Gonzalo Vilo

Sofía

Hicks abrió la puerta de su habitación y oprimió el delgado interruptor con un débil movimiento de su dedo índice. Allí, sobre la cama, cubierta por un hermoso vestido rosado, estaba su pequeña Sofía esperándolo. Él le sonrió. –Mi chiquita –murmuró enternecido–. Mi bella delicia. Se subió a la litera y llegó hasta ella gateando....

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