Otra música (La violencia en la música)

Por Gerardo Agustín Enciso Valverde

 

 

Introducción:

Hace unos años, cuando colaboraba en un blog llamado Notibar, leí en éste un artículo, escrito por una amiga, acerca de la música. Su postura me llamó mucho la atención, la cual se resumía en estas palabras:

“La música no conoce de límites, ni de prejuicios, ni de racismos y mucho menos de intolerancia y falta de respeto”.

Angélica Barrer

 

Después de pensarlo, exclamo lo siguiente: ¡Ojalá fuese cierto! Si bien es cierto que la música une, ha unido (y seguramente unirá) en muchos momentos a las personas, además de que en gran parte de ella se encuentran el amor, la tolerancia y el respeto, desgraciadamente no siempre es así. Inclusive en algo como la música, que en muchos momentos ha servido de unión (y que creo que de hecho es parte de su función en tanto arte) se encuentran también los límites, los prejuicios, el racismo, la falta de respeto, la intolerancia… En resumen: la violencia.

Y bueno, a manera de contestación, desarrollé por ese tiempo la base de este pequeño ensayo titulado “Otra música”, ahora reeditado para su publicación en la Revista Sinfín

 

Otra música  (La violencia en la música)

Dedicado a Angélica Barrera, a quien le agradezco que me haya hecho pensar este problema.

(Comienza nuestro diálogo…)

 

La música, así como todas las demás artes, es una muestra del pensamiento humano, así como de su sentir, de su actuar, de su vivir en el mundo. Este vivir siempre se realiza dentro de una cultura, dentro de un contexto social, histórico, político, histórico, geográfico, etc. La música, es entonces, un reflejo del vivir del ser humano dentro de una determinada cultura.

Sin embargo, podemos notar que este vivir del ser humano no es uniforme, dada la diversidad de culturas y contextos en los que éstas se encuentran. Esto se ve claramente al comparar la forma  de vivir del ser humano en una cultura y en otra. Poniendo un ejemplo: es muy diferente la manera de pensar, sentir y actuar en el mundo de un ejecutivo norteamericano y de un aborigen australiano, ya que pertenecen a culturas radicalmente distintas. Esto lo podremos notar al conocer sus costumbres y tradiciones, así como su arte, siendo evidente que hay una diferencia al escuchar y comparar la música surgida de estas dos formas de vivir, por poner un ejemplo.

Música de Australia:

 

 

Música de EUA:

 

 

Encontramos, entonces, que la música de ambas culturas es muy distinta, lo cual ejemplifica las diferencias de pensar, sentir, actuar y en suma, de vivir, que el ser humano desarrolla en ellas.

Ahora bien, probablemente no podamos evitar sentir una sensación de extrañeza al escuchar la música de la cultura originaria de Australia. Muchas veces sucede que al escuchar música de una cultura distinta a la nuestra sentimos que estamos percibiendo algo ajeno, distinto, desconocido, lo cual puede provocar en nosotros sensaciones de rechazo. De esto nos podemos dar cuenta al no poder escuchar durante largo tiempo este tipo de música, de otra música, si no estamos acostumbrados a ella.[1]

Este hecho sucede por la costumbre que tenemos de escuchar cierto tipo de música y no escuchar otro. Es decir, solemos aceptar con facilidad cierto tipo de música y rechazar otra, porque aceptamos como comunes ciertos sonidos y no otros, teniendo entonces cierto condicionamiento en nuestra percepción al escuchar música, aunque queramos en ocasiones evitarlo a toda costa.[2]

Asimismo, este condicionamiento puede surgir también de una forma de pensar, es decir, las creencias que tengamos con respecto a cierto tipo de música (y lo que relacionamos con ella) nos hacen aceptar o rechazar su escucha.[3] En otras palabras, nuestros prejuicios nos condicionan al escuchar música, además de que nos limitan a escuchar ciertas manifestaciones de ésta.

Por otro lado, cabe señalar que hay ejemplos mucho más drásticos de rechazo hacia esta música ajena a nosotros. En más de una ocasión en la historia de la humanidad se ha censurado la música, así como otras expresiones artísticas, de una cierta cultura para mantener los patrones del arte, del pensamiento… en suma, de la forma de vida de la cultura dominante. Un ejemplo es la censura por parte de la Inquisición a los sones (sí, a esos sones jarochos y huastecos que ahora están tan de moda), la cual llegaba incluso hasta el condenar a muerte a quien se osaba a cantar y bailar esos bailes pecaminosos y por demás cachondos.

Imagen tomada de: http://www.musiquesdumonde.net/La-Inquisicion-en-la-musica.html

 

Ahora bien, ante esto, valdría la pena hacernos las siguientes preguntas: Si esto no es intolerancia y falta de respeto hacia otras formas de pensamiento, de arte, de vida… ¿qué es? Si esto no es violencia… ¿Qué es? Esta censura muestra la falta de comprensión y de tolerancia hacia otra(s) cultura(s) y a sus expresiones artísticas como la música.

Inclusive esta censura también está presente dentro de la misma música, ya que en muchas ocasiones se le imponen los cánones estéticos de la cultura dominante a las producciones musicales (y artísticas en general) de otra(s) cultura(s), para poder aceptarlas como estéticas o valiosas, rompiendo el significado originario de éstas.

monjas

Imagen tomada de: Internet

 

Este fenómeno cultural,[4] del cual apenas hemos mostrado algunos ejemplos, tiene muchas más implicaciones que lo que podemos escribir aquí. Esto, que podríamos llamar “intolerancia  musical”,[5] nos hace rechazar, inclusive sin quererlo y sin ser conscientes de ello, muchísima música y muchísimas expresiones culturales que, además de generarnos una singular experiencia estética, nos abren la mente y el cuerpo hacia la aceptación de otras formas de expresarse, de pensar, de sentir, de vivir en el mundo y, con ello, la aceptación de otras culturas.

Todo esto nos hace pensar que, como pertenecientes a una cultura, por lo general estamos seriamente limitados en cuanto a apreciación musical[6] se refiere. Sin embargo, esto no quiere decir que no podamos abrirnos al conocimiento de otra música. Abramos pues nuestros oídos (y claro, todos nuestros sentidos) para, con esto, abrirnos a otras formas de pensar, de actuar, de expresar, de sentir, de disfrutar y de sufrir el mundo… en una palabra: de ser-en-el-mundo.

Muchas gracias, tlazokamati, por tu lectura.

¡Namasté!

 

Musica

Nota: Originalmente el ensayo estaba titulado “Otras músicas”, lo cual remarcaba el sentido de diversidad de música que hay debido a la diversidad de culturas, formas de pensamiento, (…) formas de vida del ser humano. Sin embargo, quise dejarle el título “Otra música”, remarcando el hecho de que, a pesar de que existen estas diferencias, es música también, por lo que cobra importancia el abrirse a escuchar las diferencias, a escuchar esta otra música y reconocerla como tal.

 

Fuentes/Sitios recomendados:
Sitio acerca de música del mundo, de donde tomamos el dato de la censura de los sones por parte de la Inquisición:
http://www.musiquesdumonde.net/La-Inquisicion-en-la-musica.html
Un sitio extraordinario donde podemos encontrar gran cantidad de música de didgeridoo, para comenzar a abrirnos hacia otra música y forma de vida:
http://didgeridoo-descargas.blogspot.com/

 


[1] También esto muestra el poco interés que por lo general tenemos ante esta música y esta cultura que sentimos tan ajena. De hecho, podemos afirmar que éstas no ocupan mucho de nuestra atención ya que, si enfocáramos ésta en tratar de entender y disfrutar otra música (y por extensión, otra cultura), buscaríamos más piezas musicales, más producciones culturales, más información acerca de ella, lo cual desgraciadamente no hacemos muchas personas.
[2] Esto es en cuanto a la percepción, aunque también puede suceder por prejuicios ideológicos, siendo el rechazo de cierta música una cuestión tanto de la percepción como del raciocinio, del inconsciente como del consciente, como veremos a continuación.
[3] Incluso solemos rechazar música de nuestra propia cultura por nuestros prejuicios; estos pueden ser de muchos tipos, habiendo por ejemplo prejuicios relacionados con nuestras clases o grupos sociales. Un ejemplo muy común es el rechazo anticipado de géneros musicales como guaracha, cumbia o banda, por parte de ciertos grupos sociales, por considerarlas “música de nacos”, lo cual muestra un condicionamiento implícito de quien se refiere así a esa música, así como un rechazo y un desprecio, una actitud negativa, a cierta forma de pensar, de sentir, de actuar, de vivir, que esta persona relaciona a esta música. Sin embargo, esto es perjudicial, ya que ésta ni siquiera se da la oportunidad de escuchar este otro tipo de música (y de pensar, sentir, actuar y vivir), por lo que desconoce en realidad si es bueno o malo, sólo la desprecia por prejuicio.
[4] Si bien es un fenómeno cultural, también sería social, psicológico y filosófico, por lo que tiene implicaciones en estos ámbitos.
[5] Intolerancia que en muchos casos  se puede traducir como violencia. Claro que podremos encontrar casos mucho más explícitos, así como más violentos, que otros. También podremos encontrar muchas expresiones de la intolerancia en la música: intolerancia religiosa, intolerancia cultural (ambas mostradas en el ejemplo de los sones), incluso algo que podríamos llamar “racismo musical”; por ejemplo: un antisemita podría ver como inferior una producción artística sólo por haber sido realizada por una persona judía.
[6] Con esto también estaríamos limitados en cuanto a apreciación artística y cultural se refiere.

 

 

 

Para citar este texto:

Enciso Valverde, Gerardo Agustín. “Otra música (La violencia en la música)” en Revista Sinfín, no. 3, enero-febrero, México, 2014, 30-37pp.
http://www.revistasinfin.com/revista/

 

 

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