Cinco Poemas Contra La Alevosía

Juan Antonio Correa

 

 

I

No abandonaré la costumbre letal del veneno

ni la sílaba perversa que aprisiona lo que aturde

no renunciaré al careo constante con la traición

porque mis tripas son palabras en la boca del lobo

escupiré los párpados abiertos de mi tácticas

contra la explotación del dolor que demuele

y tomaré los escombros, de los labios que se han secado,

con las manos que no dejan morir la saliva del hambre.

 

Yo hago la edad del incendio en lo ancho del demonio

y despojo las entrañas frías de la esquizofrenia

para excitar una canción ebria y sin amuletos

que nos extravíe, que nos amordace,

que nos explique por qué la muerte

es una mentira que cae por la alcantarilla

  

II

Somos el fondo, la forma, el líquido,

el contagio que descubre la ejecución

de hijos con instrucciones

para no meterse debajo de la cama 

somos el rostro de una calle no estéril,

filosa, adolescente y sin estar a la venta

la dura piel que lubrica y entibia los hierros

para sostener y exhibir la palabra alumbramiento 

 

somos francotiradores de conspiraciones

desde la boca, desde la transparente vestimenta,

desde el disparo que te vuela la vitrina fría

en la hora donde el fuego es una duda contra la pared

y donde lo que depreda es una ronda cautiva

somos la mordiente empapada por la sangre

que descorre las sábanas para descubrir las respuestas

que esconde el último filo de la esperanza.

 

III

Desvestir el poder y sus secuaces

quitarles el saco alto de la histeria

desabotonar sus catedrales de algodón,

tan excesivas, que no sangran y que pudren

despojarles de a pedazos la impericia y la carestía

que no dan el pecho a la vibra del sonido

usurparles los nudos que manipulan la distancia

la del vuelo, la del murmullo, la del olor,

paralizarles el instinto intolerable de sus humos

y no dejar de cantar con las uñas sucias de barro.

 

Cuánto más profundo sea el ruido del silencio

más pájaros vendrán a esparcir sus anchuras.

  

IV

Habrá que ser violento con el poema.

Por cada muerte inicial que nos deje a la deriva
destrozaremos sin consideración
los panfletos miserables, -esos represivos
de los hijos de puta que pudren-
usaremos el desprecio racional que nos pertenece
para atravesarles la certidumbre de las sombras
que quiebran la gravedad del equilibrio,

se les antojará cruzarse los dedos
pidiendo clemencia cuando el verso
empiece a gatillar para retorcerles
el cadáver sacramentado de sus lápidas agusanadas.

Ya muertos, sin besos de buena fe
sin nombres que lo nombren por amor
expuestos a la ausencia que descompone,

el poema seguirá con su celo desmesurado
escupiendo su letal principio de defensa.

La poesía, cuando se escribe, es una bala dispuesta a matar.

  

V

Andamos sin intervalos

dispersando pájaros en muertes deshechas

bajo el peso de la sílaba y del gesto que se aparea

andamos de sangre y sin nombre propio 

convulsionando los labios del luego

para acoger el rostro y la carne que no amuralla

andamos de hijos y de gozos subterráneos

desprendiendo vientres en la noche inconclusa

donde se adelgazan los círculos que infectan el polvo

decimos piedra, papel y poesía

y las humedades se esparcen en el minuto joven

donde el hilo tibio cose la íntima fragilidad del miedo.

 

El mundo, ahora, es una manzana un poco más intacta.

 

 

 

Para citar este texto:

Correa, Juan Antonio. “Cinco poemas contra la alevosía” en Revista Sinfín, no. 16, marzo-abril, México, 2016, 20-22pp. ISSN: 2395-9428: https://www.revistasinfin.com/revista/

 

 

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