Guillermo Ríos Bonilla

El vómito

Guillermo Ríos Bonilla       Dos cosas interrumpieron el sueño del terrible lagarto: el recuerdo del estruendo que había retumbado en toda la Tierra algún tiempo atrás y un fuerte dolor de estómago. Se levantó sin lograr ubicarse y buscó presuroso algo que aliviara su malestar. Poco a poco el cielo clareaba y la...

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La madre de Angélica

Guillermo Ríos Bonilla. Los maullidos de los felinos que copulaban sobre el tejado de la casa perturbaron el descanso de Angélica. Mientras ella estudiaba, la noche la había sorprendido concentrada en las matemáticas, pero con el transcurso de las horas, el embotamiento le nubló la mente. Dejó encendido el computador, apagó la bombilla del cuarto y se recostó en la cama. Pensaba en lo aburridas que le parecían las matemáticas y que debía entregar el trabajo mañana a primera hora. Los murmullos de la noche la extraviaron, como una puerta de escape que le permitía abandonar su embotamiento, y la libertad de su mente, errando por instantes en el ocio, la hizo desplazar la mano con suavidad hacia la entrepierna.

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Las guarajas

Guillermo Ríos Bonilla     El autobús se movía mucho y había demasiado polvo porque la carretera no está pavimentada. Mis dos amigos y yo íbamos de vacaciones a la finca de mi abuelo. Yo les dije a mis papás que si podía invitarlos. Ellos me respondieron que sí, pero si sus papás les daban...

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El semáforo

Por Guillermo Ríos Bonilla   Aunque podía caminar entre los vivos y materializar mi cuerpo, no lograba concebir la idea de estar muerto, me costaba trabajo permanecer así. Algo me inquietaba mucho, no me dejaba morir y me obligaba a salir de la tumba y buscar… buscar… ¿qué cosa? No lo sabía, porque no la...

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Tumor sexual en el cerebro

Por Guillermo Ríos Bonilla   Gracias a peripecias y empujones, el joven logra ocupar un puesto en el bus. Va hacia la universidad y piensa en el examen de cálculo. Si no pasa esa materia, peligra su beca, y sin la beca no habrá dinero para continuar los estudios y le tocará meter el culo...

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La Ilíada

Por Guillermo Ríos Bonilla. Aquiles decidió no participar en la guerra convocada por Agamenón para rescatar a Elena de la fortaleza troyana. Muchísimos años después, sentado a la puerta Muchísimos años después, sentado a la puerta de su vivienda, Aquiles descansaba su pesado y viejo cuerpo sobre una silla mecedora. Miraba el mar y contemplaba el horizonte, mientras se acariciaba la barba cana. A su lado, un aedo le cantaba las hazañas de un formidable héroe llamado Héctor, domador de caballos, que con su valor patriota y sus guerreros había rechazado la invasión de Troya a manos de Agamenón y un gran ejército de aqueos.

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Burbujas de aire en la sangre

Por Guillermo Ríos Bonilla   ¡Después de mucho tiempo, vuelvo a las andadas! Para algunos pensadores medievales la esfera era la forma perfecta, todos los puntos equidistantes del centro; pero en este libro todos los cuerpos de los personajes toman la forma de lo volátil y lo efímero, lo que pasa en un día o...

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Los vástagos del ocio

Por: Guillermo Ríos Bonilla   Encuentros amorosos, filiales, brutales, cómicos y trágicos. Encuentros decisivos o históricos, renuncias de grandes héroes y hallazgos inesperados entre libros de segunda mano. Secretos bien guardados, fugas y reyertas de los personajes contra su creador, paseos por la memoria de la infancia. Entre giros y vislumbres, las historias que encierran estas...

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La piedra

Guillermo Ríos Bonilla       Gran revuelo causó entre los más renombrados intelectuales, el descubrimiento de un trozo de roca hallado en un lugar recóndito de nuestra actual geografía. El objeto era una piedra de tamaño mediano, que se encontró por accidente mientras unos trabajadores perforaban el suelo para cimentar las bases de un...

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El Filosófo

Guillermo Ríos Bonilla     El gran filósofo griego se dirigió a su casa después del juicio, escoltado por dos hoplitas y algunos amigos. Al llegar se despidió de ellos y los dos hoplitas se quedaron custodiando la puerta. Adentro lo estaba esperando su mujer hecha llanto, a quien consoló con un fuerte abrazo. Después...

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El llamado de los Titanes

Guillermo Ríos Bonilla     Sentado en su trono de oro, Odín contemplaba con firmeza el mundo desde las alturas. Luego de unos instantes, llamó a sus dos cuervos, Hugin y Munin, con un leve silbido y les encomendó una misión. Hugin, entonces, voló desde los dominios de su amo hacia el oriente y cruzó...

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