Guillermo Ríos Bonilla

Nació en 1976 en Colombia (Florencia – Caquetá), y en el año 2004 se naturalizó mexicano. Es Licenciado en Filología Clásica por la Universidad Nacional de Colombia y Maestro en Letras Clásicas por la UNAM. Ha trabajado como profesor, investigador y corrector de estilo. Ha obtenido primeros, segundos, terceros lugares y menciones en diferentes concursos de cuento en Colombia, México y Argentina. Es autor de las siguientes obras de cuentos: Historias que por ahí andan, Los vástagos del ocio y Burbujas de aire en la sangre.

El vómito

Dos cosas interrumpieron el sueño del terrible lagarto: el recuerdo del estruendo que había retumbado...

La madre de Angélica

Guillermo Ríos Bonilla. Los maullidos de los felinos que copulaban sobre el tejado de la casa perturbaron el descanso de Angélica. Mientras ella estudiaba, la noche la había sorprendido concentrada en las matemáticas, pero con el transcurso de las horas, el embotamiento le nubló la mente. Dejó encendido el computador, apagó la bombilla del cuarto y se recostó en la cama. Pensaba en lo aburridas que le parecían las matemáticas y que debía entregar el trabajo mañana a primera hora. Los murmullos de la noche la extraviaron, como una puerta de escape que le permitía abandonar su embotamiento, y la libertad de su mente, errando por instantes en el ocio, la hizo desplazar la mano con suavidad hacia la entrepierna.

Las guarajas

El autobús se movía mucho y había demasiado polvo porque la carretera no está pavimentada....

El semáforo

Aunque podía caminar entre los vivos y materializar mi cuerpo, no lograba concebir la idea...

Tumor sexual en el cerebro

Gracias a peripecias y empujones, el joven logra ocupar un puesto en el bus. Va...

La Ilíada

Por Guillermo Ríos Bonilla. Aquiles decidió no participar en la guerra convocada por Agamenón para rescatar a Elena de la fortaleza troyana. Muchísimos años después, sentado a la puerta Muchísimos años después, sentado a la puerta de su vivienda, Aquiles descansaba su pesado y viejo cuerpo sobre una silla mecedora. Miraba el mar y contemplaba el horizonte, mientras se acariciaba la barba cana. A su lado, un aedo le cantaba las hazañas de un formidable héroe llamado Héctor, domador de caballos, que con su valor patriota y sus guerreros había rechazado la invasión de Troya a manos de Agamenón y un gran ejército de aqueos.

Burbujas de aire en la sangre

¡Después de mucho tiempo, vuelvo a las andadas! Para algunos pensadores medievales la esfera era...

Los vástagos del ocio

Encuentros amorosos, filiales, brutales, cómicos y trágicos. Encuentros decisivos o históricos, renuncias de grandes héroes...

La piedra

Gran revuelo causó entre los más renombrados intelectuales, el descubrimiento de un trozo de roca...

El Filosófo

El gran filósofo griego se dirigió a su casa después del juicio, escoltado por dos...

El llamado de los Titanes

Sentado en su trono de oro, Odín contemplaba con firmeza el mundo desde las alturas....