Monólogo del suicida

Antonio Guevara

 

Temer al amor es temer a la vida,
y los que temen a la vida ya están
medio muertos.
Bertrand Russell.

 

El alicaído tesoro de ser leal aprendí.
El código de ver, escuchar,
morderme la lengua. Sobreviviente
ante ningún peligro. Ineficaz.
Dejé de creer en el apego a mis huellas
permití al alcohol ser mi confidente,
en barbitúricos quedó mi consuelo.

Al observar la anuencia del inconforme
correspondí al desprecio
de las instituciones por mi ontología.
Copié el corolario de ser “feliz”
darle la espalda a los problemas
que se asoman en forma de gusanos
a la superficie.

La filosofía del destino es para pusilánimes.
Una vez con la oferta, se crea la demanda.
Nunca he respetado la impulsividad
del que confía en el coloquio del habla.
Me perdono por no ver lo evidente.

 

Mi amistad con la desesperación me enseñó
a no hincarme ante ella, aunque ambos
iluminamos el sendero de la torpeza.

Ingenuo llegué a respetar al humilde
por su condición humana, me dije,
esa que no sabe de status y apuñala
el juicio de los lunáticos.

A carcajadas me he comido la manzana
del conocimiento, con odio espero
el momento para hablar.
No hay verdades, ni voluntad.
La vida se recuesta sobre el acto.
Sin ideal no hay sentido.
No creo, soy inherente a la nada.

 

 

GE
Fotografía de Moira Gelmi

 

 

 

 

Para citar este texto:

Guevara, Antonio. “Monólogo del suicida” en Revista Sinfín, no. 18, julio-agosto, México, 2016, 19p. ISSN: 2395-9428: http://www.revistasinfin.com/revista/

 

 

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