El Festival Sanctoarte en Real del Monte

SERIE NUEVOS HORIZONTES (2 de 5)
EL FESTIVAL SANCTOARTE EN REAL DEL MONTE
Por Alizbeth Mercado y Pedro Sánchez
Los Güeros

 

 

FESTIVAL SANCTOARTE 2015

Por las obscuras veredas, por empinados senderos,
regresan de su trabajo a descansar los mineros.
Y jadeantes, fatigados, van por el camino obscuro.
A lo lejos, son estrellas las lámparas de carburo.

Tras el cerro del Judío la luna avanza.
Y Real del Monte, tranquilo, de sus fatigas descansa.

Luis Jiménez Osorio, “Mi tierra Real del Monte”.

 

 

REAL DEL MONTE, Pueblo Mágico, octubre 31, 2015: Después de dos horas y media llegamos a uno de los tres pueblos mágicos del estado de Hidalgo (los otros dos son Huasca y Mineral del Chico). El amable conductor de la combi nos dejó frente al Instituto de Artes de la UAEH en donde buscaríamos a la licenciada Erika Villanueva Concha, quien nos daría toda la información del Festival Sanctoarte.Foto 6

Al traspasar las puertas del instituto nos encontramos con una bella construcción cuyos senderos conducen a diversos edificios, cuyos techos a dos aguas le dan un toque de solemnidad al lugar. La licenciada nos presentó a David Pérez Becerra, el simpático y atento director del festival, que nos dio un recorrido fast track por todas las actividades que se presentarían a partir de las siete de la noche. Como llegamos con mucha anticipación aún era posible ver a los alumnos afinando los últimos detalles de las ofrendas, retocando el maquillaje y a los técnicos realizado la prueba de audio del escenario principal.

Muy amablemente, y para hacer tiempo, nos invitaron a comer al restaurante Tejeda El Serranillo que se encuentra frente al instituto. El restaurante es bonito y se puede comer muy sabroso ya sea en la planta baja o en su primer nivel. Para aprovechar el viaje pedimos diversos platillos y los compartimos. Como entrada pedimos unos sopes con nata y una sopa de betabel (los primeros sabrosos y la segunda muy bonita pero no tan sabrosa), después probamos un salmón con pasta (¡esplendido!), unas enchiladas mineras compuestas con costilla (tortillas fritas bañadas con salsa verde, crema, queso fresco, betabel y aros de cebolla: ¡extraordinarias y llenadoras!), en tercer lugar –y por recomendación de nuestros anfitriones– unos pastes de mole verde (de buen tamaño y suculentos), y de postre una ensalada de betabel con cacahuate y caña. De beber solicitamos agua fresca, una cerveza oscura, té y una taza de chocolate.

Regresamos al instituto para tomar algunas fotografías, vídeos y realizar algunas entrevistas. Antes de las seis de la tarde Erika (ya éramos amigos) nos recomendó que subiéramos a la combi que llevaría a los músicos al panteón de San Felipe en donde iniciaría la procesión. Así lo hicimos y nos fuimos entre unos actores que terminaban de maquillarse y los músicos, que repasaban con sus labios y manos, los acordes de algunas melodías.

A las 6 de la tarde descendimos de la combi. Permanecimos debajo de un techo mientras que los músicos de la Poderosa Banda Diamante, de Pachuca Hidalgo, afinaban sus instrumentos y se colocaban al frente de los alumnos, profesores, habitantes y visitantes que recorrerían algunas calles del pueblo en La Procesión de la Calaveras, evento con el que iniciaba la onceava edición del Festival Sanctoarte.

La lluvia, la oscuriFoto 2dad y un perrito de color negro se integraron a la procesión en la calle Francisco I. Madero. Con estos elementos el recorrido adquirió un aire de carnaval fantasmal que era apreciado –y grabado– por los habitantes del pueblo desde la puerta, balcones y ventanas de sus casas. Ocasionalmente la procesión se detenía para que los alumnos pudieran lucir sus disfraces, bailar, gritar y arrojar pétalos de flores y granos de arroz al aire. De igual forma este era el momento indicado para que los visitantes apreciaran la arquitectura de lugar, entre la que destacan: la iglesia del Rosario, el Jardín principal con su kiosco, el mercado que aún estaba abierto y con marchantes, y el interesante monumento al minero.

Cuando faltaban 10 minutos para las siete de la noche (y tras recorrer las subidas, las bajadas y los escalones de las calles Héroes del 47, General Tapia, Jiménez de la Paz e Hidalgo) la procesión llegó al instituto, cuyas puertas se abrieron tras la pronunciación de unas palabras de bienvenida al festival.

Una vez que se ingresaba al instituto era posible apreciar en un primer plano diversos altares iluminados con veladoras y luces de colores, y en un segundo a varios alumnos vestidos con suéteres de color rojo que entregaban el programa de mano y explicaban de forma amable cada una de las actividades. El programa de mano contenía un mapa que ofrecía dos opciones para recorrer y observar las diversas actividades del festival: a la izquierda y a la derecha.

Por cuestiones prácticas –y porque debíamos regresarnos antes de las ocho y media– decidimos realizar el recorrido de forma separada. En un principio caminamos por el mismo sendero pero después Alizbeth fue al concierto de piano Shumman’s Skull. Yo seguí por el lado izquierdo y pude apreciar la instalación El descarnado, realizada por los alumnos del primer semestre del taller de escultura y dibujo y coordinada por los maestros GabriFoto 4el Téllez y Víctor Caballero, que presentaba una ofrenda cuyas calaveras eran muy vistosas y muy fotografiadas.

Unos metros más adelante, en la planta alta de un edificio, se encontraban tres propuestas artísticas de gran calidad. La primera era una muestra de cerámica de baja temperatura que se encontraba en el descanso de las escaleras y que se llamaba Tzompantli. La segunda era una propuesta visual No sé que tienen las flores, integrada por los micrometrajes: 3/4 y los otros, de Shamir B. González; Resurrección, de Joel Olivares; Altar, de Daniel Corona; Dicotomía, de Martha P. Ortiz; En octubre, de Jesús Laguna y Karla Luna, y Ausentes calaveras, de Julieta Sánchez Hidalgo. La última era la muestra de grabado en linóleo Un ritual para mi olvido, las piezas que la integraban presentaban buenas hechuras y mostraban al espectador calaveras, gatos, mujeres, trajineras y motivos prehispánicos.

Conforme avanzaba la noche seguían llegando visitantes, incluso más perritos, y la lluvia se hacia más intensa. Para resguardarme un poco ingresé a la cafetería La Pecera Galería. En la parte exterior de la cafetería se encontraba una ofrenda iluminada por varias luces de color naranja que le daban un aspecto siniestro a los seis alumnos que se encontraban de pie tras la ventana. A la izquierda había una pequeña barra en la que se podían comprar café y a la derecha la exposición de fotoensayo Ni una más, compuesta por quince imágenes que mostraban mujeres en diversos espacios y cuyo objetivo era reflexionar en torno a la violencia de género.

Otras de las actividades que observé fueron la obra El viaje de los cantores (es importante señalar que esta puesta en escena era el trabajo final de la XVII generación de alumnos de la licenciatura en Arte Dramático), las instalaciones Un ritual cada comida y El camposanto, el proyecto fotográfico Cala-veras, y escuché algunos acordes del concierto de piano Shumman’s Skull.

Foto 5

Con una aguacero a cuestas recorrí el Barrio Muerte en el que una seductora mujer vestida de blanco y una calavera invitaban a los transeúntes a permanecer a su lado, o a tomarse la foto del recuerdo. Antes de dirigirme al escenario principal se acercaron varias personas, con sus suéteres de color rojo, a invitarme tamales, atole, café y pan de muerto. En el escenario sonaban los últimos acordes musicales de la presentación de danza Tsïtsïki urápiti.

Mientras concluía la danza conversé muy brevemente con David Pérez Becerra. David me comentó que cada una de las propuestas artísticas del evento se planean a largo de un año con el objetivo de que tengan una alta calidad que permita a los habitantes y visitantes tener una experiencia lúdica que integre sus cinco sentidos.

A las ocho veinte nos reencontramos en la entrada principal. Aliz me dijo que el concierto de piano había estado muy interesante. Mientras guardábamos la cámara fotográfica, que amablemente nos prestó nuestro amigo Ollin, nos despedimos de Erika y David. Salimos del instituto y abordamos una combi para regresar al Centro de Pachuca. Al pasar por el Serranillo lamentamos no haber comprado pastes y nata para llegar a cenar, y de igual forma recordamos que no visitamos el panteón inglés. Pero ya tendremos oportunidad de regresar a este pueblo mágico y tan bonito.

Alizbeth Mercado/Pedro Sánchez
Los Güeros
Texto y fotos, salvo el cártel del festival
Noviembre 2, 2015

 

 

 

 

 

 

Para citar este texto:

Mercado, Alizbeth y Pedro Sánchez. “El Festival Sanctoarte en Real del Monte” en Revista Sinfín, no. 14, noviembre-diciembre, México, 2015,  26-31pp. ISSN: 2395-9428.

 

 

Pedro Sánchez

Cronista de Tepito.

Una Respuesta a “El Festival Sanctoarte en Real del Monte”

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