Un gran Aj Bej

Nuestros queridos Yuumtsil que recorren los caminos y las veredas para llegar a nuestras comunidades, siempre cargan en su sabucán conocimientos, saberes, valores y pendientes. Se nos han aparecido con rostro de lluvia, viento, fuego, flores, agua y hasta de piedra.

En algunas ocasiones se nos han aparecido como artesanos, músicos, pensadores y creadores de narrativa y poesía como es Feliciano Sánchez Chan a quien hemos descubierto y reconocido como un gran Aj Bej en la península de Yucatán. Es, no sólo un éetil, sino un Yuum que ha desparramado generosamente la palabra, esa palabra de nuestras abuelas y abuelos, esa palabra antigua, ese wáayt’aan, la palabra mágica; entre niños, jóvenes, mujeres y hombres que hemos nacido y crecido con ese regalo aquí en el maya kaaj.

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La palabra de Yuum Feliciano está henchida de óol, muuk’, siip, muut y k’i’inam, de estas energías; por eso es un maestro extraordinario, ha puesto la semilla no sólo en la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes donde ha sido fundador y sigue como un gran okom, sino en toda la península, en muchas partes del país y en muchas partes del mundo.

Su obra publicada es solamente una muestra muy pequeña de su potencial, de su conocimiento, de sus sueños, de la fuerza de sus manos y de la riqueza maya de su corazón; sus ojos siempre están puestos sobre quienes iniciamos en las veredas del nikte’ t’aan para animarnos, para orientarnos, para presentarnos en los numerosos foros que organiza, que gestiona, que promueve. Ha tenido la fuerza para abrir puertas en las plazas comerciales, en los parques, en las ferias, en los centros culturales para tomar el micrófono y extenderlo a quienes estamos abajo y en nuestra iniciación. Somos muchos los que hemos podido, desde la caverna, mirar la luz del boquete de ese mundo más iluminado gracias a Yuum Feliciano, que bien puede ser un Yuum Iik’ o un Yuum K’iin.

Es de reconocer y admirar el que sea un Yuum de la palabra maya; en su aula de clases sufre una pérdida, deja de entender el español o más bien se le olvida completamente, de tal manera que sólo quien habla maya puede comunicarse con él, vierte una lengua maya durante tres horas de sesión sin agujeros ocasionados por los proyectiles del español como el mayañol que muchas veces se escucha en otros centros.

A Yuum Feliciano le tenemos respeto y cariño por ser nuestro profesor, por ser difusor de la cultura maya, por abrir puerta a decenas de jóvenes y no muy jóvenes en el mundo de la palabra florida; sabemos que esa lucha de vocación le ha costado mucho esfuerzo y dolor, hemos sido testigos de sus lágrimas por la pérdida de nuestra lengua y cultura, por la pérdida de nuestro querido Isaac Carrillo, pero igual hemos sido testigos de las agresiones físicas que ha sufrido por defender la palabra y la cultura maya.

Como activista, término que le queda muy pequeño a Yuum Feliciano, ha empeñado sus manos, ha puesto sus pies entre lodo, pero sobre todo ha expuesto su frente para decir lo que se debe decir según nuestro pueblo maya ante autoridades, ante académicos, ante investigadores y ante nuestro propio pueblo. Es un defensor del territorio maya porque sigue siendo en Xaya, comunidad que lo hizo nacer; campesino, sigue aprendiendo y enseñando en su milpa, sigue caminado en las entrañas de Yuum K’áax, sigue participando en los legítimos ritos agrícolas que se organizan por las comunidades; es un activista por pasión no por profesión, es la encarnación de uno o más Yuumtsil.

Sirva estas limitadas, pero cariñosas palabras para reconocer, agradecer y honrar a un sembrador de la cultura, de la palabra florida. He decidido dedicarle estas líneas porque creo que es ahora y no en un funeral cuando debemos hablarnos. Deseo igual que el espacio en el que ha sido fundador y gran okom, porte orgullosamente las palabras que consagran su nombre.

Para citar este texto:

Uc Be, Pedro. “Un gran Aj Bej” en Sinfín. Revista Electrónica, no. 25, año 5. México, mayo-junio 2019, pp. 7-8. ISSN: 2395-9428: https://www.revistasinfin.com/revista/

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