Especificación de un modelo de formación tecnológica

Por Cruz García Lirios[1]

RESUMEN

En el marco de la sociedad de la información y del conocimiento, los dispositivos y tecnologías digitales son factor de cambio social y ventajas competitivas, pero en la formación profesional existen barreras que inhiben la aceptación, adopción y uso intensivo de Internet. Se trata de un sistema de gestión más que de promoción del conocimiento, la innovación no sólo es resultado de la calidad de los procesos, sino de las relaciones de confianza y compromiso que se establecen al interior de los grupos colaborativos. En este sentido, el clima de relaciones, al igual que el clima de tareas, son factores esenciales en la conformación de un campo discursivo de poder. Por consiguiente, la formación de emprendedores se gesta desde la socialización primaria y se consolida en el aula con la interrelación de talentos, cuyos habitus marcan la diferencia con respecto al adiestramiento o la inducción de capitales humanos y sociales.

Palabras clave; emprendimiento, formación, habitus, campos, capitales

ABSTRACT

In the framework of the information society and knowledge, devices and digital technologies are a factor of social change and competitive advantage, but training there are barriers that inhibit acceptance, adoption and intensive use of Internet. This is a management system rather than promoting knowledge, innovation is not only a result of the quality of processes, but trust relationships and commitment established within collaborative groups. In this sense, the climate of relations, like the climate of tasks, are essential factors in the formation of a discursive field of power. Therefore, the training of entrepreneurs is beginning in the socialization would prevail and consolidated in the classroom with the interrelationship of talent whose habitus make a difference with respect to training or induction of human and social capital.

Keywords; entrepreneurship, training, habitus, fields, Capital

 

INTRODUCCIÓN

En el marco de la sociedad de la información y el conocimiento, el objetivo del presente estudio es contrastar un modelo de relaciones de dependencia específicas. A partir de una revisión del estado del conocimiento, la presente investigación delimita las trayectorias directas e indirectas que explican el uso de redes sociales (Almahamid, McAdmas, Kalaldeh y Alsa, 2012).

Para tales propósitos, el presente estudio deriva nueve hipótesis de los hallazgos reportados por el estado del conocimiento los cuales están sustentados por dos marcos teóricos. Se trata de la Teoría de la Difusión de Innovaciones y la Teoría de la Aceptación de la Tecnología. Ambas explican dos dimensiones implicadas en la aceptación, adopción y uso de tecnología (Arango, Clavijo, Puerta y Sánchez, 2014).

La Teoría de la Difusión de Innovaciones sostiene que los individuos son influidos por los grupos a los que pertenecen o quieren pertenecer. En la socialización de la tecnología, los individuos adoptan estilos de vida ligados al uso de algún dispositivo electrónico, digital o virtual (Bakabulindi, 2012). Se trata de procesos conocidos como accesibilidad, compatibilidad, flexibilidad, escalabilidad, portabilidad, credibilidad y privacidad los cuales influyen en la aceptación, decisiones de compra o adquisición y uso de tecnología. Una vez que los individuos se han adherido a un grupo de consumidores de tecnologías adoptan estilos de información, comunicación y uso de dispositivos que los diferenciarán de otros grupos, pero además determinarán sus decisiones y comportamientos en el futuro (Bazán, Sánchez, Corral y Castañeda, 2006).

Sin embargo, la Teoría de la Difusión de Innovaciones parece sugerir que las emociones derivadas de los estilos de vida en relación al uso de tecnología son las determinantes de la aceptación, adopción y uso de dispositivos electrónicos (Chuo, Tsai, Lan y Tsai, 2011). En este sentido, la tecnología es un instrumento de satisfacción de vida más que un medio para el logro de objetivos o el cumplimiento de metas. En consecuencia, la percepción de riesgo e incertidumbre más que el control, eficiencia y utilidad percibidas son los factores externos que influirán sobre el uso de la tecnología (Escalante, Reppeto y Mattinello, 2012).

Precisamente, la Teoría de la Aceptación de la Tecnología explica el proceso deliberado, planificado y sistemático que implica el uso de dispositivos considerados instrumentos de información y comunicación para el cumplimiento de fines específicos. Las percepciones de control, eficiencia y utilidad son factores externos que explicarían el uso sistemático de una tecnología (Di Russo y Douglas, 2013).

Empero, el uso de Internet supone no sólo su empleo para la satisfacción de vida o el logro de metas, sino además es un escenario de intercambio de información que puede ser adquirida o incluso hurtada según las habilidades y conocimientos de los usuarios (Espino, 2011).

Resulta conveniente llevar a cabo una investigación sobre el uso de Internet en un contexto en el que los actores protagonistas son tecnologías electrónicas, digitales y virtuales tales como Wikipedia, Facebook, Twitter, Hi5, Google, Yahoo o Amazon.

Se llevó a cabo un estudio documental y retrospectivo con una muestra no probabilística de artículos relativos a las políticas de fomento empresarial, la formación profesional y la transferencia de tecnología. La revisión de la literatura se llevó a cabo considerando las palabras claves en las bases de datos de REDALYC, LATINDEX, DIALNET, SCIELO y PEPSIC con registros ISSN durante el periodo que va de 2006 a 2014. Posteriormente, la información fue procesada en matrices de análisis de contenido de información a fin de poder establecer los temas y ejes de discusión que permitieron especificar el modelo de formación tecnológica.

TEORÍA DE LA FORMACIÓN TECNOLÓGICA

Formación tecnologicaUna teoría es, para los fines del presente trabajo, una red de relaciones entre variables observadas con respecto a constructos o variables que se infieren a partir de indicadores que por su grado de correlación evidencian relaciones de dependencia, reflejantes o estructurales (Gasca y Olvera, 2011). En este sentido, los hallazgos de la literatura revisada servirán para especificar el modelo de formación tecnológica, pero el marco teórico y conceptual desde el que se discutirá su especificación se llevará a cabo a partir de teorías consolidadas en psicología social (Guadarrama y Valero, 2009).

De este modo, la formación tecnológica es entendida como un proceso de gestión del conocimiento y autogestión informativa que supone procesamientos en categorías que permiten especificar un modelo explicativo de la formación en su dimensión tecnológica (Hsuan, Hsu, Shan y Ming, 2013).

Si la formación profesional estriba en la aprehensión de conocimientos y habilidades con respecto al acceso de información diseminada en una estructura política e institucional, entonces la formación tecnológica no sólo obedece a políticas de fomento empresarial o alianzas estratégicas entre trasnacionales y mipymes, sino además es parte de la internacionalización de las comunidades en el mercado internacional a través del turismo o la inversión en la industria maquiladora (Jalal, Marzooj y Nabi, 2011).

Empero, la gestión de transferencia o innovación tecnológica requiere de la formación de cuadros especializados que puede llevarse a cabo mediante alianzas entre universidades y organizaciones con fines de lucro (Kabeer y Muhammad, 2013). De este modo, los programas de posgrado tienen un sentido pragmático con respecto a las demandas tecnológicas del mercado local y las del mercado internacional en virtud de la calidad de la formación (Shaheen, 2010).

Por consiguiente, el marco teórico que explicaría la formación tecnológica parte de la explicación sociopolítica entre Estado y academia con respecto a las políticas de fomento empresarial e internacionalización de la producción maquiladora local en referencia al mercado global, acto seguido, la explicación de la cultura y clima organizacional que fomente la gestión de conocimiento, formación de grupos colaborativos, impulso al emprendimiento, innovación y competitividad (Marginson, 2014). El enlace con la academia supone la explicación de la redes colaborativas en sus rubros de prácticas profesionales y servicio social, además de la formación de competencias para la inserción en el mercado local o la trasferencia de tecnología para la productividad y competitividad en el mercado global (Sharma y Abrol, 2011).

La Teoría de la Amenaza Integrada explica el proceso mediante el cual la sociedad no sólo está dividida en grupos, sino además está en franca disputa por las oportunidades y los recursos que le garantizarían una mejor calidad de vida y bienestar subjetivo (Shrrof, Denenn y Ng, 2011). En este sentido, la formación profesional es un instrumento para obtener los beneficios sociales que suponen las políticas de fomento empresarial, desarrollo local o impulso la industria y el turismo. En este proceso, la ideología política establece las diferencias entre los sectores ya que aquellos grupos con una postura de derecha son más emprendedores que aquellos sectores de izquierda, pero las formas de cooperación y solidaridad en éstas últimas permiten una mayor cohesión y compromiso social (Kotaman, 2010).

Si la Teoría de la Amenaza Integrada explica las diferencias civiles ante las políticas públicas, será la Teoría de la Adquisición Jurídica la que sostendría que esas diferencias sociales se gestan desde el derecho a la propiedad y el acceso a recursos que por su origen ius natural sólo es suficiente con ser parte de una sociedad organizada política y económicamente, pero la formación profesional no estaría dentro de este marco de derechos y sería un privilegio que irrumpe la igualdad (todos parten de las mismas oportunidades y consiguen los mismos resultados auspiciados por el Estado), aunque es al mismo tiempo un instrumento para la equidad (todos parten de las mismas oportunidades, pero se diferencian de acuerdo a sus capacidades) (Sánchez, Bazán y Corral, 2009).

La síntesis de ambas teorías está en la Teoría de la Justicia Distributiva que planteará un equilibro entre los recursos y oportunidades disponibles frente a las capacidades y necesidades personales. Se trata de valores y normas que incidirían sobre la formación de competencias, habilidades y conocimientos (Mehra y Omidian, 2010).

Precisamente, valores y normas que convergen en virtudes cívicas (motivaciones eficientes orientadas públicamente) son parte del equilibrio que la Teoría de la Justicia Distributiva plantea como un instrumento reflexivo para la consecución de objetivos sociales, entre ellos la ciencia y tecnología para el desarrollo endógeno. Derivada de esta virtud cívica, la responsabilidad social es una reguladora de la libertad económica, la virtud política y la desigualdad social. Se trata de un instrumento de formación que regula las capacidades y las orienta al bien común y el Desarrollo Sustentable (Teh, Chong, Yong y Yew, 2010). En este sentido, la responsabilidad social hace efectivas las garantías individuales, pero al diseminarse en esferas civiles adquiere una dimensión comunitaria que consiste en la gestión de saberes y conocimientos que promuevan la solidaridad y la cooperación entre los sectores a fin de poder establecer escenarios de virtudes cívicas (Tekeher, 2013).

Sin embargo, suponer que las políticas de fomento empresarial, los programas de formación técnica y las estrategias de transferencia de tecnología se diseminan directamente en la sociedad civil y sus esferas de saberes como de conocimientos es pensar que la realidad política no está mediada o moderada por el establecimiento de temas y el encuadre de los medios de comunicación, principal fuente de información de la ciudadanía (Nazar, 2012).

De este modo, la Teoría del Establecimiento de la Agenda sostiene que las políticas de fomento empresarial son resultado de los temas relativos a la inversión o la educación que los medios de comunicación difunden en sus audiencias y que reverberaran en la evaluación de las políticas empresariales y educativas a través de la opinión pública (Mutengezanwa y Fungai, 2013).

Es así como las políticas del Estado son filtradas por representaciones sociales que forjarán habitus de emprendimiento o innovación a través de los discursos y las narrativas de grupos organizados en torno al aprovechamiento de los recursos destinados al fomento empresarial (Ramayah y Ignatius, 2010).

En principio, la formación de grupos emprendedores e innovadores, no sólo obedece a la reproducción de la dominación social, sino además es parte de la diferenciación, categorización e identidad social que acompaña a la generación de conocimiento y al abandono de saberes compartidos entre los que se citan las creencias a favor del medio ambiente (Rottenbacher y De la Cruz, 2012).

Posteriormente, la creación de redes de conocimiento supone la formación de alianzas estratégicas que se diseminarán en grupos colaborativos (Tena, 2010). La gestión del conocimiento tendría su fundamento en la cooperación y la solidaridad como indicadores de un clima de relaciones favorable a la innovación, pero susceptible a la inconsistencia de la elaboración de tareas y la no consecución de objetivos o metas (San Martin y López, 2010).

Por último, la formación tecnológica consistiría no sólo en un proceso deliberado, planificado y sistemático de procesamiento de información para la transferencia de saberes y conocimientos, supone además la formación de redes de ideas que se activan automáticamente al exponerse en climas de relaciones afectivos más que racionales (Thiruchelvi y Koteeswari, 2013). Se trata de emociones que promueven la confianza y el compromiso ya no como parte de una cultura de respeto, sino como símbolo de una cultura del éxito (Pepper, Aiken y Garner, 2011).

Empero, la responsabilidad social también sería una dimensión producto de la racionalidad que consiste en un cálculo de costos y beneficios con respecto al equilibrio de las demandas y los recursos (Ruíz, Sanz y Tavera, 2010). De este modo, la formación tecnológica a partir de las competencias requiere ser complementada con las virtudes cívicas, entre ellas la responsabilidad y el compromiso social.

Por consiguiente, la formación tecnológica supone la propensión del futuro o la anticipación de las consecuencias por acciones específicas o ausencia de ellas en el contexto local, empero la utilidad al ser el determinante de la aceptación y uso intensivo de tecnologías y dispositivos electrónicos plantea una disyuntiva que va de la efectividad hasta la sustentabilidad (Ramírez, Rondán, y Arenas, 2010).

Si el uso intensivo de tecnologías informacionales está cercano a la percepción de facilidad de uso y utilidad en el desempeño profesional, entonces la responsabilidad social es un regulador de la aceptación de dispositivos electrónicos en la formación de grupos colaborativos, emprendedores e innovadores (Sago, 2013).

Se sabe que en gran parte el equilibrio planteado por la justicia distributiva que consiste en el contraste de oportunidades, capacidades y necesidades, está determinado por la aprehensión lecto-escritora. A medida que la formación profesional intensifica las habilidades matemáticas, reduce las capacidades de comprensión y empatía transmitidos en la lectura y la escritura (Remolina, 2014).

En síntesis, la Teoría de la Formación Tecnológica explica la relación entre el contexto político y social con respecto a la enseñanza de competencias, habilidades y conocimientos que permitan la inserción de la matrícula en el mercado local, pero al ser los temas de discusión establecidos por los medios de comunicación su impacto en el curriculum consistirá no sólo en la introducción de habilidades lecto-escritoras complementarias a las numéricas, sino además la adopción de sistemas afectivos que permitan la generación de un clima de confianza, empatía y compromiso. El resultado de ambos procesos, racional y afectivo, generará talentos capaces de transformar las oportunidades en objetivos y metas, así como las actitudes y habitus necesarios para la transferencia generacional de saberes y conocimientos, técnicas y habilidades en grupos de poder formativo, discursivo, educativo o narrativo.

 

ESTADO DEL CONOCIMIENTO

Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) al influir en los sistemas educativos y organizacionales propician el desarrollo de percepciones de utilidad que se relacionan directamente con decisiones de producción, gestión y reproducción de conocimiento (Zamiri, Mahamed y Baqutayan, 2012). El aprendizaje de un software supone no sólo expectativas de beneficios y ganancias, sino además está acompañado por la generación de un clima de confianza y compromiso al interior del grupo de aprendizaje.

Sin embargo, el uso intensivo de las TIC requiere de un apoyo técnico ya que en su mayoría de trata de dispositivos que requieren mantenimiento constante. Es por ello que la percepción de utilidad se incrementa cuando el dispositivo o software tecnológico está sustentado por un apoyo técnico expedito y eficiente (Zaidel y Zhu, 2010). Cuando el soporte técnico es ineficiente, la percepción de utilidad la tecnología se asocia con la percepción de que las tecnologías y los procesos de enseñanza y aprendizaje son independientes y que el uso intensivo de un dispositivo o software no incrementa significativamente la instrucción en el aula. En contraste, aquellos usuarios que consideran fundamental el apoyo técnico para el uso de las tecnologías asumen que el servicio debe ser expedito ya que implica pérdidas y costos que pueden suprimirse si el mantenimiento de los dispositivos se hiciera constantemente (Torres, Robles y Molina, 2011).

Debido a que en los sistemas educativos los instructores determinan el uso de los dispositivos y software en función de su relación con estudiantes más que con el soporte técnico, ello implica que el uso intensivo de las tecnologías a menudo se vea interrumpido por falta de mantenimiento (Bakabulindi, 2012). Ante tal situacióaRROBAn, los instructores desarrollan percepciones de riesgo que paulatinamente sustituyen a las percepciones de utilidad.

La incertidumbre, riesgo e inseguridad son factores que inciden sobre la satisfacción en el uso del dispositivo o software electrónico (Sharma y Abrol, 2011). En ese sentido, la rentabilidad de un sistema tecnológico o electrónico se entiende como aquel que reduce costos y maximiza beneficios en cuanto a inversión, tiempo y mantenimiento del sistema.

Empero, a pesar de que las organizaciones están expuestas a contingencias, quienes tomas decisiones ven en el caos, oportunidades de desarrollo a partir de la implementación de tecnologías de información. Las decisiones que afectarán el clima laboral están supeditadas por percepciones de utilidad en los mandos directivos (Wang y Huynh, 2013). Precisamente, son estas expectativas de oportunidad las que incentivan la aceptación, adopción, compra e implementación de dispositivos o software en las trasnacionales.

Al asociarse las percepciones de utilidad con la privacidad y la seguridad determinan la adopción de la tecnología, el mantenimiento correspondiente y la actualización que implica (Jalal, Marzooj y Nabi, 2011). En los casos en los que el manejo de datos personales implica a la percepción de riesgo por el mal manejo que pudiera presentarse de la información personal, la credibilidad y la privacidad son factores determinantes de la captura electrónica de datos personales.

En referencia a la percepción de control, la capacidad percibida y la facilidad de uso percibidas al momento del adiestramiento, capacitación, entrenamiento o inducción para familiarizarse con la tecnología, la percepción de utilidad determina a través de las tres habilidades percibidas, el uso del dispositivo electrónico (Kotaman, 2010). Esto es así porque los usuarios están motivados para usar las tecnologías a partir de que desarrollan percepciones y habilidades en su uso intensivo.

A medida que los usuarios orientan estas habilidades según sus objetivos, cumplen sus metas y diseminan sus logros en su equipo de trabajo, la confianza, compromiso y satisfacción determinarán la eficiencia, eficacia y efectividad formando un círculo virtuoso e innovador (García, Carreón, Hernández, Bustos, Morales y Limón, 2013).

Sin embargo, cuando de la adopción, compra y consumo de una tecnología se trata, la accesibilidad al dispositivo más que su facilidad de uso, control o manipulación determina la implementación de la tecnología (Ramayah y Ignatius, 2010). En virtud de que la tecnología está en constante cambio, la inclusión de múltiples funciones genera indefensión o ambivalente en aquellos usuarios que perciben estos cambios vertiginosos como barreras en su intento de actualizarse y especializarse en la tecnología. En el caso de la indefensión, los usuarios que no se adaptan a los cambios tecnológicos al ritmo que estos les dictan terminan por desestimar su uso. En el caso de la ambivalencia, esta se observa en aquellos usuarios que tienen actitudes positivas hacia los dispositivos electrónicos, pero su uso les significa un mayor costo que beneficio ya que sin ellas los resultados varían en menor grado que con su implementación (Velarde, Delgado y Gastelum, 2013).

Ambos casos de indefensión y ambivalencia se explican por la relación que las percepciones tienen con las creencias, actitudes, decisiones y comportamientos (Tekeher, 2013). Se trata de una relación automática o lineal, improvisada o deliberada, espontánea o planificada, asistemática o sistemática en la que:

  • Las percepciones de riesgo determinan creencias generales, actitudes desfavorables, decisiones heurísticas y acciones imprevistas. O bien:
  • Las percepciones de utilidad inciden en creencias específicas, actitudes favorables, decisiones planificadas y acciones sistemáticas.

No obstante que los dos procesos explican la aceptación o rechazo de una tecnología, cuando la percepción de utilidad se asocia con factores sociodemográficos tales como sexo, edad, ocupación e ingreso predicen la resistencia al cambio o actualización de la tecnología (Mutengezanwa y Fungai, 2013). Los microempresarios con mayor edad se resisten al uso de dinero electrónico mientras que las profesionistas con ingresos superiores a 10 mil dólares son más proclives al uso intensivo de tecnologías que se actualizan contantemente (Zamiri, Mahamed y Baqutayan, 2012).

En el caso de los protocolos digitales financieros, indicador de desarrollo económico y sustentable, la actualización de software a fin de garantizar la seguridad de los inversionistas, genera incertidumbre, riesgo, insatisfacción e inseguridad que inhibe las alianzas entre trasnacionales y pymes en los mercados locales, o bien, la internacionalización de las pymes a través de las multinacionales en el mercado global (Wang y Huynh, 2013).

Sin embargo, la compatibilidad parece tener una mayor influencia sobre la aceptación de la tecnología (Di Russo y Douglas, 2013). Los usuarios que aceptado otras tecnologías asociadas a la que pretenden adoptar están más cercanos a su consumo en comparación a quienes no han sido usuarios de alguna tecnología vinculada con la que pretenden adquirir.

En efecto, los servicios y productos tecnológicos no sólo son dispositivos o software que se actualizan en función de las exigencias del mercado, sino que además son parte de redes de tecnologías que innovan y transforman los estilos de vida de los usuarios. En este sentido, la tecnologías que han sido adoptadas generaron la confianza suficiente en los usuarios para adquirir algún dispositivo o software relacionada (Wiedmann, Hennings, Varelmann, y Reeh, 2010).

En las organizaciones la confianza en la tecnología tanto como en los grupos de trabajo es fundamental para la consecución de metas (Hsuan, Hsu, Shan y Ming, 2013). Se trata de un proceso en el que los usuarios pueden seleccionar una tecnología que potenciará su desempeño. Si los usuarios perciben un alto grado de utilidad en la tecnología, entonces se aproximan a un clima de confianza que se diseminará en los grupos de trabajo, proveedores de la tecnología y clientes (Yáñez, 2014). En contraste, aquellos usuarios que han tenido experiencias desfavorables con alguna tecnología, inhiben la selección de otras tecnologías relacionadas.

Es así como accesibilidad, compatibilidad, utilidad, confianza, compromiso, desempeño, satisfacción son parte de un proceso organizacional y tecnológico en el que los dispositivos electrónicos o software son considerados como instrumentos para el logro de metas, la planificación, control de calidad, gestión del conocimiento e innovación (Zaidel y Zhu, 2010).

Se trata de ecosistemas digitales en los que usuarios, directivos, proveedores, clientes y tecnologías están inmersos en entornos perceptuales, emocionales, actitudinales, motivacionales e intencionales (Wiedmann, Hennings, Varelmann y Reeh, 2010). En estos ecosistemas digitales subyace como una disyuntiva organizacional la confianza en los usuarios o en los dispositivos tecnológicos. Ambos son fundamentales para el desarrollo del ecosistema digital, pero sólo la confianza en los usuarios genera compromiso. En contraste, la confianza en la tecnología incide en el desempeño y satisfacción.

Tratándose de dispositivos electrónicos, el uso intensivo está vinculado con la satisfacción del usuarios (Sago, 2013). Un incremento en la frecuencia y horas de uso propicia un aumento en los niveles de satisfacción con la tecnología. Se trata de una compatibilidad entre la tecnología y el estilo de vida del usuario ya que en sus actividades cotidianas la tecnología le permite un mayor confort, entretenimiento, desempeño o satisfacción.

En efecto la Teoría de la Difusión de Innovaciones plantea que el uso intensivo de una tecnología está relacionado con el estilo de vida de los usuarios ya que a mayor número de horas en el empleo de una tecnología, las necesidades y expectativas se ajustan a los cambios que experimentan el dispositivo electrónico o software computacional (Ruíz, Sanz y Tavera, 2010). Sin embargo, esta relación entre la compatibilidad percibida y el uso de la tecnología al estar mediada por las actitudes hacia la tecnología reduce su poder predictivo ya que la categorización de los dispositivos supone la aceptación razonada, planificada y sistemática de la tecnología. Ello implica conocimientos previos acerca de las posibilidades la tecnología la cual no siempre corresponde con los estilos de vida (Zúñiga, 2011).

Precisamente, la formación de actitudes hacia la tecnología implica el surgimiento de percepciones relativas a la calidad de los dispositivos electrónicos (Almahamid, McAdmas, Kalaldeh y Alsa, 2012). Cuando los usuarios perciben la utilidad de la tecnología en el mejoramiento de su desempeño, a menudo surge la calidad percibida como un factor mediador que regula las expectativas laborales y orienta las habilidades hacia un determinado producto o servicio.

No obstante que la calidad percibida selecciona la utilidad de la tecnología, es la percepción de eficacia la que determina la utilidad de dicha tecnología (Ramírez, Rondán y Arenas, 2010). En este sentido, los usuarios desarrollan expectativas no sólo de mejoramiento de sus funciones, sino de los resultados posibles que podrán obtener al aceptar una tecnología determinada.

Debido a que la eficacia refiere a la diferencia entre los objetivos esperados y los resultados obtenidos en grupos de trabajo, subyace la influencia social como determinante de la adopción de la tecnología (Kabeer y Muhammad, 2013). Un decremento en los valores de las expectativas de los integrantes de un grupo de trabajo incide sobre la percepción de utilidad de la tecnología. Del mismo modo, en el caso de la percepción de riesgo al derivar de las expectativas del grupo, también regula la relación entre la utilidad y la decisión de usar una tecnología.

La eficacia percibida, la utilidad esperada, las expectativas de facilidad de uso y control de la tecnología, así como las actitudes, intenciones y usos están encaminadas a la satisfacción del usuario (Thiruchelvi y Koteeswari, 2013). Se trata de un círculo virtuoso en el que las percepciones se incrementan a medida que la tecnología produce satisfacción en el usuario o genera confianza, compromiso e innovación en los grupos de trabajo. Es decir, el uso intensivo de la tecnología no sólo la hace compatible con un estilo de vida individual o grupal, sino que también modifica su apropiación social.

El Modelo de Aceptación de la Tecnología (TAM por sus siglas en inglés) plantea que la relación entre individuo y tecnología conlleva dos percepciones de utilidad y facilidad de uso que incidirán sobre las actitudes, intenciones y comportamientos. A nivel individual el TAM explica debidamente los efectos del uso intensivo de la tecnología los cuales pueden extenderse a los grupos. En el caso de comunidades o sociedades, la utilidad percibida al asociarse con variables sociodemográficas, socioeconómicas y socioculturales ofrece la posibilidad de explicar el conflicto y cambio social que supone la aceptación de la tecnología (Torres, Robles y Molina, 2011). En el primer caso, el conflicto social es observable en la resistencia al cambio tecnológico ya que las sociedades estuvieron orientadas por un paradigma social dominante en el que las tecnologías no eran necesarias para las actividades cotidianas o productivas. El advenimiento de las TIC propició un conflicto social que derivó en la aceptación de la tecnología y con ello en un Nuevo Paradigma Tecnológico, principal indicador de cambio social.

La aceptación de las tecnologías de información y comunicación pudo deberse a la compatibilidad o la utilidad, pero fue la escalabilidad entendida como la inclusión de otras tecnologías en una sola la que determinó el incremento de ventas de dispositivos electrónicos (San Martin y López, 2010). A medida que las tecnologías se fusionaron e incluyeron otros servicios, la portabilidad emergió como otro valor agregado de las TIC.

La inclusión de varias tecnologías en un solo dispositivo no fue suficiente, fue indispensable que las compañías encargadas de ofrecer los servicios digitales pudiesen competir abiertamente sin restricciones (Pepper, Aiken y Garner, 2011). Es por ello que la portabilidad entendida como la capacidad de una tecnología de ser administrada por más de una compañía potenció la aceptación de los dispositivos móviles y electrónicos, así como las redes sociales virtuales.

Se trata de la adecuación de la tecnología al estilo de vida de los usuarios, o bien, a otras tecnologías de información. Cuando existe una adecuación informacional, las decisiones de inversión en tecnología se intensifican (Shaheen, 2010). Por el contrario, la desconfianza es el factor que inhibe las inversiones ya que supone una inadecuación de la información. La información disponible resulta insuficiente para la toma de decisiones, o bien, es información sesgada que supone inversión en dispositivos de mayor costo y beneficios inciertos. Ello implica que la tecnología no es flexible para con el entorno en el que es utilizada.

Las organizaciones que se caracterizan por estilos de dirección flexibles y redes colaborativas innovadoras, a menudo adoptan tecnologías flexibles que les permiten llevar a cabo múltiples funciones y esa cualidad determina la inversión en el capital humano (Mehra y Omidian, 2010). La tecnología que permitirá potenciar sus habilidades, conocimientos y valores es aquella que previene el tráfico o la perdida de información.

En síntesis, los estudios psicológicos de la aceptación de la tecnología se han enfocado en las percepciones de utilidad, eficacia, control y calidad, así como en las actitudes e intenciones al ser consideradas determinantes del uso intensivo de dispositivos electrónicos.

El TAM derivado de los modelos de Acción Razonada y Comportamiento Planificado asume que los usuarios desarrollan habilidades tecnológicas que les permiten incrementar su desempeño siempre que exista un proceso deliberado, planificado y sistemático. Ello implica la formación de grupos colaborativos con climas de confianza, compromiso, innovación y satisfacción. En este sentido, la relación entre usuario y tecnología está determinada por procesos de compatibilidad, flexibilidad, escalabilidad, portabilidad, credibilidad y privacidad que hacen más factible la adopción de una tecnología y su eventual uso.

Sin embargo, cuando la relación entre usuario y tecnología es ambigua e incierta, subyace la percepción de riesgo, actitudes desfavorables hacia la tecnología e intenciones de resistencia al cambio que promueven la indefensión o la ambivalencia.

Al asociarse las variables psicológicas con factores sociológicos como edad, sexo, ocupación o ingreso explican las situaciones individuales y grupales que pueden extenderse al diagnóstico de una organización, comunidad o sociedad. En ese sentido, un modelo de relaciones de dependencia sería pertinente para el diagnóstico de grupo social que utiliza intensivamente las TIC con énfasis en las redes sociales electrónicas y virtuales.

 

ESPECIFICACIÓN DE RELACIONES

¿Cuáles son las relaciones entre las variables esgrimidas en el estado del conocimiento cuyas especificaciones permitan explicar la variabilidad del uso de las redes sociales electrónicas o virtuales?

El modelo incluiría aquellas variables más citadas, aunque también las especificaciones de otros modelos tendrían cabida en la lógica explicativa del uso de las redes sociales electrónicas. En efecto, las percepciones de control, eficiencia, utilidad y riesgo interrelacionarían con actitudes, intenciones y uso de la tecnología para explicar la satisfacción.

En esta red de relaciones las variables socioculturales relativas a normas, creencias y valores, las variables socio económicas y demográficas tales como sexo, edad, ocupación, ingreso y estado civil así como las variables organizacionales referentes a compatibilidad, flexibilidad, escalabilidad, portabilidad, credibilidad y privacidad quedarían excluidas. Ello se debe a que el modelo explica los procesos racionales, deliberados, planificados y sistemáticos que subyacen entre usuarios y tecnologías.

Sin embargo, al ser la satisfacción con la tecnología y las percepciones de control y riesgo constructos que los estudios psicológicos no han establecido empíricamente, el modelo de relaciones de dependencia especificadas sólo incluyó las percepciones de eficiencia y utilidad como constructos exógenos que inciden directamente en el uso de la tecnología así como indirectamente a través de variables mediadoras tales como la actitud hacia la tecnología y la intención de uso. El modelo incluye nueve hipótesis considerando las relaciones directas e indirectas entre las percepciones y el uso de la tecnología.

De este modo, la interrelación entre la percepción de eficiencia y la percepción de utilidad determinarían directa e indirectamente el uso intensivo de la tecnología (hipótesis 1). En consecuencia, las expectativas de un funcionamiento eficiente a partir de la adopción de la tecnología incidirían directamente sobre su uso intensivo (hipótesis 2). O bien, la percepción de eficiencia al influir en las decisiones de adopción de dispositivos electrónicos incrementa su poder predictivo sobre el uso de la tecnología (hipótesis 4). Del mismo modo, las expectativas de mejoramiento al impactar las decisiones de consumo electrónico determinaría el uso de la tecnología (hipótesis 5).

Ahora bien, cuando las expectativas de eficiencia se incrementan por la adopción de una tecnología producen categorías que influirán en las decisiones de consumo y estas en el uso de la tecnología (hipótesis 6). De igual forma, los beneficios esperados por el uso de una tecnología generan actitudes favorables a sus decisiones de aceptación y estas mejorarán el uso de la tecnología (hipótesis 7).

Sin embargo, el uso de la tecnología puede deberse a que los consumidores simplemente categorizaron un dispositivo como favorable para la obtención de sus objetivos (hipótesis 8), o bien, el uso de una tecnología pudo deberse a que las decisiones de aceptación tuvieron un origen emocional (hipótesis 9). Es decir, la tecnología en tanto producto o servicio es susceptible de ser promovida como un objeto de deseo y es a partir de este fenómeno que los consumidores aceptan, compra, adoptan y usan la tecnología.

La integración de las nueve hipótesis en una nula a contrastar implicaría:

Ho: Las relaciones de dependencia especificadas se ajustarán a los datos observados ya que la interrelación entre las percepciones en tanto factores exógenos determina directamente el uso de las redes sociales.

DISCUSIÓN

El presente estudio ha establecido una trayectoria de explicación relativa al uso de Internet con énfasis en el consumo de productos y servicios ofrecidos en redes sociales. El estudio corrobora los resultados reportados por García et al., (2013), pero contradice los hallazgos de Ruíz, Sanz y Tavara (2010) y los resultados de Sago (2013) sobre la compatibilidad entre el uso intensivo de la tecnología y los estilos de vida de los usuarios. En nuestro estudio, la trayectoria que parte de las actitudes hacia la tecnología, la que atraviesa las intenciones de uso y culmina en el uso de las redes sociales, confirmaría los resultados de ambos estudios, empero el poder predictivo de la trayectoria que parte de la percepción de eficiencia es mucho mayor.

Es por ello que la inclusión de otras variables tales como indefensión o ambivalencia otorgaría mayor predictivo al modelo ya que explicarían la dimensión afectiva, emocional y heurística de la aceptación de la tecnología.

En el caso de la indefensión, Internet al haber sido definido como un servicio lento, explicaría los estados emocionales en los que los usuarios se encuentran ante la frustración que supone la lentitud de un servicio digital.

Con respecto a la ambivalencia, Internet al ser un servicio identificado como lento, pero indispensable para la formación académica, explicaría el estado emotivo en el que los usuarios de las redes sociales se encuentran al momento de informar o comunicar información personal relevante, pero que por la lentitud del servicio no pueden llevarlos a cabo con sus contactos, aunque de un modo u otro terminarán esperando a que el servicio se restablezca o los archivos se procesen para poder transferir esa información a sus contactos.

En ámbitos laborales, el síndrome del trabajo excesivo explicaría los estados emocionales en los que los usuarios de las redes sociales están expuestos. A menudo, Facebook y Twitter son tecnologías que medían esos estados emocionales de los usuarios para con sus contactos, pero en los ámbitos organizacionales la productividad podría depender de la transferencia expedita de dinero o información de un ejecutivo a otro.

CONCLUSIÓN

De acuerdo con el estado del conocimiento, la aceptación de la tecnología ha sido estudiada desde supuestos: emocionales y racionales.

La trayectoria emocional advierte que el uso de una tecnología parte de una dimensión emocional, afectiva o heurística la cual determinará la aceptación, compra, adopción y consumo del producto o servicio que este asociado con dicha tecnología. Es el caso de las redes sociales que promueven productos y servicios a partir de los estados emocionales de los usuarios. Se trata de imágenes que se registran en la memoria de los consumidores y que pueden ser activados en cualquier instante induciendo la compra del producto o la contratación del servicio.

La trayectoria racional, deliberada, planificada y sistemática en torno al uso de la tecnología advierte que los usuarios al tener objetivos delimitados emplean a las tecnologías como instrumentos para alcanzar sus propósitos. Las redes sociales que ofrecen productos y servicios encaminados a la eficiencia y eficacia son más visitadas por usuarios que cuentan con habilidades y conocimientos especializados en el uso de tecnologías compatibles con el uso de Internet y las redes sociales. Este proceso se destaca por develar un círculo virtuoso del consumo ya que si una tecnología ofrece mayores conocimientos y habilidades, entonces estas mismas percepciones de eficiencia y utilidad determinarán la aceptación de otras tecnologías.

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[1] Doctor en Psicología por la UNAM, Profesor de asignatura, UAEM-UAPH garcialirios@yahoo.com

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