Caderitas de amor

Por Jesús Manuel Crespo Escalante

 

Existen caderas dominantes de quince en a delante

flexibles y dotadas de encantos,

que bailan, fingen, gozan, y monitorean nuestros pasos.

Si fuéramos un pájaro, un tigre, o simplemente, un avestruz, nos vendría bien; volar, rugir, o meter la cabeza debajo de la tierra.

 

Las caderas se saben gobernantes. Hacen todo lo posible para esclavizarnos. Pues, ¿quién no quisiera morir entre las piernas de una mujer? No se tiene que ser un poeta, un literato, ni nada de esas cosas absurdas.

 

Las caderas son nuestro pan, nuestro almuerzo, nuestra cena.

No nos inventemos recursos, ni hagamos de la soledad una novela ¿Quién no quisiera morir entre las piernas de una mujer, condenado a cadena perpetua? Es una muerte única, deliciosa, infinita.

Caderitas de amor

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