Tiempo de Tomar Conciencia y Acción: “¡Vivos se los Llevaron, Vivos los Queremos!”

Por Verónica Angélica De Anda Celis

 

Hay que considerar la ontología crítica de nosotros mismos no por cierto como una teoría, una doctrina, ni siquiera un cuerpo permanente de saber que se acumula; hay que concebirla como una actitud, un ethos, una vida filosófica donde la crítica de lo que somos es a la vez análisis histórico de los límites que nos son establecidos y prueba de su franqueamiento posible […]. Considero que siempre necesita el trabajo sobre nuestros límites (…), una labor paciente que dé forma a la impaciencia de la libertad.

Michel Foucault

 

26 de septiembre de 2014: irrupción violenta. Estudiantes normalistas fueron atacados por la policía municipal y por un grupo armado en Ayotzinapa, Guerrero, de los cuales 43 yacen desaparecidos. Jamás se hubiera pensado que algo tan dolorosamente habitual fuera a tener repercusiones monumentales. Caras y voces concretas: olas, ecos llenos de indignación, frustración, coraje, rabia, impotencia recorriendo las calles de la Ciudad de México; se escucha a los manifestantes gritar: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” y en particular, los nombres de los estudiantes desaparecidos:

  1. Abel García Hernández
  2. Abelardo Vázquez Peniten
  3. Adán Abrajan de la Cruz
  4. Alexander Mora Venancio
  5. Antonio Santana Maestro
  6. Benjamín Ascencio Bautista
  7. Bernardo Flores Alcaraz
  8. Carlos Iván Ramírez Villareal
  9. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
  10. César Manuel González Hernández
  11. Christian Alonso Rodríguez Telumbre
  12. Christian Tomás Colon Garnica
  13. Cutberto Ortiz Ramos
  14. Dorian González Parral
  15. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz
  16. Everardo Rodríguez Bello
  17. Felipe Arnulfo Rosas
  18. Giovanni Galindes Guerrero
  19. Israel Caballero Sánchez
  20. Israel Jacinto Lugardo
  21. Jesús Jovany Rodríguez
  22. Jhosivani Guerrero de la Cruz
  23. Jonás Trujillo González
  24. Jorge Álvarez Nava
  25. Jorge Aníbal Cruz Mendoza
  26. Jorge Antonio Tizapa Legideño
  27. Jorge Luis González Parral
  28. José Ángel Campos Cantor
  29. José Ángel Navarrete González
  30. José Eduardo Bartolo Tlatempa
  31. José Luis Luna Torres
  32. Julio Cesar López Patolzin
  33. Leonel Castro Abarca
  34. Luis Ángel Abarca Carrillo
  35. Luis Ángel Francisco Arzola
  36. Magdaleno Rubén Lauro Villegas
  37. Marcial Pablo Baranda
  38. Marco Antonio Gómez Molina
  39. Martín Getsemany Sánchez García
  40. Mauricio Ortega Valerio
  41. Miguel Ángel Mendoza Zacarías
  42. Miguel Ángel Hernández Martínez
  43. Saúl Bruno García

 

 

Manifestación tras manifestación: Actos de visibilización de aquellos cuerpos que nos deberían de importan. La marcha se convierte en un llamamiento a dejar la Apatía y la Indiferencia y así, transformarlo en postura crítica del Presente. En este sentido, se expresa el no estar conforme con las normatividades que nos están constituyendo actualmente: Impunidad y Corrupción. Así, la crítica se enfoca en la cuestión de “cómo no ser gobernado de esa forma, por ése, en nombre de esos principios, en vista de tales objetivos y por medio de tales procedimientos, no de esa forma, no para eso, no por ellos”.[1]

Rememorando, la Crítica se origina en la Ilustración como resistencia a la autoridad eclesiástica. Esto implica el rechazo a cierta forma de ser que proviene de ciertas normatividades. Dichas son puestas en entredicho mediante la actitud crítica para ir en busca de alternativas. De esta manera, el rechazo (resistencia) muestra que las normatividades a la cuales se oponen no es del todo legítimas, verdaderas, únicas y naturales. De aquí, se trata de “oponer unos derechos universales e imprescriptibles a los cuales todo gobierno, sea cual sea, se trate del monarca, del magistrado, del educador, del padre de familia, deberá someterse”.[2]

 

Esta actitud crítica yace en el lema de la Ilustración: “¡SAPERE AUDÉ!”[3], estandarte que engloba los valores de la Modernidad: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Fueron base sólida para que las naciones se ostentaran civilizadas en la carrera por edificarse como culmen evolutivo de la raza humana. Así, la democracia se concibe como la manifestación del gobierno por excelencia y contrapuesta al barbarismo, el caos, la irracionalidad de otros países o culturas. No obstante, algo tan absurdo acontece en un estado democrático el 20 de noviembre de 2014: Tras la entrada de los manifestantes por los 43 normalistas desaparecidos[4] de Ayotzinapa al Zócalo capitalino, el uso excesivo de la fuerza pública (violencia represiva) se ejerció en contra de ellos, así como detenciones arbitrarias tuvieron lugar.

¿Qué pasa en las escuelas, en las casas, en las familias, en el transporte, en la televisión, en la radio? Muchos indignados. Muchos otros en silencio, en apatía, enojados, molestos por el cierre de calles. Se criminaliza la legítima protesta social y a los manifestantes. Pobre de aquel pueblo sumido en la indiferencia y apatía, donde los actos violentos producidos por las normatividades[5] sólo le incomoden, pues es un pueblo en peligro, capaz de aceptar cualquier cosa, a costa de cualquier vida y a cualquier precio. Bosquejo de la urgencia de hacernos cargo de la realidad. ¡Qué los actos del filosofar cuestionen la realidad, no sólo con teorías sino con acciones concretas! Puesto que,

«no querer ser gobernado» es ciertamente no aceptar como verdadero -lo que una autoridad os dice que es verdad o, por lo menos, es no aceptarlo por el hecho de que un autoridad diga que lo es, es no aceptarlo más que si uno mismo considera como buenas las razones para aceptarlo. Y esta vez, la crítica toma su punto de anclaje en el problema de la certeza frente a la autoridad[6].

 

¡Qué todo esto sea una irrupción que deje huella, memoria viva para pensar, hacer, cuestionar, tomar postura frente a la realidad que nos atraviesa, para ejercer nuestros derechos! Ya lo ampara el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.[7] Así, el proyecto de la crítica se enfoca en mostrar cómo es que el poder se relaciona para crear sistemas, valores, mundos, cuerpos, objetos, y sujetos. Por ende, este proyecto abre las alternativas para bosquejar una nueva construcción social.

¿Qué cuerpos son los que importan? ¿Qué vidas son las que importan? ¿Cuáles cuerpos-vidas se vuelven dignos para ser visibilizados, para manifestarse por ellos? ¿Por cuáles cuerpos-vidas vale la pena luchar? ¿Qué cuerpos-vidas deben recibir justicia? Esto es un llamamiento para pensar, hablar, actuar sobre la realidad que nos conforma. ¿Dónde quedan los más de 22,000 casos de personas desaparecidas en este país?

Esto no es un caso aislado.

 ¡Vivos se los Llevaron, Vivos los Queremos!

 

 

[1]Michel Foucault, “¿Qué es la crítica?” en: Sobre la Ilustración, p. 8.

[2]Ibídem, p. 9.

[3]En ¿Qué es la Ilustración?, Kant nos comenta que: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor par a servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡SAPERE AUDÉ! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!”

[4]Los peritos argentinos confirman que uno de los restos encontrados en Cocula pertenecen al normalista Alexander Mora Venancio. Léase: http://es.scribd.com/doc/249514014/Identificacion-de-Uno-de-Los-43-Normalistas-Desaparecidos-de-Ayotzinapa

[5]En Deshacer El Género, p. 305, Judith Butler nos dice que la normatividad: “Por una parte se refiere a los propósitos y a las aspiraciones que nos guían, los preceptos por los cuales estamos obligados a actuar o hablar el uno al otro, las presuposiciones que se manifiestan habitualmente, mediante las cuales nos orientamos y que orientan nuestras acciones. Por otra parte, la normatividad se refiere al proceso de normalización, a la forma en que ciertas normas, ideas e ideales dominan la vida incorporada (embodied) y proporcionan los criterios coercitivos que definen a los «hombres» y a las «mujeres» normales. Y en este sentido, vemos que las normas son lo que rige la vida “inteligible”, a los hombres “reales” y a las mujeres “reales”.”

[6]M. Foucault, “¿Qué es la crítica?” en Sobre la Ilustración, p. 10.

[7]Artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

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