Colonialidad del poder

Por Alicia Bailón Bravo

 

 

¿Desde cuándo los pueblos indígenas de América dejaron de ser constructores de historias y se convirtieron en objetos de estudio? Ésta, y muchas otras preguntas sólo pueden explicarse a partir del debate latinoamericano que surge con el Grupo de Investigación Modernidad/colonialidad. Este grupo de intelectuales latinoamericanos propone una nueva perspectiva de análisis denominada Modernidad/colonialidad. El término colonialidad es la categoría de análisis de esta propuesta teórica latinoamericana, a través de la cual busca revelar cómo es que se han desarrollado y mantenido los procesos de dominación que Europa ha ejercido en los pueblos sometidos por medio de la colonización.

El punto de partida del debate latinoamericano está representado por el filósofo argentino Enrique Dussel quien hace una crítica al eurocentrismo; visión en la que los valores culturales y sociales de Europa constituyen patrones o modelos universales aplicables para el resto de las culturas.

La crítica al eurocentrismo es un elemento muy importante de las teorías poscoloniales, en este caso, de las que surgen en América Latina.

Dussel afirma que fue esta visión eurocéntrica la que dio origen al mito de la modernidad, es decir, una perspectiva en la que “Europa posee cualidades internas únicas que le permitieron desarrollar la racionalidad científico-técnica, lo cual explica la superioridad de su cultura sobre todas las demás” (Castro-Gómez, 2005: 45-46). Según esta perspectiva, la modernidad es un producto de Europa, ya que fue en ese continente donde se gestó el Renacimiento italiano, la Reforma protestante, la Ilustración y la Revolución científica. 9566905925_c170ad1a0d_h

Sin embargo, Dussel propone otra perspectiva de la modernidad, una visión crítica que trastoca el mito de la modernidad. Dussel retoma el concepto de sistema-mundo de Wallerstein y afirma que la modernidad es la consecuencia directa del descubrimiento de América. Es decir, que “la modernidad no es un fenómeno europeo sino mundial que posee una fecha exacta de nacimiento: 12 de octubre de 1492″ (Castro-Gómez, 2005: 45-46).

Para Dussel esta segunda visión de la modernidad es la otra cara de la modernidad,  la que legitimó la dominación de los pueblos aborígenes de América, y justificó la violencia en contra de éstos, apoyándose en una supuesta superioridad moral. Esta supuesta superioridad moral se tradujo en una misión civilizatoria que consistía en llevar la luz de la razón y del progreso a los pueblos bárbaros e incivilizados.

Para explicar más a fondo la otra cara de la modernidad es pertinente utilizar el término colonialidad del poder, propuesto por Aníbal Quijano.

La colonialidad del poder refiere al sistema de dominio que se construye a partir de un patrón de poder que se establece sobre las culturas indígenas de América sometidas por los colonizadores europeos.

Quijano menciona que este patrón de poder configurado se sustenta en dos ejes interdependientes entre sí. El primer eje hace referencia a la clasificación social de la población sobre la idea de raza. Es decir, en la supuesta superioridad biológica o fenotípica que da cuenta de las diferencias raciales entre conquistadores y conquistados. Estas supuestas diferencias fenotípicas son un elemento que legitima la dominación que los europeos ejercieron sobre las poblaciones sometidas y dieron como resultado nuevas identidades históricas que no existían antes de la conquista. Es decir, no existía el negro, el indio, el mestizo, ni el europeo como identidades históricas antes de la colonia, en cambio, fue a partir del surgimiento de éstas que se les asoció a jerarquías, lugares y roles sociales correspondientes.

El segundo eje se refiere a la organización de “todas las formas de control y explotación del trabajo y de control de la producción-apropiación-distribución de productos, fueron articuladas alrededor de la relación capital-salario (en adelante capital) y del mercado mundial” (Quijano, 2000: 204).

Las nuevas identidades históricas que fueron asociadas a jerarquizaciones, lugares y roles sociales dieron como resultado la división racial del trabajo. Dicho en otras palabras, el color de la piel fue el elemento que determinó la labor que debía desempeñar cada sujeto. Los negros fueron concebidos como una raza inferior, como un objeto que a lo único que podía aspirar era a la esclavitud. Los indios fueron reducidos a una condición de sirvientes, después de que se prohibiera su esclavitud; los mestizos podían realizar algunos oficios y, solamente los blancos podían aspirar a un salario, debido su “superioridad racial” eran los únicos dignos de recibir una retribución por su trabajo. Este patrón de poder global del trabajo trajo como consecuencia el surgimiento de un nuevo sistema económico que ha permanecido hasta nuestros días: el capitalismo. El capitalismo surge entonces como un sistema económico a partir del colonialismo y no se explica, sino es a través de éste.

Estos dos ejes son imposibles de comprender el uno sin el otro y refuerzan el patrón de poder del que al mismo tiempo se derivan. La idea de raza y la división racial del trabajo consolidan el sistema de dominio que se construye a partir de un patrón de poder configurado.

La primera característica de la colonialidad del poder es que no necesariamente tiene que existir una dominación y un sometimiento militar que utilice la violencia como medo de coerción. La dominación también puede darse de un modo más sutil y aparentemente inofensivo, por ejemplo, se puede mencionar la evangelización o la imposición de la lengua de los colonizadores:

“La colonialidad del poder hace referencia a la manera como la dominación española intentó eliminar las ‘muchas de conocer’ propias de las poblaciones nativas y sustituirlas por otras nuevas que sirvieran los propósitos civilizadores del régimen colonial; apunta entonces hacia la violencia epistémica ejercida por la modernidad primera sobre otras formas de producir conocimientos, imágenes, símbolos y modos de significación”  (Castro-Gómez, 2005: 60).

La segunda característica de la colonialidad del poder es que la cultura europea de convirtió en un mito aspiracional, es decir, se transformó en una seducción, ya que daba el acceso al poder. En palabras de Quijano “La europeización cultural se convirtió en una aspiración. Era un modo de participar en el poder colonial” (Castro-Gómez cita a Quijano, 2005: 60).

La tercera característica de este patrón de poder es que el único modo de conocer y reproducir ese conocimiento debía hacerse a través de procedimientos científicos. La ciencia se convirtió entonces, en la única manera de conocer el mundo, de producir el conocimiento y de legitimarlo. Esto provocó que otras formas de conocimiento fueran vistas como algo que pertenecía al pasado, como magia o superstición, que obstaculizaba el camino hacia la verdad universal.

Estas tres características de la colonialidad del poder, constituyen la colonialidad del saber, otra forma de dominación pero ahora epistémica. Las culturas dominadas aprendieron la lengua, la escritura y el modo de ver el mundo de los colonizadores, teniendo en muchos casos, que avergonzarse de sus propias manifestaciones culturales y artísticas. Las poblaciones aborígenes se vieron obligadas a renunciar a su propia subjetividad y a sus patrones de expresión estética. Los colonizados no pudieron practicar libremente la concepción que tenían acerca de lo sagrado y, si lo llegaban a realizar era únicamente de forma clandestina.

En palabras de Edgardo Lander:

“La conquista ibérica del continente americano es el momento fundante de los procesos que articuladamente conforman la historia posterior: la modernidad y la organización colonial del mundo. Con el inicio del colonialismo en América comienza no sólo la organización colonial del mundo –sino simultáneamente la constitución colonial de los saberes, de los lenguajes, de la memoria y del imaginario” (Lander, 2000: 16).

¿Desde cuándo los pueblos indígenas de América dejaron de ser constructores de historias y se convirtieron en objetos de estudio? Desde que Europa impuso un sistema de dominio que desconocía los saberes de las poblaciones indígenas de lo que hoy es América Latina, desde que se cerró la posibilidad de “asomarse de un modo distinto a las cosas humanas y divinas” propias de las culturas que tenían ya, una filosofía y una forma de conocer y aprehender su mundo.*

9569700170_4825bc2067_b

Bibliografía
Castro-Gómez, S. (2005) La poscolonialidad explicada a los niños, Colombia, Universidad del Cuaca.
Quijano, A. (2000) “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en: Lander, E. La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, CLACSO.  
Lander, E. (2000) “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntricos”, en Lander, E. La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, CLACSO.
*Video “Cuando muere una lengua”. Basado en el poema “Cuando Muere una Lengua” de Miguel León Portilla. Lengua: Náhuatl de la Huasteca de Hidalgo.Disponible en: http://holacombo.com/196990/68-voces

Haganos saber su opinión

Deje un comentario

Por favor realiza la siguiente operación: *