Veneno

Por Gerardo Ugalde

 

Todos me habían dicho que tuviera miedo. Que el mundo es cruel y malvado, que saldría mal, herido, ofendido, asqueado. Poco a poco me vi sugestionado, la paranoia que sentía al relacionarme con las personas me llevaba a una bipolaridad. Aprendí a fingir para que los demás nunca descubrieran mi verdadero yo. Observaba películas y leía libros donde robaba el carácter de los protagonistas formando así un estereotipo que lograra confundir al mundo entero. Al principio funcionó, los demás creían que yo estaba loco, que no provenía de este mundo, pero poco a poco me fui derrumbando. Convertí mi vida en un infierno, me sentía cada vez mas ansioso y anormal, sólo podía estar triste o eufórico nunca en un punto medio, no conocía la estabilidad mental.

Mentía, mentía y mentía, única manera de sobrellevar lo que yo era, de no matar a alguien, de no matarme a mí mismo, de no explotar de inmediato sino de apagarme lentamente.

Pero los héroes que tanto idolatraba nunca existieron en verdad, a cambio seres humanos mortales y corruptos llenos de comentarios insulsos que se alegraban de ver como todo se desmoronaba me acompañaban. Y yo no era muy diferente de ellos.

No.

No lo era, pero tenía miedo de que la gente se diera cuenta de eso. Que yo era mortal al igual que ellos, que sangraba con sus filosas lenguas y sus miradas acusadoras podían penetrar mi piel. No quería darles esa satisfacción. Pero era débil, algunos empezaban a notarlo, debía fingir mas, volverme más desquiciado, empecé a beber y fumar marihuana en espera de que eso me afectara. Más no lo lograba, me volví más lúcido y menos nervioso. Cuando entablaba alguna conversación podía visualizar sus bocas y podía percibir las mentiras que salían de ellas. Me divertía mucho más, ahora el sexo ya no era una de esas preocupaciones pesadas, el deseo se había acabado, aun tenía bastantes erecciones, pero había control.

Ya nada importaba, era fácil, habría un modo de escapar de la situación. Era tácito no desesperarse, calmar toda frustración y mantener los ojos abiertos a cualquier grieta donde liberar el espíritu.

***

Corre, corre, corre libérate y deja de sentir lástima por él, por ti, por ella, lárgate rápidamente, antes de que se den cuenta que tú fuiste quien los asesinó. Huye y no temas volver, olvida tu alma, sólo te ha traído problemas.

Pide un taxi, roba un auto, monta un elefante, no son importantes los medios, tan solo intenta huir, piérdete para siempre en la inmensidad del asfalto; ten cuidado, se puede salir de control. No olvides algo de dinero, es muy útil en estos tiempos, deja de pensar, actúa rápidamente y no hagas nada estúpido. Recoge sólo lo necesario, no quieras comprender lo que acabas de hacer.

Ahora.

Lárgate.

No mires atrás.

Que el tono sepia de la fotografía no te afecte, vamos, más deprisa, que acaso no sientes la presión, la soga que puede ser utilizada para tu ejecución se percibe más apretada. El verdugo está impaciente, quiere retirar ya tu cadáver, los cerdos necesitan ser alimentados…

***

Mierda, todo fue por querer incrementar la locura, dejar de experimentar la sensación de realidad; fumabas más hierba, bebías todos los días, no dormías lo adecuado, empezabas a mostrar un lado tuyo, te encontrabas fuera de control, control, control. Y ahora que estás perdido, no conoces los alrededores (tampoco a ti mismo), babeas y sudas como un gordo que observa un pollo rostizado a través de un cristal.

Tus manos están temblando, tienes frío, debiste ser más cuidadoso ¿Por qué un mapa de Los Ángeles? Estás en México, ten cuidado con la policía ya que tienes aspecto de loco, y eso les encanta a ellos, pueden oler la demencia a kilómetros.

No me dejes Virgen María, sé que a menudo te desnudo, pero ten compasión de mí, únicamente soy un ser humano estúpido como los demás.

Deja de leer publicidad.

No dejes que el calor te reviente, detente en un tugurio si es necesario ¡No! Recuerda que tienes una licorera, está en el bolsillo de tu chamarra, pero no te detengas sigue corriendo.

Detente por un momento.

Recapitula.

Y deja de pensar en el futuro.

Respira, no olvides respirar, no…

***

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Fotografía de Richard Keis

Todo empezó cuando era más joven, no calculaba el error, ni siquiera sabía que existiera. No tenía miedo de ser raro, de estar loco, me fascinaba la idea de causar desesperación y angustia, caos y horror. Pero eso era un simple sueño. Algo que hacer durante los comerciales, la televisión había convertido en mono-pensadores a una nueva generación. Con estabilidad emocional, colores controlados, más atractivo, el mundo de la televisión a veces evoluciona más rápidoque el pensamiento. Y la computadora, esa dulce tentación que promete dar memoria, velocidad, un nuevo mundo con su internet que te conecta inmediatamente a cualquier parte de la tierra, pornografía, desinformación, decapitaciones, plasticidad, cualquiera que sea su propósito primario, éste es desconocido por mis iguales. Estaba sumido por una depresión que no me dejaba apreciar el destello de la luna por las noches de olor a tierra húmeda, no podía más con esa losa que llevaba sobre el lomo, quería morir pero la cobardía me impedía tomar las pastillas, escuchaba las risas y sentía la felicidad eterna, y de nuevo la cobardía me ataba a ese poste, que si hubiera sido el de mi orgullo hubiera sido fácil de derribar, pero no…

***

Despiertas en un féretro, no hay nadie en tu funeral. Te largas de la capilla, en la entrada hay un Cristo sin corona, sin lágrimas y sin clavos en las muñecas. El sol es violáceo, violento, vivo, muy vivo. Caes en cuenta que lo que observas es real. Las moscas te rodean.

¿A qué muerto no le pasa eso?

***

 Y Dios nos hizo a su semejanza, porque en el cielo no existen los espejos. Así que no me preocupo de ser tan feo, en mí hay un poco de Dios.

¿Y quién diseñó a los cerdos, las armas, el odio, el amor, la marihuana, el licor, la lujuria, los zapatos, las tiras cómicas, los senos, la resaca, la literatura, el cáncer, el punto sobre la i, a William Blake, a Jack Kerouac, a Hank Chinaski, el ombligo, el vómito, el libre albedrío, a Dante, el latín, a los Beatles, el etcétera?

Dios un día entró a un burdel llamado el “Sol naciente”, Leadbelly, Burdon y un flaquito llamado Zimmerman cantaban a capela. Había niñas por todos lados, todas ellas eran extremadamente bellas, la música no paraba; al igual que las caderas de ellas.

 Dios pecó esa noche. Al día siguiente había nacido el hombre. Decepcionado por ser un hipócrita creó el árbol del conocimiento; no basto, dejo caer un diluvio; fue en vano, dos guerras mundiales; no murieron los suficientes, siento ser tan cruel, pero Dios tu sabes a lo que me refiero.

 Escúchame Dios, no es a ti a quien odio, sino a mi hermano el hombre.

¿Las mujeres? Bueno, ahí no puedo quejarme.

Eso es todo lo que tengo que decir, en esta hora que ha llegado tan tarde.

 El veneno que hay en tu sangre llega a tu cerebro, y crees sentir el dolor de Cristo crucificado, tan sólo por ser víctima de unas cuantas humillaciones. No intentes ser libre, las cadenas es lo único que tienes seguro, y yo estoy aquí en tu lugar exhortando a la muerte, con miedo al día por la noche. Sus nubes rojas me causan insomnio y me hacen llorar, olvidando que necesito respirar.

Éste es el final.

 

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