4 Poemas de muestras de urbanidad

 

Por Aleqs Garrigóz

EL MANIQUÍ

 

Carente de articulaciones, tieso cual esfinge,

se erige el maniquí, con su sonrisa falsa.

No será prudente que lo llame con todas mis fuerzas.

Nada, ni el menor movimiento.

Ni sus párpados le caen.

Sus pupilas están crispadas,

como si un terror estirado anidara en ellas.

 

Sus genitales anudados me producen asco.

Encuentro su ombligo. ¿Qué grotesca madre lo habrá parido?

Sé que si despertara de su letargo

sentiría vergüenza, culpa, lástima de sí mismo,

por estar tan solo y tan expuesto.

 

Él no sabe la fortuna de su condición:

ni su piel será lacerada por el frío

ni el herpes florecerá en su boca.

 

Rápidamente lo visten y adornan ridículamente,

pero jamás emitirá una queja accidental.

Han traído algunas pelucas anticuadas

y lo coronan como es debido.

 

Cortésmente me despido de él.

Lo saludo al alejarme, mirando a través de la vitrina,

como si mirara ante un espejo.

 

EL TRAVESTI

 

El travesti abre la ventana de su cuarto

y se ofrece a las miradas.

Pinta en sus labios, ante un espejo cortado,

la vagina roja y palpitante

que no tiene.

Corre hacia arriba sus medias negras,

peina sus cabellos oxigenados.

 

Se asemeja a una burda muñeca inflable:

kilogramos de maquillaje, extensiones capilares,

uñas de acrílico, senos de goma,

tacones con punta de aguja,

…cinta de unir en el corazón.

 

Y de pronto, el cuarto se ilumina

como por un poderoso reflector

lo mismo que un foro de televisión;

y el vacío se repleta de diálogos inventados

en el bullicio de una corte

donde todos son como… ¿él?

 

Y sale al fin contoneándose del cuarto apretado

donde nadie lo espera.

 

Dick_IMG_3562
Fotografía de Dick Keis

 
 

EL FARSANTE

 

Huele a leche agria y al perfume de tiendas baratas;

y bajo la gruesa placa de maquillaje

no hay pedazo de luz en su cara.

Pero finge, finge con pretensión ingrata

al no haber clima benigno en su alma.

 

Se imagina especial en su pose y con vacío hablando

de ideales que cuestan caro, de leyes, genios y artistas,

haciendo burla de ritos paganos y mancias;

pero su casa es la ruina del caos,

nido de cucarachas donde ha pillado sus mañas.

Y es esclavo de sus propias falacias.

 

Dice que llueven semillas de oro en su techo

y hablar con la felicidad a cualquier hora

mientras sus tripas con dolor se devoran.

Y cada noche llora a solas.

 

Llora sí, y de orín son sus lágrimas,

pues siente el pesar de la vida sobre su espalda

como tenedores clavándosele en la espina,

deseando con todas sus fuerzas esconderse del mundo

refugiándose en una vagina.

 

 

 

DE UN BREVE NOVIAZGO

 

Compartimos sólo una incómoda borrasca.

Te vi morir por mí, en todo;

y aún me asusto, como ante lo natural mismo.

 

Recuerdo nuestras citas furtivas,

las tardes en que nos cansábamos

frente al incesante crepitar del sol;

los concurridos cafés donde tú pedías mi interés

y yo pedía un vaso de agua, para ahogarme;

esa tensa cuerda rompiéndose en las entrañas;

el plato de vidrios rotos que apurábamos con idéntica saliva amarga,

en silencio, frente a frente, con un enjambre de preguntas

gravitando a nuestro alrededor, que jamás fueron hechas:

el miedo extendiéndose como una mortaja.

Y yo, como un payaso en medio del caos,

permaneciendo por no saber huir.

 

Cada utensilio de mesa nos hacía un guiño;

las servilletas y el mantel se deslizaban

queriendo escapar, para no ser salpicados en sangre.

La multitud a nuestro entorno, esperando el fin de la escena,

reía, como ante el espectáculo barato.

 

¿Qué se hace en un momento así?

¿Cuál es el siguiente acto del sainete?

¿Qué cubierto utilizo?

 

Huiste porque yo veía siempre el vaso a medio llenar,

porque para mí las flores eran más bellas en la otra mesa.

Desertaste y fue más que un duro tajo tu afrenta

porque yo era pesimista y te daba poco,

decías…

 

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Fotografía de Reina Ferradas

 
 

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