Reconstituyendo el parentesco

Por Verónica Angélica De Anda Celis

 

Si el parentesco es la precondición de lo humano, entonces Antígona es la ocasión para un nuevo campo de lo humano, (…) cuando el menos que humano habla como humano, cuando el género es desplazado, y el parentesco se hunde en sus propias leyes fundadoras (…) La forma social de un futuro aberrante sin precedentes[1].

 

A lo largo del tiempo se ha concebido al parentesco como aquella estructura base de la psique humana, es decir, ella es quien asegura que el individuo exista y habite el mundo relacionándose con otros. ¿Qué tipo de relaciones de parentesco son las que importan, las aceptadas, las válidas? Para poder responder esta pregunta, comenzaremos con una clara ilustración de la Tragedia Griega de Sófocles, Edipo Rey. Dicha tragedia relata la vida de Edipo, hijo de los reyes de Tebas, Layo y Yocasta. El rey Layo al saber la predicción del Oráculo según el cual su hijo lo asesinará y se casará con su madre, decide mandarlo a matar. Sin embargo, un súbdito del rey se apiada del bebé y lo entrega al rey de Corinto quien lo cría como hijo propio. Más tarde, Edipo recurre al Oráculo de Delfos y éste le vaticina sobre el parricidio y el incesto. Debido a ello, Edipo abandona Corinto pensando que los reyes que lo educaron eran sus padres naturales. Al emprender su viaje, Edipo tiene un enfrentamiento con el rey Layo y lo mata. Más adelante, desposa a la reina Yocasta sin saber que es su madre. Al poco tiempo, Tebas es azotada por una plaga, Edipo al tratar de investigar quién es el causante de todo ello, Yocasta se da cuenta que es Edipo, ya que se desposaron y tuvieron descendencia. Yocasta decide suicidarse. Cuando Edipo se percata de las consecuencias atroces de sus actos, desesperado se arranca los ojos y abandona el trono autoexiliándose.

¿Qué relación alberga dicha tragedia con el parentesco? Freud retoma dicha tragedia para ilustrar el Complejo de Edipo. Dicho Complejo es la estructura psíquica que está a la base del parentesco, es decir, aquello que lo posibilita. Gracias a estructura psíquica, el niño desarrolla cierta inclinación sexual hacia la madre y al ser el padre quien posee a la madre, cierto odio hacia este último. Es aquí donde el hijo se da cuenta de la ley del padre (la prohibición de poseer a la madre) y la posibilidad de volverse después aquel que da la ley: la posibilidad de salir de dicha relación de parentesco para tener la suya propia. En este sentido, dicha ley es la que impulsa al individuo a configurarse como sujeto y vincularse con individuos que yacen fuera de su parentesco.

De esta forma, si damos un paso más, ¿qué norma contiene el Complejo de Edipo para funcionar? El Tabú del Incesto. Este tabú prohíbe que uno pueda desposar a ciertos miembros de la familia, y así, se garantiza la renovación de lazos sociales, la apertura y la interacción dentro de la esfera social y familiar. Asimismo, define a los individuos según su posición en tanto prohíbe las relaciones sexuales dentro del parentesco. Por ejemplo, un hijo/hija es quien no tiene relaciones sexuales con el padre o madre, un padre es quien tiene relaciones sexuales sólo con la madre, etc. En este sentido, pareciera que ya a la base de dicho Complejo, de dicho Tabú, dichas estructuras psíquicas son ya de antemano biológicas y heterosexuales[2]. Por lo tanto, como Edipo, quien se atreva a cruzar la barrera del tabú del incesto, se da a sí mismo una muerte en vida, es decir, que toda inteligibilidad se pierde. En otras palabras, las estructuras psíquicas que sedimentan el posicionamiento en la vida y en las relaciones, se tambalea al atravesarlas: se viola la ley del padre. De esta forma, se develan como únicas, inamovibles y universales. Es de esta manera que se devela al parentesco heterosexual y biológico como aquello que realmente importa.

No obstante, si dichas estructuras psíquicas son las garantes de la existencia del parentesco heterosexual y biológico, ¿existirá la posibilidad de un parentesco más allá de la heterosexualidad y de lo biológico? Para ello, retomaremos la tragedia de Antígona, la cual comienza relatando que el trono tebano, tras el auto-exilio de Edipo, es disputado entre los dos hijos de este último: Eteocles y Polinices. Eteocles toma el trono y decide no turnarlo, como se habían resuelto, a su hermano. Éste opta por pronunciarse contra su hermano apoyándose en un ejército extranjero. Durante el enfrentamiento, ambos terminan muertos mano a mano. Debido a esto, Creonte, tío de ambos, toma posesión del trono de Tebas y decide promulgar una nueva ley: no se darán los honores rituales ni sepultura al cuerpo de Polinices por ser un traidor. A pesar del dictamen, Antígona le da los honores rituales y sepulta el cuerpo. Creonte al darse cuenta de ello, decide una vez más desenterrar el cuerpo y mandar a apresar a quien ose no cumplir su mandato. En esta ocasión, Antígona, al querer dar sepultura nuevamente, es atrapada por dos centinelas y llevada ante su tío. Ella confiesa el acto apelando que ella obedece a leyes divinas, eternas e inmutables. Creonte condena a muerte a Antígona. Al saber el dictamen de Creonte, Hemón, hijo del mismo y novio de Antígona, trata de convencer a su padre de que Antígona no merece la muerte, sino ser recompensada por no dejar el cuerpo de su hermano insepulto y convertirse en manjar de perros y buitres. Sin embargo, Creonte se niega a liberarla. Después de esto, Tiresias, el ciego adivino, se presenta ante él para advertirle que los dioses no están de acuerdo con su dictamen y que si no da marcha atrás a su obstinación, alguien conocido pagará con su vida. Así, Creonte decide mandar a sepultar el cuerpo de Polinices y liberar a Antígona. Sin embargo, un mensajero encuentra muerta a Antígona y a Hemón. Eurídice, esposa de Creonte y madre de Hemón, al recibir la noticia, se suicida.

¿Qué tiene de particular esta tragedia con respecto a la de Edipo Rey? ¿Qué sucede si analizamos el caso de Antígona bajo estas estructuras psicoanalíticas? En primera instancia, Antígona es hermana e hija de Edipo, sus hermanos son al mismo tiempo sus sobrinos; su mamá es su abuela, etc. Las relaciones de parentesco en las cuales se encuentra Antígona no proporcionan ninguna coherencia para posicionarse en la realidad. El tabú del incesto parece no estar operando claramente y a pesar de ello, Antígona no se encuentra fuera del parentesco. Esto permite mostrar que las posiciones dentro del parentesco son frágiles y permeables. ¿Si el parentesco se muestra como susceptible de ser cambiado, entonces qué es si no es algo ya dado por naturaleza? El parentesco no es únicamente una estructura que permite entender y vivir la realidad, sino también un orden que es conformado por prácticas que a través de su repetición y realización se consolida dicho orden creando la ilusión de ser dado por naturaleza: “El parentesco no es simplemente una situación en la que ella se encuentra, sino una serie de prácticas que ella también realiza, relaciones que se reinstituyen en el tiempo precisamente a través de la práctica de su repetición”[3]. 

En segunda instancia, Antígona sin dejar de ser heterosexual, rechaza las prácticas que instituyen la heterosexualidad, esto es, el matrimonio y la descendencia. Esto se debe a que Antígona al violar la ley dictada por su tío Creonte, asume el castigo que le corresponde: la muerte. Asimismo, su género se ve tambalearse, ya que como mujer, ella se encuentra relegada a la vida privada (el hogar) y a pesar de ello, osa reivindicar su acto sepultando al hermano por segunda vez y admitirlo frente al Rey. En este momento, Antígona deja de estar relegada al espacio privado e irrumpe el espacio público al asumirse como soberana.

Esto da pie a que se cuestione si es realidad lo que se asume con respecto al Parentesco, al Complejo de Edipo y al Tabú del Incesto, ya que, a partir del personaje de Antígona se ponen en duda: el parentesco de donde desciende es ya incestuoso, y las posiciones son incoherentes y desplazadas en género constantemente. Esto permite concluir que la estructura del parentesco en tanto biológica y heterosexual no es la única que existe, sino todo se encuentra a expensas de la alteración, y así, puede ya configurarse desde otros ámbitos. Por ejemplo, si las leyes se apoyan en el discurso psicoanalítico para prohibir la adopción de niños a familias homosexuales debido a que no hay dos individuos de diferente género. El análisis de Antígona al tambalear dichos supuestos, permite la posibilidad de pensar sobre la apertura de las leyes, y sobre todo, un pensar que deriva en actos.


[1] Butler; El grito de Antígona, p. 110.

[2] Bajo el Complejo de Edipo, la psique del infante varón está configurada para sentir únicamente inclinación sexual hacia la madre y después debe ser superada para dar paso a convertirse en el padre de su propia relación. Dentro de dicho esquema, no se puede tener inclinación sexual hacia el padre, es decir, no hay posibilidad de ser homosexual.

[3] Butler; El grito de Antígona, p. 81.

 

 

 

 

Para citar este texto:

De Anda Celis, Verónica Angélica. “Reconstituyendo el parentesco” en Revista Sinfín, no. 2, noviembre-diciembre de 2013, México, 91-97pp.
http://www.revistasinfin.com/revista/

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