Ramona en el país de las sombras

Denise Elizabeth Ocaranza Ordóñez

 

 

Wake, girl.
Your head is becoming the pillow.
Eleanor Ross Taylor

Primera parte

 

¿Sabes?, siempre he sido falsa psicópata,
una sentimental cobarde suicida,
mas debí haberte matado aquella noche.
Carmen Ávila

 

Ramona, arrancándose los pellejitos de los dedos con los dientes, con la mirada tambaleante y risa nerviosa, se encuentra en el centro de un círculo que le han hecho sus compañeros, quienes la escuchan atentos. Ella les cuenta, de una forma bastante teatralizada, utilizando gestos y ademanes, lo siguiente:

Algunas adolescentes, cuando se embarazan, dicen que no se habían dado cuenta. Nunca les he creído. Yo no estoy embarazada y sé que tengo a alguien dentro, sé que es mujer, se mueve y siento cómo crece. Ella es La Otra, sí, La Otra, la que a veces manda en mí. Ayer, por ejemplo, tomó el camión que tarda más en llegar al centro de la ciudad, a pesar de que ya era tarde para llegar al trabajo. Yo le dije que no, pero ella ya había abordado. Llegamos tarde a la cafetería, así es, soy mesera por las mañanas; por las tardes trabajo corrigiendo boletines en un periódico. Me gusta trabajar porque así mantengo mi mente ocupada, ¿saben?, tengo una mente rebelde a la que le gusta sumergirse en laberintos sin salida. ¿A ustedes no les pasa?, seguro también tienen una mente que se rebela, de lo contrario no estarían aquí.

Les estaba contando sobre La Otra, bueno, pues, yo tomo pastillas para no sentirme triste, ella toma cerveza para tragarlas; o a veces las esconde; tengo la sospecha de que ese medicamento la hace sentir mareada, como si la durmieran. No me crean mucho, es un presentimiento. Ahora les contaré algo muy íntimo, (baja la voz como revelando un secreto) a veces, me obliga a ir a la cama sin cepillarme los dientes o sin lavar los trastos de la cena.

¡Esperen!, también recuerdo que la vez pasada, ¿cuál vez pasada?, no sé, una vez, tampoco me pidan tantos detalles… ¿en qué me quedé?, ah, sí, que la vez pasada, La Otra se manifestó en forma de un moco pegajoso, así es, salió de mi nariz y la pegué bajo una silla con la esperanza de que ahí se quedara, pero no, siempre encuentra la manera de seguirme, de invadirme. Jajajá, no, claro que no les diré en qué silla lo pegué, pero sí fue en una de éstas.

Aunque no siempre se presenta de forma desagradable, hay momentos que La Otra es muy sensual y usa mi cuerpo para demostrarlo. Se impone con tacones, maquillaje sutil y me obliga a quitarme el suéter, ni qué decir de mis sudaderas, cuando La Otra Sensual tiene ganas de salir, bota las sudaderas, tan cómodas que son.

Hay días que salimos las dos juntas, sí, con falda y maquillaje, pero con tenis, de esa manera ambas nos manifestamos. Ella muestra las piernas y es coqueta, pero yo me luzco con un vocabulario soez, ¡PERO ES QUE NO ME GUSTA QUE ELLA TRATE DE ADUEÑARSE DE MÍ!, por su culpa, los hombres me lanzan miradas, ella no entiende que no quiero saber nada de chicos.

Si les contara lo último que hizo… Me gustaba un muchacho y ella me delató. Obviamente no le dijo: “oye, le gustas a Ramona”, ¡no, no, no!, me obligó a decírselo, “me gustas”, le confesé. A ella le pareció divertido, a mí no porque ahora él está incómodo, lo más seguro es que dejemos de ser amigos.

(Se queda callada un minuto y luego grita.)

MUY BIEN ‘OTRA’, ALÉJAME DE TODOS, NO CREAS QUE NO SÉ LO QUE TRATAS DE HACER, QUIERES TERMINAR CONMIGO Y SALIR TÚ, LO QUE NO ENTIENDES ES QUE EXISTES, PERO NO PUEDES VIVIR.

Perdón, le estaba hablando a ella. Soy maleducada, sé que estoy hablando con ustedes, fue descortés de mi parte hablar en voz baja como si hablara conmigo misma, si sonrío nerviosa, no estoy loca, es ella quien sonríe. Si me ven mordiéndome las uñas, es ella tramando algo, dándole vueltas y vueltas a una situación sin remedio, ¡porque ella me ha puesto en varias situaciones desagradables sin remedio!, ¿saben? No sólo arruina mis uñas o me deja cicatrices en la cara o me causa moretones en el cuerpo, además me grita y me dice “torpe, fíjate”, sino que también estropea mis relaciones sentimentales.

No, la verdad no quiero hablar sobre ese tema y, créanme, ustedes tampoco quieren saber, sólo imaginen que ella me ha convertido, ante los ojos de mis amantes y de otras personas, en una rémora, en una fruta podrida, en un caracol que se retuerce por la pizca de sal que un mocoso le arrojó.

¿Ven?, no quieren saberlo, se los dije, dejen de mirarme con esa expresión de asco, ya les dije que no fui yo, fue ella, yo soy un ser de amor, de ternura, y ella es una perra maldita; disculpen, quise decir una mujer mala.

Ramona, no te retractes, diles que soy una perra maldita, diles que no sólo disfruto de beber leche directo de la botella, o que no sólo me emborrachó hasta chocar con las paredes, diles que me gusta decir mentiras, que me gusta besar a tus chicos y que, a veces, lanzo miradas rudas a los niños maleducados, tan rudas que los hago llorar.

¡Que no susurres, es de mala educación, no les voy a decir lo que tú me digas, cállate, aprende que cuando hablo yo, tú debes mantenerte callada, suficiente tengo con dejarte hablar a través de mis mascotas y de mis muñecas! (Sonríe apenada y continúa hablando.)

Una vez más les pido una disculpa, ¿qué les estaba contando?… ¡Ah!, sí, que La Otra es una perra maldita que bebe leche directo de la botella, se emborracha hasta chocar con paredes, dice mentiras, besa a mis chicos y lanza miradas rudas a los niños maleducados, tan rudas que los hace llorar.

Una tarde, hace ya algunas lunas, me hizo estallar en llanto, me salían tantas lágrimas que llené un recipiente, creí que ella iba a salir de él en forma de sirena, de sirena pelirroja claro, porque al amor de mi vida le gustaban las pelirrojas, y ─aunque La Otra es como pecas al sol─ lo alejó de mí con sus apariciones, pero esa es otra historia…historia para otra sesión.

Les estaba contando de la vez que quiso manifestarse como sirena, ¿qué pasó?, pues que salí huyendo de mi casa en mi bicicleta, pedaleé hasta el anochecer, volví a casa, menos asustada y más valiente, y La Otra ya no estaba en el recipiente, pero tampoco estaban las lágrimas. Esa noche, a pesar del susto, dormí bien.

(Baja la voz, como si llegara a la parte importante de una historia de terror contada en un campamento, frente a una fogata.)

Pero las siguientes noches se manifestaba en mis sueños como novia plantada en el altar, como novia infiel descubierta, como celadora de una cárcel o como enfermera de un hospital psiquiátrico, ustedes saben a lo que me refiero.

¿Que si estoy insinuando que fue ella quien se tomó el frasco de Rivotril? No lo sé, seguramente sí, todos sabemos que eso no mata a nadie, ¿o sí? Ella no es muy lista. Aunque, a veces, La Otra siente mucha rabia y pega, oh, sí que pega, su especialidad son golpes con palabras y cómo duelen, te dice cosas horribles que te hacen odiarte a ti y a la humanidad.

No recuerdo nada de lo que me están preguntando, no le grité a la vecina, no insulté a mi mamá, ¡claro que no ponché ese balón ni intenté matar a un automovilista!, ¡mucho me pasé un alto con la intención de que me atropellaran!

(Entra un hombre con una pequeña bandeja ofreciendo pastillas de colores, Ramona ignora su presencia y sigue contando su historia.)

Pero, ¡¿quién creen que soy?! ¿Qué les han dicho de mí? No, no gracias, señor, no me apetecen sus dulces. Ok, no quise ser descortés, tomaré sólo uno ¿dos?, ok, dos. Gracias, qué amable.

Oh, con que quieren que les siga contando de La Otra, ¿de qué se alimenta?, de mis sueños, ¡es verdad!, se come mis sueños y mis ganas de vivir. A veces las migajas de pan o las sobras de mi corazón. Así es, pronto no tendré nada en mi corazón y supongo que tendré que morir y sólo así ella estaría contenta, porque nunca está feliz, tiene un carácter difícil. A veces llora, a veces está furiosa, otras veces no me deja levantar de la cama… Es tan difícil verla crecer, siempre tan confundida, tan insatisfecha. ¿Desde cuándo crece dentro de mí?, no lo tengo muy claro, pero la cuento conmigo desde los seis años.

Mamá Elba y yo fuimos a visitar a la abuela Lena, donde había muchos animales, tenía un establo y una milpa, en ésta estaba parado, siempre triste, un espantapájaros, como el de Dorita. ¿Recuerdan a Dorita?, Mmmta… ustedes no leen mucho, ¿verdad?, si me lo permiten la próxima vez que los vea les leeré cuentos, claro, es un trato.

Como les decía… Mientras ellas conversaban yo estaba en el suelo dibujando. A mamá no le gustaban mis dibujos, pero a mí me parecían bonitos; le preguntaré dónde los guardó… Eran a lápiz, sin color, sólo trazaba rayas y más rayas hasta crear monstruos o vírgenes con la cara deformada.

En fin, me aburrí de dibujar y subí a jugar a la azotea de la casa de la abuela, lo demás no lo recuerdo, pero Mamá Elba cuenta que en la azotea había gallinas, ¿por qué había gallinas en la azotea?, yo qué sé, pregúntenle a la abuela. Aunque tendrán que preguntarle cuando lleguen al cielo porque ella ya no está con nosotros.

(Se persigna.)

¡No se pierdan en detalles insignificantes!, una de éstas gallinas cayó muerta frente a la puerta. Mamá salió muy molesta y me preguntó: “¿pateaste a la gallina?”, dice que lo negué. Insistió: “¿si no fuiste tú, entonces quién?”, y respondí: “fue La Otra”. Me castigaron por algo que yo ni siquiera recuerdo haber hecho.

Por otra parte, mi tío cuenta que rompí el parabrisas de su auto con una canica grande. Tampoco lo recuerdo, también me castigaron. Tuve que trabajar en su tienda hasta pagar los daños. Claro, me acusaron de robarme las golosinas de la tienda, lo extraño es que mis dientes no tenían indicios de dulces, pero mis dedos siempre tenían chocolate.

La Otra comenzaba a extenderse dentro de mí, despacio, día con día, hasta que comenzó a invadirme como una sombra, oscureciendo los días. Ya era tan grande que se la tuve que presentar a un adulto, él no se asustó, supongo que porque La Otra no quiso salir a encararlo como se lo pedí amablemente, ella me hace caso cuando quiere, es un fastidio. El adulto me recetó pastillas de la felicidad, La Otra dejó de oscurecerme el cielo, pero no de existir, era fuerte.

Tú sólo cuentas lo malo de mí, pero, ¿por qué no les dices que te he alejado de las personas para que no te lastimen?, ¿por qué no les cuentas que te he ayudado a construir un corazón más fuerte? ¿A poco no te gusta más estar sólo conmigo que con toda esta gente?, te están escuchando porque tienen que hacerlo, no porque aman escucharte como yo. Vámonos, vámonos a hablar a solas, como debe ser siempre. Solas tú y yo.

(Se levanta de su silla, arrastra el vestido blanco amarillento, le queda grande, como grande le queda el mundo, y dirige sus últimas palabras del día a sus compañeros de esta etapa de su vida.)

Bueno, amigos, fue un placer charlar con ustedes, pero, aunque nadie me espera en casa, es hora de irme. Buenas noches.

(Ramona Guzmán, paciente número 8629, se aleja del grupo de terapia. Se le suministró una dosis de Olanzapina y una de Aripiprazol. Se dirige a su área de descanso y los demás pacientes se quejan porque les parece que tiene muchas consideraciones en el hospital, aún faltaba una hora para dar por terminada la sesión.)

 

 

Segunda parte

Stop those voices in your head,
they eat away your will,
you’ve everything you need…
“Girls Talk”, Shirley Manson y Brody Dalle

 

A Ramona le gusta la costura, la dejan coser en el hospital. Llegó ahí porque “era peligrosa para sí misma”, aseguró su doctor, sin embargo, la dejan tener agujas, hilos, telas y tijeras. Su especialidad es hacer almohadas, corta la tela, la cose y la personaliza, así sus amigos han tenido almohadas de leones, gatos, arlequines y patos.

Lleva tres meses en el hospital, a veces está lúcida, sabe dónde está y qué hace ahí; otras veces asegura que hay alguien más viviendo a través de ella. La Otra desafía a los doctores, avienta el medicamento y es grosera con los demás pacientes.

Es un lugar para personas con problemas mentales leves, son peligrosos sólo para sí mismos, no para los demás, la mayoría de las veces. Sólo son observados y se trabaja en su mejoría. Contrario a lo que se piensa de estos lugares, éste cuenta con las condiciones sanitarias y con personal calificado para el bienestar y mejora de los internos.

Se pretende reinsertarlas en la sociedad. Ramona, por ejemplo, podría salir y desempeñarse como una buena periodista, una gran editora o, ¿por qué no?, una agente literaria. Pero ella aún no lo sabe, no confía en que puede someter a La Otra, quien sólo quiere ir por la vida navegando sin bandera, sin objetivos claros.

Ramona quiere viajar y conocer el mundo. La Otra prefiere dormir y desalentarla cada vez que puede: “no podrás juntar el dinero necesario para viajar”; “no sabes planear tu viaje, mucho menos una vida”; “te va a comer completita el mundo poco a poco hasta ser nada”. A veces Ramona se revela y le demuestra a La Otra que sabe ahorrar, que puede buscar maneras de ganar más dinero, que sueña, pero La Otra y las situaciones diarias la detienen y Ramona, Ramoncita, Ratoncita se hace chiquitita.

Ramona nunca ha ganado un concurso. Nunca ha ganado un diploma. Nunca la ha elegido un hombre, mucho menos ha recibido un beso de buenas noches. Nunca ganó en las rifas, tampoco ganaba viajes. En los intercambios de Navidad siempre le tocaba la persona que más le desagradaba. Nunca terminó de llenar un álbum de estampas Panini, ni de colorear el libro gordo de los Looney Tunes, mujer a medias al fin y al cabo.

Cuando era bebé, Mamá Elba la abrazaba poco porque tenía miedo de romper a tan pequeña ratita y, ya de adulta, papá no la abraza, quizá lo ha decepcionado al no ser la señorita que esperaba. Es por ello, quizá, que si alguien se acerca a abrazarla o besarla ella piensa: “aléjate, persona”, a veces la persona se aleja, otras veces la abraza hasta tronarle los huesos.

Alguna vez conoció a un hombre que solía morderla y ella se enojaba tanto que le pedía a La Otra que la defendiera. Entonces pegaba, arañaba, “se iba a las mordidas”, como tortuga salvaje, pero con forma de quoka inofensiva. Sólo le gusta que la abracen en su cumpleaños y, desde los seis años, al terminar ese día, hace una lista de los regalos que recibió y de quien se los dio. Hay 23 listas guardadas en una caja de madera pintada de rosa por ella misma.

 

 

Tercera parte

There is a train coming,
there ain’t much to pack,
I’m leaving this tonight and I’m never coming back,
I’m alone in this world.
“All alone”, Nick 13

 

Es miércoles, su doctor debate con los directivos del hospital si Ramona debe reinsertarse a su vida en el exterior cuanto antes. El doctor la encuentra “rehabilitada”. Los directores firman la hoja de reinserción en la sociedad con la cláusula: “no nos hacemos responsables de cualquier eventualidad que surja con la ex paciente al salir del hospital”.

“Rehabilitada” quería decir que La Otra se había ido, que la creatividad de Ramona había vuelto y que tenía objetivos a corto y largo plazo, como titularse y viajar. En cuanto supo que la dejarían salir confeccionó dos almohadas para sus compañeras más cercanas, para recordarles que todas van a salir de ahí, sólo debían aprender a mentir bien y a creerse sus mentiras.

Un domingo a las 12 del día, con el sol emocionado por verla, Ramona salió a la realidad. Sus padres la esperaban con el Señor Caputo, el perro. Ella subió al coche como si nada, diciéndoles sólo “hola”. Sus padres insistían en que se fuera a vivir con ellos, pero Ramona se negó, ella quería volver a su departamento, del que había pagado la renta adelantada cuando entró al hospital psiquiátrico. A Mamá Elba no le quedó más remedio que respetar su decisión y llevarla a su casa, la cual olía a reconocimiento y a dolor, pero a dolor pasado.

Ramona ya no tomaba medicamentos, investigó mientras estuvo en el hospital métodos “alternativos” para su enfermedad, le prometió al doctor, pero sobre todo se prometió a sí misma, hacer ejercicio todos los días y tener una dieta adecuada. Durante un mes no supo nada de La Otra, sin ella iba contenta a trabajar a una editorial como correctora de estilo. Se concentraba en cosas importantes y andaba regando su simpatía entre las personas.

Se había comprado unos zapatos con tacón y volvía a casa del trabajo muy cansada; afortunadamente la florería cercana aún no cerraba y se detuvo por un ramo de flores de colores diversos. Le gustaba llegar a casa y que ésta oliera a jóvenes enamorados.

Se cambió de ropa y salió con la idea de comprar un vino, durante el camino se convenció de que una cerveza se le antojaba más, así que compró seis y volvió al departamento. Bebió una, todo bien, bailaba “Nova Baby” de los Black Keys. Con la segunda y la tercera cerveza cantaba. Bebió cuatro y ya estaba hablando con La Otra: “…Lo cierto es que engañé a todos, no estoy bien, me siento tan sola, “tan solaaa-á-á-á-á-á-á-á que el sol se esconde para no ver mi dolor”. Estalló en risas cuando La Otra le dijo: “¡¿Cómo no vas a estar sola si te sabes esa canción de Gloria Trevi?!”

“Oye, ¿estás loca porque estás sola o estás sola porque estás loca?”, le preguntó La Otra. Ambas rieron. De repente se detenían a cantar. Bebieron cinco y Ramona le dijo a La Otra: “sobreviviré de la mejor manera, me aceptaré y estaré cómoda conmigo misma”.

“No, muñeca, no. No vas a sobrevivir”, le dijo La Otra. El ambiente festivo terminó.

Comenzó a sentir el vacío. Cayó en un gran hoyo del bosque más lejano y oscuro como una nueva versión de Alicia en el País de las Maravillas. Ramona en el País de las Sombras.

Sentía la imperiosa necesidad de hablar con alguien, pero no sabía con quién, no había Conejo Blanco. Estaba sola en un planeta azul que se azotaba contra el sol y sudaba. Bebió de fondo la última cerveza. Le costaba trabajo respirar, por lo que abría la boca desesperada como un pez grotesco muriendo lentamente.

“Estás sola, más sola que nadie en este mundo. Repítelo, y cree en ello porque es verdad”.

ESTOY SOLA. ESTOY SOLA, MÁS QUE NADIE EN ESTE MUNDO”, gritaba.

“Nadie me quiere. Nadie tiene tiempo para mí porque soy una decepción, porque contamino corazones y traiciono”, lloraba casi ahogándose con sus propias lágrimas.

La Otra le rasguñaba la espalda, las piernas y el estómago. Forcejearon y rompieron el único espejo de la casa, Ramona alcanzó a ver su imagen distorsionada y se asustó.

La Otra trataba de asfixiarla, sentía esos largos y fuertes brazos presionando la almohada sobre su cara. “Me abandonaste, me dejaste en el vacío y tuve que ir por ti, traerte, quiero que te sientas tan sola como yo me sentí cuando intentaste deshacerte de mí”, le decía esa Otra, esa sombra larga, negra, fuerte y furiosa.

“Soy tu miedo comiéndote, ya no puedes ver tu rostro. No puedes ver nada más que a mí: la oscuridad”.

Ramona forcejeó con la sombra, pateaba a la nada con su todo, trataba de gritar, pero no podía, más bien no se escuchaba, pudo liberarse después de tantos manotazos, pensamientos fuertes, lágrimas y un trozo de espejo. Prendió la luz, sangraba de las muñecas, se dirigió a la cocina y dejó escapar el gas de la estufa.

La Otra atrapó sus piernas y la jaló, Ramona tuvo oportunidad de tomar una galleta de la barra de la cocina, pensó: si soy como Alicia, creceré o empequeñeceré como ella y podré huir. Le dio una mordida a la galleta con textura mohosa y sabor a tierra, y sintió modificarse como plastilina en las manos de una niña. Se acercaba con dificultad a las puertas para cerrarlas bien y no dejar escapar ni un poco de gas, mientras que La Otra-Niña se empeñaba en amasar violentamente la plastilina viviente.

Una vez cerradas todas las puertas, Ramona quiso enfrentar por última vez a su gemela, ¿o era vez primera?, y se lanzó sobre ella: “no volverás a vivir en mí, busca tu lugar en la nada, donde ya no pertenezco. Me gusta lo que soy y me asumo hasta con lo que tú hiciste. Te perdono, pero vete. Aquí no puedes estar”, y por primera vez vio a La Otra a los ojos, retándola.

¿Han visto una sombra marchitarse?, pues La Otra se fue marchitando poco a poco, de negro a gris, de gris a luz. Estaba amaneciendo.

Ramona abrió los ojos en un frío cuarto de hospital, donde estaba por intento de suicidio, otra vez. Fue La Otra la que intentó suicidarse. ¿Quién estaba viva ahora?

 

 

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Fotografía de Richard Keis

 

 

 

 

 

Para citar este texto:

Ocaranza Ordóñez, Denise Elizabeth . “Ramona en el país de las sombras” en Revista Sinfín, no. 18, julio-agosto, México, 2016, 69-76pp. ISSN: 2395-9428: http://www.revistasinfin.com/revista/

 

 

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