Cuentos

La cuota

—¡Papá, preguntan por ti! —vocifera Ana desde la puerta bailando al son de sus auriculares. —¡Te vas a quedar sorda y nos vas a dejar sordos a los demás! —protesta Hugo viniendo por el pasillo—. ¡Anda, deja ya la musiquita y ponte a estudiar, que es lo que tienes que hacer!

Pléyades

Andan juntas por el cielo sin separarse jamás como niñas asustadasMaría Rodés * Celeno estrecha su mejilla sobre la ventanilla del auto y siente como si el invierno se hubiera quedado en el cristal. El padre acelera en la carretera oscura que por las sombras, se vuelve a ratos, azul...

Miles de otros

—Madre, madre… ¿Qué ha ocurrido? Ella lo mira a los ojos y le acaricia la frente ensangrentada. Lo mece como si fuera un niño en su regazo. La sangre coagulada ha cerrado las heridas en sus pies y en sus muñecas, las llagas de los latigazos ya se confunden con...

Nween äjtsp / La danza de los ojos

Tëë n’äjty tu’uk po’ mätsk po’ ja’a yä’ätyëjk, ja’a to’oxtyëjk mëët ja’a mëtsk’ënä’äkjët jajp Tsëpäxkjekyixypy y’ookta’ koo ja’a nääx tsep ojts ijty mëët ja’a Jekyëpäjkp

Enemigos íntimos

16 de enero de 19**. La brisa de la redonda noche soplaba, la saliva meliflua del aire reblandecía su libertad-atada, mientras el fragoroso silencio, “…que los hombres dejaron detrás de sí…” reverberaba su luz sobre los vientos alisios. Anita, Mateo y Maximiliano se encontraban sentados en corro, bajo un techo...

Temporales

Últimamente, el tiempo va demasiado deprisa. Esta mañana tuvimos que desayunar en la fonda de la esquina porque amanecimos sin gas. Habían pasado dos meses desde la última vez que llenamos el tanque y ni cuenta nos dimos. —Me voy ya papá, que se me hace tarde para llegar a...

Mientras haya vida

No aguantaba lo grande de mi rabia. Querían reventarse, mi pecho, mis venas, mis ojos José María Arguedas (Agua). Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!Hacedla florecer en el poema. Vicente Huidobro (Arte poética). Se ha posado sobre mi pecho un cuervo. Lo ha picoteado desde que despuntó el alba....

El curandero

Después de que había cruzado el último río del camino que llevaba a El Duraznal me senté sobre una piedra grande para descansar unos minutos porque ya había caminado más de tres horas y mi par de huaraches también me lastimaban muchísimo. Y desde donde estaba sentado podía ver el...

Rosa azul

Don Quijote felicísimo e ileso en una esquina, sonriente, sostenía entre los dedos de esqueleto un mosquito pálido, aterrado y moribundo.Jorge Eduardo Eielson (En la mancha) Papá tiene una rosa azul que aún lo espera en casa. Una rosa diminuta que danza al ritmo de las olas que explotan y...

Evolución iterativa

I Con cuánta rapidez fueron cayendo las especies en la ceniza de la extinción. Inútil fue congelar óvulos y espermatozoides de los pocos ejemplares vivos, gestionar programas de cautiverio y reproducción y crear nuevas conservas ambientales; la desaparición de numerosos clados de anfibios, mamíferos, aves, reptiles y peces fue irreversible....

Cristos de banqueta

Nadie que siga teniendo el más ínfimo apego a este mundo quiere serlo. Se necesita una voluntad metafísica desbordada, una vocación autodestructiva y una estilita en ese desierto interior que llamamos alma. ¿Quién no ha visto a un teporocho, granada de Tonayán en ristre, tirado en la calle con los...

El crepúsculo de las palabras

Aquel era un día de verano, esplendoroso, donde las últimas lluvias cayeron con suavidad sin hender la tierra anegada en sangre. Era la hora maitines. El día iniciaba en una serenidad de tranquilo y exquisito fulgor. Las estrellas comenzaron a adormecerse y en la lontananza de ópalo apareció un celaje...

Creonte e Ismena

I Muerto. Muerta. Muerto. Muerto. Muerto. Muerta. Los cuerpos, los nombres se mecían al compás del recuento trágico. Como si los agitara el mar de olas geométricas que decoraba los frisos del palacio de Tebas. Ismena, velada, esbozó un gesto ambiguo y recomenzó. —¿Mi madre? —Muerta, ahorcada en el lazo...

Utopía de la vacuidad

I —Me regaló un compendio de plantas herborizadas, prácticamente disecadas. Según él, era mejor que un ramo de flores, que a los días se marchita y debe tirarse a la basura. Era un pequeño libro, donde en cada página estaba pegada una planta con su respectiva flor, una breve descripción...

Procedimientos

No hay absurdo que no haya sido apoyado por algún filósofo. Cicerón Onofre Ruiz, agricultor jubilado, sesteaba plácidamente en un banco del parque cuando un repentino traqueteo lo devolvió a la realidad. Aún amodorrado por la neblina del sueño, confirmó la llegada de un diminuto y destartalado camión en cuyas...

Fiesta de balas

Pasan de las diez de la noche y el castillo ha sido quemado en la plaza cívica. Los fuegos artificiales ahora son un armatoste coronado por una cabeza de toro disecada. Los niños se turnan para colocárselo sobre los hombros y perseguir a los otros en esa Pamplona exigua, oscura,...

El gorro del voivoda

Fortaleza de Poenari. Transilvania, 1280     Finta Aba –voivoda de Transilvania– había perdido su gorro durante una cacería de osos en los Cárpatos. Era bonito, hecho con piel de nutria –la mejor para los largos inviernos de la zona– y se adaptaba perfectamente a su cabeza. Pero, aun así, haberlo...

La mujer pronunciada

El musgo de la fuente, sus aguas cristalinas, el canto de las aguas que corren a su antojo, que se fugan, que escapan como el aire, entre los dedos, que mezclan la verdad con la mentira, pero también las horas que sueñan con la luna, que miran esa luna en...

El muchacho de los diez millones de dólares

—¿Te gustaría ganar diez millones de dólares? —le preguntó aquel muchacho millonario a través del chat. Emily leyó la pregunta una y otra vez en la pantalla de su smartphone y no pudo evitar sonreír. ¿Podía confiar en él? ¿Era en verdad quién decía ser? La joven volvió a revisar...

El día de Dionisio

ΠΛ. Χωρεῖτε τοίνυν, ὦ Διόνυσ’, εἴσω. Aristófanes, Ranas, 1479 Dionisio sabe estar solo. Una noche como cualquier otra tuvo el deseo de realizar su acostumbrado paseo pero esta vez con una ligera variante: descendería unos pasos. La luna menguaba y las nubes acuosas la atravesaban de lado a lado. Dionisio...