La Ilíada

Por Guillermo Ríos Bonilla

 

Aquiles decidió no participar en la guerra convocada por Agamenón para rescatar a Elena de la fortaleza troyana.

Muchísimos años después, sentado a la puerta de su vivienda, Aquiles descansaba su pesado y viejo cuerpo sobre una silla mecedora. Miraba el mar y contemplaba el horizonte, mientras se acariciaba la barba cana. A su lado, un aedo le cantaba las hazañas de un formidable héroe llamado Héctor, domador de caballos, que con su valor patriota y sus guerreros había rechazado la invasión de Troya a manos de Agamenón y un gran ejército de aqueos.

Iliada

Haganos saber su opinión

Deje un comentario

Por favor realiza la siguiente operación: *