Rõma de Susana Bautista Cruz

Rõma
Susana Bautista Cruz
(Independiente, sin tiempo)

Los buenos poemarios no se miden por su tamaño, portada o material con el que está hecho. Grandes poetas han escrito poco, sin embargo, han inundado el mundo con sus palabras. Rõma es una plaqueta que contiene un mundo que se desdobla y descubre la vida.

Susana Bautista Cruz es de origen mazahua, crítica literaria y difusora de la Literatura Indígena; es, también, hija de migrantes indígenas, habitante de la Ciudad de México y una amante de los libros. Roma, es la colonia que la vio crecer y despertar al deseo. Rõma no sólo es el nombre en latín de la antigua ciudad de la que hay evocaciones, sino el lugar citadino convertido en personaje que se ofrece como el Virgilio del poeta que nos lleva a recorrer los amores y las calles.

La presentación del poemario se debe a Daniela Camacho que nos advierte del lenguaje de la poetisa: “Hablar con símbolos”, porque esto es lo que nos entrega la poeta, un decir sin decir, una simbología que podremos leer de manera diáfana si nos dejamos de prejuicios. Sólo así, podremos encontrar un lenguaje universal, en donde: “El [des]amor es una insolencia, una furia, algo demasiado abrupto”, como señala Camacho.

Bautista Cruz divide su poema en XLI (41) secciones, en ella persigue a su musa, incluso antes de que sea real. Comienza con el aleteo de un Colibrí, un colibrí citadino, ¿acaso a manera de reproche o de diferenciación?, ella, una niña pequeña que parece que su lugar es un lugar-otro, en donde recorre las calles, como los pensamientos, en soledad. ¿Acaso el colibrí no es la esencia de la palabra de la cultura nahua, el sonido del lenguaje de los mayas? La niña hace del colibrí el símbolo de su voz –no se requiere mayor explicación–, para escribir sus recuerdos. Así comienza el poemario, con la voz de la niña que imaginaba seres alados.

Del mismo modo en cómo desenvolvemos el pliego-poema, se desenvuelven las experiencias y los deseos de la mujer, para encontrarse con un amor perdido y anhelado: la Mujer De Manos Suaves y Cuerpo Tibio. La mujer puede ser a quien está dedicado el poemario: Irene; o los diversos amores conjuntados en una figura lírica; la misma autora nos responde:

Alguien me pregunta por mi personaje: La Mujer de Manos Suaves y Cuerpo Tibio. Y yo quisiera ofrecer una respuesta creíble –incluso para mí misma. ¿En la ficción o en la realidad?

¿Quién es la Mujer De Manos Suaves y Cuerpo Tibio? Esta pregunta se pierde en los versos de la poetisa, cuando sin importar el género de nuestros propios deseos encontramos los sentimientos que alguna vez hemos conferido en el desamor:

La Mujer De Manos Suaves y Cuerpo Tibio leyó cada uno de los fragmentos que le he escrito. ni asomo ni asombro. La abismal complitud de mi evocación hecha pedazos. Su lectura. Un espejo roto.

El poemario termina como un sueño antes de cerrar los ojos, con la figura de un colibrí, porque Susana, al perder la lengua de sus ancestros se abre a nuevos lenguajes, lenguajes que vienen de diferentes culturas y se concretan en la voz del colibrí.


Ana Matías Rendón

Sin lugar de origen ni destino. Escritora. Es hacedora de imágenes con las palabras; Ghostwriter, para ganarse la vida y filósofa, porque no le queda de otra. Blog personal: https://anamatiasrendon.wordpress.com/

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