La abdicacion del rey

 

Por Lucy Alonso

El pasado 3 de junio, a las 10 de la mañana, aproximadamente, el Rey en cadena televisiva, pronunció su último discurso anunciando su abdicación, algo no esperado, aparentemente, pero según yo sí planeado.

   Poco a poco, todas las televisiones de España fueron haciéndose eco del momento fundamental en la historia de la sociedad española, para explicar lo que estaba sucediendo.

  Y  el discurso comenzó así: “Me acerco a todos vosotros esta mañana a través de este mensaje para trasmitiros, con singular emoción, una importante decisión y las razones que me mueven a tomarla”, ante la mirada atenta –me imagino de la mayoría de los españoles y de los ciudadanos extranjeros, que como yo, estarían viendo la televisión, porque es la mejor manera de pasar las horas muertas, cuando se está en paro (sin trabajo).

   Continuó diciendo cosas como: que hace cuatro décadas que tomó la Corona, iniciando una nación con democracia moderna, con un largo periodo de paz y estabilidad –refiriéndose a la tregua que ETA ha dado–, también mencionó la larga y profunda crisis, que padecemos, y habló de lo bien que se ha portado la sociedad española –supongo que aguantando toda clase de recortes, subida de impuestos, perdidas de casas, trabajos, no tener para comer, etc. – y que el pueblo español, se mantiene tranquilo y digno –algo que a mí también me llama mucho la atención.

   Terminó diciendo: “Mi hijo Felipe, heredero de la Corona, encarna la estabilidad, que es seña de la identidad de la Institución Monárquica […] Por todo ello, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, y una vez recuperado tanto físicamente como en mi actividad institucional, he decidido poner fin a mi reinado y Abdicar la Corona de España […]”

   Entre otras gratitudes, mencionó escuetamente a la Reina, diciendo: “Y mi gratitud a la Reina cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca. Guardo y guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón.”

   Aunque tengo que decir, que desde mi ventana, yo puedo opinar libremente y me pregunto: ¿cómo puede decir el Rey “que somos una democracia moderna”? Entonces, la monarquía sobra ¿o no?,  sé que es una monarquía parlamentaria, y nosotros estamos en nuestro derecho de decidir quién debe ser nuestro jefe de Estado.

   “Los ciudadanos protagonistas de su propio destino”. Otro punto de su discurso que llamó mi atención. Nuestro destino, en mi opinión,  ya ha sido decidido por un gobierno que ha sumergido a este país en una larga decadencia económica, social e intelectual.

   En cuanto a la “larga y profunda crisis”,  me asombra mucho  la paciencia que tiene la ciudadanía o el temor que nos infunden con las cargas policiales, cuando vemos movimientos del Stop desahucios o el 15M, y que los callan literalmente con disparos de pelotas de plástico y dejando a más de uno tuerto, por no mencionar las palizas y demás abusos de fuerza que se dan en estas actuaciones policiales.

   Pero continúo mi análisis. El todavía Rey califica a su hijo Felipe, por cierto ya con el  título en todos los telediarios  y mesas de debate, de Felipe VI, como “heredero de la Corona”. ¿Eso es democracia?, si existe una democracia, ¿por qué  se impone un rey?

   Ese mismo día, a las ocho de la tarde en más de 60 ciudades españolas hubo manifestaciones improvisadas, criticando un poder heredado en una democracia,  claro que éstas iban más allá, exigiendo un referéndum, para instar a la tercera república.

   La tercera, sí como lo leen,  la primera se intentó en 1872 hasta 1874, cuando el 29 de diciembre de ese año, el General Martínez Campos, dio comienzo a la restauración borbónica en España.

   La segunda se intentó en 1936, pero Francisco Franco dio un golpe de Estado e impuso su franquismo, originando así la Guerra Civil Española. Y después de 40 años aproximadamente del régimen franquista,  Franco, para perpetuar su dictadura, en 1975, devolvió la Corona a Juan Carlos I, y  lo dejó que volviera a España. En ese mismo periodo, a la muerte de Franco, en un gesto de bondad a su pueblo, el Rey Juan Carlos permitió la “democracia” y que eligieran a su primer presidente, un señor llamado Adolfo Suárez, quien llevó a cabo cambios en la política española, como  permitir  la formación  del primer sindicato, con él se legalizó el Partido Socialista, que se movilizaba en la clandestinidad de una dictadura, siempre al asecho. Entre otras cosas.

   Sí, muchos cambios, pero para mi punto de vista, un engaño maquillado bajo un sistema de sucesión hereditario de la Corona y un sistema electoral bipartidista, que en cierta forma limita demasiado la elección electoral de los ciudadanos.

   Ahora bien ¿a qué viene este cambio de idea del propio Rey?, sí, se hablaba de su abdicación desde hace tiempo,  cuando inesperadamente se rompió la cadera en un viaje de cacería a Botswana, sus rumores de faldas con una supuesta princesa alemana, y pese a salir en la televisión ofreciendo disculpas, comenzó un periodo de crisis monárquico cuando salieron a la luz, todos los negocios presuntamente ilícitos de su yerno y su hija,  y él decidió enviarlos a vivir a Estados Unidos, y aun así, él no aceptaba renunciar a su corona.

  El caso Noos, será su principal obstáculo para continuar, se acaba de descubrir que Hacienda, el Fiscal y la Institución (Corona) estaban todos de acuerdo para proteger a la infanta Cristina, y dejar poca opción al Juez Castro. Es verdad que la Constitución Española, dice que todo lo que atañe al rey legalmente es inviolable a su persona, es decir, ya puede cometer tantos delitos como quiera, que jamás nadie le llevara a juicio. Pero ¿qué pasa con el resto de la familia? Es increíble que en pleno sigo XXI, en el año 2014, vivamos como en el siglo XV en donde la Corona vive a costa del hambre del pueblo, porque así se vive en España, todos trabajamos mucho, cobramos poco –muy poco– y encima, con nuestros impuestos, pagamos a la Corona sus apariciones en público, sus vacaciones, vestidos, peinados, fiestas y un larguísima lista de “sus”…

   Finalmente, mucha gente en España sabe que detrás de esta cortina de humo –basada en una presunta renovación a la Corona– hay varios frentes abiertos, como son el proceso judicial de su yerno Iñaqui Urdangarín, la imputación –que aún no está clara de la infanta Cristina–, la ley de transparencia en las cuentas de la Corona, la postura de él mismo como Rey y los sorprendentes resultados de los nuevos partidos de izquierdas en las elecciones europeas de este año, que han originado un cierto temor a la elite política de este país –dado que parecen tambalearse los cimientos de un sistema bipartidista que no se había encontrado con competencia alguna, desde su implantación. Incluso me planteo, si realmente España quiere mantener la monarquía o logrará volverse una república.

   Yo mientras tanto desde mi ventana, este 19 de junio,  viví la transición de un monarca, en donde los medios se empeñaron en darnos la imagen idílica de los reyes, princesas y hadas. Y aun así el pueblo, en su humilde corazón, vivió con emoción el cuento que nos vendieron.

   Más que decir: ¡Viva el Rey! , que ¡Viva el pueblo español!

   ¡Hasta la próxima!

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