La juventud y la droga, el camino del vacío

Desde que el hombre es hombre y desde que el tiempo existe, se ha hecho uso de distintas sustancias con diferentes fines de aplicación.

El diccionario de la Real Academia Española, define a la droga como: “2. f. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.

Es decir, cualquier sustancia, natural o de fabricación que implique un efecto sobre las funciones físicas y psicológicas de una persona, es considerado como una droga.

En el mismo diccionario, nos recuerda en la cuarta definición que la droga es entendida en algunos países como México como: “4. f. Can., Am. Mer. y Méx. Deuda, a veces la que no se piensa pagar”.

“Estoy endrogado” decimos desde las formas coloquiales de expresión, para referirnos a una deuda que tenemos con alguien y generalmente es una deuda que no se quiere pagar.

La gente, los sujetos, los jóvenes en particular que tienen relación cercana con el uso o abuso de sustancias adictivas, también tienen una deuda con la cultura, de la cual no quieren saber nada, por eso se “elevan” o se “pierden” o se “anestesian” con la droga para no saber nada de la realidad insoportable.

Un sujeto, que utiliza de manera excesiva cualquiera de estas sustancias, plantas, o preparados químicos, es un adicto, al menos desde el punto de vista médico relacionado con los cambios físico-cerebrales. Para hablar de exceso y adicción a las drogas, lejos de recurrir a un discurso de cantidades, cifras entre otros, habría que escuchar el discurso particular de aquel que usa drogas, y formular preguntas tales como: ¿Por qué usar drogas? ¿Qué pros y contras obtiene el consumidor? ¿Por qué en ocasiones no puede dejar de consumirlas?

Se han dado diferentes respuestas para estas interrogantes. Desde el discurso medico; es decir, la psiquiatría y las neurociencias la principal inquietud es brindar una explicación físico-química de la dependencia a determinadas sustancias, incluso han establecido que el alcoholismo y otras conductas de consumo de sustancias son condiciones hereditarias, planteando argumentos que reducen las explicaciones de un fenómeno, al terreno de lo genético o lo cerebral.

No obstante, el psicoanálisis, nos abre la puerta de otra posible explicación respecto al tema, que sería interesante escuchar.

Braunstein (2006:279) explica que el uso de drogas es un intento, una forma de hacer separación entre el sujeto y el Otro, intento que por supuesto se paga con un costo elevado: el de la subjetividad que se desdibuja, al desdibujarse parece ser que el nombre del sujeto se borra, se anula, “se hace el muerto” dice el autor.

Por estas razones es que se habla de “Alcohólicos anónimos”, sujetos que se han perdido en el anonimato, que son parte de un número, de grupos…de ningún lugar.

La sustancia adictiva viene a colocarse en el lugar de objeto causa de deseo, lo cual, entorpece al sujeto y lo deja sumido en una lógica eterna de la insatisfacción con la sustancia. La falla estructural emerge como una continua necesidad física de necesitar más y más droga cada vez, por que como todo sujeto, aquel que consume drogas, jamás estará satisfecho.

La droga es una promesa de paraíso, es un intento fallido de retorno hacia aquello que ya no está: la forma completa, el individuo sin falta. Aparece entonces el “goce” concepto psicoanalítico que explica el “más allá del principio del placer” es decir, cuando el sujeto se coloca en un lugar en donde el placer y el dolor, son muy próximos, donde la vida y la muerte se miran de frente.

Esta forma de goce, mediante la droga, le da algo al sujeto: de momento le da sentido a su existencia “se la cobra”, paradójicamente, “pagando con la vida” a quienes no le dieron las posibilidades de desplegar su deseo: familia, país, gobernantes, leyes…Otro.

Sigmund Freud ya había hablado del tema en 1929, en “El malestar en la cultura”. El siguiente fragmento resulta muy ilustrativo en relación al tema que se está tratando:

“El más brutal, pero también el más eficaz de los métodos destinados a ejercer una influencia corporal semejante es el método químico, la intoxicación. Creo que nadie penetra su mecanismo, pero el hecho es que la presencia en la sangre y los tejidos, de ciertas sustancias ajenas al cuerpo, nos procura sensaciones agradables inmediatas.

No se les debe solamente un goce inmediato, sino también un grado de independencia respecto del mundo exterior ardientemente deseada”

Importante es, hablar también de los otros caminos de la droga, es decir: del narcotráfico. En esta actividad, el joven, se sumerge en una lógica de “promesa del paraíso” donde tiene que arriesgar su vida para poder obtener dinero. Esta obtención del paraíso, se ve reducida al discurso de la satisfacción inmediata, del aquí y ahora. El futuro parece no tener el mínimo sentido en un mundo donde la prisa es la que gobierna.

Más preguntas se abren en este sentido: ¿Qué caminos tienen los jóvenes para desplegar su deseo, su palabra? ¿A quién pueden recurrir? ¿Esta exageración en el comercio y en el consumo de sustancias obedece a una falla en el lugar del Estado, de la cultura, de la Ley? Al parecer muchos jóvenes se están callando, anulando su lugar de deseo, inmiscuyéndose en lugares de anonimato: cárteles, granjas, prisión, grupos de rehabilitación, etc.

Habremos de forzar la palabra, o mejor dicho, crear espacios de despliegue de la letra, de la voz, para que ésta no se calle y los jóvenes recuperen su lugar de denuncia de las injusticias del mundo.

 

Referencias:

http://lema.rae.es/drae/?val=droga, consultado el 27 de septiembre de 2014.

Braunstein, N. (2006) El goce. Un concepto Lacaniano. Buenos Aires. Siglo XXI. 2ª Edición.

Freud, S. (2001) El malestar en la cultura (1930). Obras Completas. Buenos Aires. Amorrortu.

Para citar este texto:

Torres López, Moisés. “La juventud y la droga, el camino del vacío” en Revista Sinfín, no. 2, noviembre-diciembre de 2013, México, 86-90pp.
https://www.revistasinfin.com/revista/

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