Lento paso

Hubert Matiúwàa

 

 

1

Si el silencio construye más que la palabra, guardaré la palabra, la quitaré de mi piel, dejaré que hormigas arranquen mi lengua, que la tormenta inunde al niño de mi oído, mi cuerpo ya no dirá nada más y mis manos, mis huesudas manos amarillas se quedarán donde pega el sol, bajará mi cuerpo de entre mis dedos, se detendrá en tu boca, abriré un día y echaré mis ojos para que se queden contigo, luego entonces, llenaré de silencio mis huecos, sembraré aves en los acentos que deambulan los sueños y sólo después, ya no me verás sonreír, ni buscar la palabra en tu frente de tierra, ni seguir el aire con que compones tus días, porque te construiré en silencio, también te abriré un tiempo donde serás: río, pájaro corta nube, ojo de noche, lengua de lluvia, y yo seré, piedra torcida, vientre de hueso, entonces, el frágil esqueleto del cuerpo hueco se quedará ahí pensando donde tuerce el silencio la palabra y construye tu nombre.

2

Hay en el temblor un frío que llega laminado, se instala en la palma con que te tiemblo, un hueso que mide los fantasmas del sueño, silogismo que te enciende miedosa en lámpara de mar, donde guarda tu carne el amarillo vuelo, ¿hubo un remolino de aves en la niña de tu oído?, las zancas hicieron días en el ombligo de tus dedos, terroso y agrio brota el gozne del augurio ¿Y si por ejemplo, habitara una noche en el filo de la espina, si fuera murciélago en la cueva de tu vientre?, el agua de vuelta, abeja en la punta de tu labio, ¿hay un nido de vuelos nocturnos que llevan a ti?

 

3

De otro tiempo ha emergido este paso, lento en tu pecho de ave descalza, que no sabe ni cómo le viene el gorjeo donde se sentó la noche a crear  posibilidades que no he sido, esos “otros” que construyen ríos y han venido a tu piel, a sembrar redes con que se amarra el sudor de tu ombligo, nuestro ojo tendido de arañas, origen, esperanza que esconde el faisán que no llegará. Yo, casa de tormenta, garganta que busca la gota de tu lluvia, en el cruce de los otros que soy.

 

4

Caigo del hueso, entre el vuelo de la palabra sueño tu ombligo, caigo en la grieta donde anidaron las aves que florecieron tu lengua de lluvia, caigo en el aullido de los terribles niños que fui, en el umbroso ojo del venado donde empezó la palabra, caigo en el gorjeó de la saliva, en la constelación del silencio que guarda nuestros pasos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Para citar este texto:

Matiúwàa, Hubert. “Lento Paso” en Revista Sinfín, no. 16, marzo-abril, México, 2016, 48-49pp. ISSN: 2395-9428: http://www.revistasinfin.com/revista/

 

 

 

 

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