquiera que pacíficamente muestre su rechazo a su barbarie.

Iratxe Arruti Elguezabal, abogada y activista de LIBERTA 

 

Autor: Carlos Rodríguez
Autor: Carlos Rodríguez

un comentario

  1. Francisco José
    Francisco José a las | | Responder

    Seria sorprendente la leectura que leeia en su forma de leer.

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