Las emociones perdidas Reseña del libro Las Sombras de Fabián, de Adán Echeverría

Por Jorge Daniel Ferrera Montalvo

 

 

Cuando hace unos meses el escritor Adán Echeverría nos compartió, a las_sombras_de_fabiantravés de las redes sociales, la noticia de la publicación de su más reciente libro, Las sombras de Fabián, lo primero que advertí fue su vocación y destreza literaria para incursionar en un género tan poco estimado. Por lo general se piensa que los creadores de literatura infantil requieren del mínimo esfuerzo para presentar argumentos verosímiles a la realidad de sus lectores, pero como ahora  vamos  comprendiendo –a partir de los estudios destinados a la materia– esto resulta una total mentira. Desde la concisión del lenguaje, la estructura del relato y el tratamiento del tema, el escritor para niños y jóvenes no sólo necesita apartarse de sus horizontes culturales, sino también rememorar e indagar sus emociones perdidas; volver a percibir e interpretar el mundo como cuando era un niño. Está por demás decir que los niños y jóvenes descubren y sienten de un modo distinto. Sin embargo, es en este sentido por el cual el libro de Adán es diferente: porque invierte los órdenes tradicionales, las formas de representar y asumir lo ilusorio en nuestras vidas. Las sombras de Fabián puede leerse como un signo de iniciación a la madurez, un despertar de consciencia que pugna por enfrentar la realidad que lo atañe; es asimismo, una metáfora del pasado: las sombras de Fabián son nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestras propias sombras por supuesto.

Un elemento preponderante a lo largo del libro es la presencia de lo fantástico. Lo fantástico como tema, lo fantástico como condición sine qua non, lo fantástico como vehículo para acercarse a los niños. En Las sombras de Fabián, el relato se dimensiona cuando el protagonista,  tras ser enviado a su cuarto, descubre que puede jugar con las sombras proyectadas por sus manos. Es en este momento cuando acontece lo realmente maravilloso: “Y al desdoblar las manos, la sombra del cachorro corrió por las paredes.” De pronto, como si de un truco de magia se tratara, la frontera entre la realidad y la ficción se ha roto, un nuevo orden, en donde todo es posible, se instaura y los  rayos de luz y la alcoba –como espacio íntimo– se vuelven requerimientos indispensables para que esto suceda. Así, lo fantástico se despliega desdibujando una atmósfera de luces y sombras, de certeros contrastes, como lo es sin duda nuestra propia vida.

Otro aspecto relevante en la obra de Adán Echeverría es la representación familiar. La sombras de Fabián, en uno de sus planos argumentativos, puede interpretarse como una refinada crítica a la comunicación familiar. El cuento, entrevera una situación de premio y castigo, de estímulo y respuesta,  que se expresa cuando los padres advierten el comportamiento hostil de su hijo. Por otro lado, no es menos significativa la contribución de las ilustraciones. Presentadas con equidad de género, por lo que a grados de participación social y estereotipos respecta, las imágenes ayudan y multiplican la comprensión del texto.

Las sombras de Fabián es un libro infantil que se circunscribe con sagacidad en su contexto histórico. Ya sea para quien interprete un anhelo por la fantasía o para quien defina una preocupación real por la madurez, el libro ofrece una cortina de temas actuales. Es un libro para leerse en voz alta con total disponibilidad de espíritu.

 

 

 

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