El colonialismo como práctica institucionalizada de la violencia

Por Alicia Bailón Bravo

 

El colonialismo moderno es una historia que comienza hace más de quinientos años. El colonialismo es discurso y praxis, en el que están involucrados dos grupos de actores, los colonizadores y los colonizados, sin embargo, en la Historia autorizada, la voz de los colonizadores es la que siempre ha tenido más peso. La versión del hombre blanco es la que ha sido preponderante en la Historia Universal.

Para entender este proceso histórico, primeramente, habría que definir el concepto de colonialismo. Ana María Gentili define el colonialismo como “la doctrina y la práctica institucional y política de la colonización”. Esto quiere decir que la colonización se implantó como un sistema de dominio político, económico, cultural e ideológico; que fue instaurado por las potencias imperialistas que buscaban expandirse territorialmente en la conquista de nuevas colonias. (Gentili, 1998 p. 239).

El colonialismo es la representación de la fuerza y la supremacía militar, económica y tecnológica de los países imperialistas europeos sobre los territorios conquistados y posteriormente, colonizados. El colonialismo es también, la estructuración de un sistema de dominio que crea instituciones que permiten mantener el control sobre el territorio y la población de un pueblo por un largo periodo de tiempo.

Cabe mencionar que el colonialismo se dio en dos fases, la primera hizo su aparición a partir del siglo XVI, y comenzó con los descubrimientos a ultramar realizados por España y Portugal. Esta primera fase dio comienzo a partir de las exploraciones marítimas que Portugal realizó con el propósito de encontrar una nueva ruta comercial hacia las Indias, sin la intermediación de los comerciantes italianos y árabes. Estas exploraciones trajeron como consecuencia la ruptura del orden establecido por el régimen feudal, inauguraron un nuevo sistema económico conocido como mercantilismo e hicieron posible el descubrimiento de un nuevo continente. A esto es lo que Marx denominó la acumulación originaria de capital, es decir, el punto partida o el origen del régimen capitalista de producción, como sistema económico hegemónico.

Posteriormente, con el descubrimiento de América, las grandes potencias de ese momento, se “reparten” el territorio de lo que hoy conocemos como América Latina. España se queda prácticamente con la totalidad del territorio de América y Portugal con Brasil.

Para los dominadores la colonización significó una fuente inagotable de riqueza proveniente de las minas y de las plantaciones, un arca abierta de la que se extraía infinidad de materias primas que posibilitaron las exportaciones a gran escala hacia la metrópoli. En cambio, para los colonizados significó la destrucción y aniquilación de sociedades enteras desde el punto de vista biológico, político, cultural y espiritual.

La segunda fase se dio a partir del siglo XVIII y se extendió hasta finales del siglo XIX, estuvo caracterizada por la expansión de grandes potencias como Holanda, Francia e Inglaterra.

Una característica de esta época fue la acumulación de riqueza en Europa y, particularmente de Inglaterra, matriz en donde se gestó la llamada Revolución Industrial, que debido a la superioridad marítima y comercial, así como a una organización estatal más eficiente y sistematizada, a diferencia de otros países europeos, este país logró consolidarse como una potencia hegemónica líder. Esto propició que Inglaterra llegará a ser uno de los países más fuertes y que impusiera un monopolio comercial, económico y colonial a nivel internacional y que lograra extender su dominio a la India, Australia, Sudáfrica y al África occidental.

Eso no quiere decir, que las otras potencias europeas se quedaran atrás, Francia, Italia, Holanda y, en menor escala, España y Portugal también se lanzaron a la búsqueda de territorios ricos en materias primas, que les permitieron extender su dominio colonial.

Es a partir de esta fase que el comercio se intensifica, los centros industriales de las potencias europeas expolian las materias primas y los productos provenientes de las minas de los territorios colonizados, necesarios para el abastecimiento de dichos centros.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX “el colonialismo se convierte en el método de organización de producción basado en la explotación de una fuerza de trabajo privada de derechos políticos y sociales en el ámbito del estado colonial, y de conquista de mercados monopolistas tanto para los productos industriales europeos como para las inversiones de capital” (Gentili, 1998, p. 241).

La implantación del colonialismo, no sólo como doctrina sino más bien, como práctica institucionalizada de dominación y sometimiento, fue lo que permitió el desarrollo del sistema económico capitalista a gran escala; el colonialismo sentó las bases para el establecimiento de doctrinas, instituciones y estructuras económicas y administrativas que permitieron el funcionamiento de esta forma de dominio hegemónico. Es por ello, que las potencias europeas ven al colonialismo como una “necesidad histórica”, ya que fue este sistema de explotación, lo que permitió el auge y la consolidación del capitalismo.

Hasta aquí se han mencionado, a grandes rasgos, los procesos históricos y económicos que originaron la aplicación del sistema colonialista, y como éste, se relaciona estrechamente con la expansión del capitalismo, sin embargo, es necesario conocer las consecuencias y las repercusiones que tuvo el colonialismo en los territorios y en las sociedades dominadas.

Para ello, es necesario hablar de los precursores de las teorías poscoloniales y hacer un breve recorrido por el pensamiento de estos hombres. El primero de ellos es Aimé Césaire, poeta y político martiniqués, nacido en 1913. Cabe mencionar que Martinica fue una colonia de Francia hasta 1946, y se convirtió en un Departamento Ultramarino de Francia.

Césaire luchó por la departamentalización de Martinica, es decir, por la igualdad de derechos políticos y sociales de los habitantes de la isla. La lucha por departamentalización fue la búsqueda de la igualdad y el reencuentro con la identidad negra hasta entonces no reconocida por el hombre blanco. En 1950, se publica Discurso sobre el colonialismo; “Césaire nos ofrece una vía para analizar las relaciones entre colonialismo, comunismo y negritud” (Wallerstein, 2009, p. 11). Pero quizá, uno de los puntos más sobresalientes, de esta obra es que Césaire expone los efectos que causa el colonialismo, no sobre los colonizados, sino sobre los colonizadores.

El Discurso sobre el colonialismo comienza con una serie de hipótesis y preguntas contundentes, que desafían el pensamiento de las potencias europeas.

 

Europa es indefendible

Para Césaire (2006) Europa es moral y espiritualmente indefendible, porque la visión universalista de progreso ha constituido una falacia y, más bien, ha ido en contra de los ideales de libertad e igualdad, que tienen como base el Humanismo, es cierto, pero un humanismo, visto desde los ojos del hombre occidental, del blanco. Esta afirmación también tiene que ver con la hipocresía, en que se ha escudado la civilización occidental para legitimar los procesos de conquista y colonización, esa misión “civilizatoria” que llevará luz a los bárbaros que no han conocido la razón como fuente única de conocimiento. Esa misión “civilizatoria y eurocentrista”, no ha podido resolver el problema del proletariado y el problema de la colonización, ocasionado por el surgimiento de la clase burguesa.

¿Colonización y civilización?

Colonización y civilización no son sinónimas. La colonización siempre ha constituido la implantación de un sistema de dominación en un territorio ajeno al del colonizador, se puede emplear o no la violencia. Hay colonizaciones más sutiles que no emplean el uso de la fuerza física, pero que destruyen el modo de percibir el mundo de los pueblos sojuzgados, como ejemplo está la evangelización.

Si colonización y civilización no son lo mismo, entonces ¿qué es la colonización? La colonización es la incapacidad de sentir generosidad y de reconocer al Otro. Es en cambio, la voracidad y el deseo de poseer los bienes de los territorios conquistados, es el saqueo descarado, la destrucción de culturas ancestrales, es el hambre infinita de expansión para asegurar los insumos necesarios para acrecentar su industria. Para Césaire, la colonización es la ausencia de todo valor humano.

La colonización sólo ha servido para descivilizar al colonizador

En este punto el autor, señala que la colonización es un retroceso al estado de salvajismo del hombre y un embrutecimiento mortal que perjudica al colonizador. Es, lo dice Césaire, una regresión universal, la extensión de una gangrena, un foco infeccioso, un veneno que recorre las venas de Europa:

[…] nadie coloniza inocentemente, que tampoco nadie coloniza impunemente; que una nación que coloniza, que una nación que justifica la colonización y, por lo tanto, la fuerza, ya es una civilización enferma, mortalmente herida […] Colonización: cabeza de puente de la barbarie en una civilización, de la cual puede llagar en cualquier momento la pura y simple negación de la civilización (Césaire, 2006, p. 17).

Cosificación del ser humano

El colonialismo provoca que los colonizadores reduzcan a la población de los territorios conquistados a meros objetos, a cosas que sirven a determinado fin. La cosificación del ser humano es producto de las relaciones de dominación y sumisión que crean dos polos opuestos entre dominador y dominado.

Discurso sobre el colonialismo fue escrito en 1950, sin embargo, Césaire ya advertía el peligro de confiar ciegamente en Estados Unidos, él ya vislumbraba a este país como un peligro, como una nación colonizadora en potencia. Para Césaire, el único modo para acceder a una sociedad nueva era a través de la Revolución socialista.

El segundo precursor de las teorías poscolonialistas fue Frantz Fanon, que al igual que Césaire nació en Martinica, fue un pensador, revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor; miembro del Frente de Liberación Nacional, que participó en la lucha por la independencia de Argelia. Sus obra más sobresalientes son Los condenados de la tierra y Piel negra máscaras blancas.

En Piel negra, máscaras blancas, Fanon hace un análisis de la condición del negro desde un enfoque psicoanalista, es decir, desde la óptica de las afectaciones que produjo el colonialismo en las sociedades sometidas.

Fanon sostiene en la introducción a su obra que el negro no es un hombre. Esta afirmación puede parecer algo contradictoria si se lee de manera literal, lo que en realidad quiere decir Fanon, es que cuando en la Historia Universal se habla del Hombre se hace referencia al hombre blanco, al europeo, al civilizado. Cuando se articula la palabra “negro” al lado de la palabra “hombre”, en realidad se está negando la “humanidad” del negro.

Es común leer, oír, decir, pensar en el hombre negro, el poeta negro, el médico negro, el escritor negro…Cuando la verdad es que un poeta es sólo un poeta, sin raza, sin color, sin adjetivos…

Es por ello que para Fanon el lenguaje posee una dimensión simbólica que nos rebasa y permea nuestro pensamiento.

La lengua de un pueblo no es sólo el conjunto de signos, letras, sonidos y articulaciones; el lenguaje es la manera en que una sociedad se relaciona con el mundo y, por la tanto, es la visión que adopta frente al mundo.

Las sociedades que fueron colonizadas, por lo tanto, ven al mundo desde el lenguaje de los colonizadores: “Todo pueblo colonizado es decir, todo pueblo en cuyo seno ha nacido un complejo de inferioridad debido al entierro de la originalidad cultura local, se posiciona frente al lenguaje de la nación civilizadora, es decir, de la cultura metropolitana” (Fanon, 2009, p. 50).

Para el autor, el problema radica en que el lenguaje, en su caso el francés, ha sido utilizado para alejarse cada vez más de la identidad negra. En su país natal es recurrente, que los estudiantes que logran ingresar a la Universidad en Francia, opten por perfeccionar el idioma francés como una forma de pertenecer a la cultura dominante, por parecerse al hombre blanco. Dominar el lenguaje del colonizador es blanquearse.

Para Fanon el hombre colonizado, es un hombre alienado, pero esta alienación no es un problema individual es más bien, un problema social. Esta alienación no sólo procede del sometimiento material del que han sido objeto los pueblos colonizados, también tiene raíces en otros factores subjetivos que tienen que ver con la desigualdad ontológica que existe entre el hombre blanco y el hombre negro y con el enterramiento de la cultura original y preexistente antes de ser sometida.

En conclusión, se puede decir que el colonialismo es una doctrina que legitimó el proceso de colonización, de destrucción y aniquilación de culturas enteras. Fue un proceso de mistificación en el que la práctica de “civilizar al Otro”, fue sinónimo de exterminio y destrucción de las sociedades conquistadas.

BIBLIOGRAFÍA
Céasire, Aimé. Discurso sobre el colonialismo. Madrid. Ediciones Akal. 2006.
Frantz, Fanon. Piel negra, máscaras blancas. Madrid. Ediciones Akal. 2009.
Gentili, Anna María. “Colonialismo” en Norberto Bobbio et al. Diccionario de política, México, S. XXI, 1998.
Wallerstein Immanuel “Prefacio: Leer a Fanon en el siglo XXI” en Fanon Frantz, Piel negra, máscaras blancas. Madrid. Akal. 2009.

Atlapaliotl 'Copia en agua'. Fotografía de Martín Tonalmeyotl
Atlapaliotl ‘Copia en agua’. Fotografía de Martín Tonalmeyotl

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