Escribir siendo mujer: entrevista con Liliana Blum

Aguerrida y de buen trato, Liliana Blum alienta a las mujeres interesadas en la literatura a escribir sin autocensurarse.

Nació en Durango, en 1974, y actualmente es considerada una de las mejores narradoras mexicanas contemporáneas. Entre sus obras se encuentran El monstruo pentápodo (2017), Pandora (2015), Residuos de espanto (2013), No me pases de largo (2013), Yo sé cuando expira la leche (2011) y El libro perdido de Heinrich Böll (2008).

En entrevista nos cuenta que ella empezó a escribir desde que estudiaba la preparatoria. Sin embargo, los temas que aborda en sus obras pueden ser incómodos para algunos de sus lectores. Liliana recuerda: “mi papá se enojó mucho con uno de mis primeros cuentos, que ni siquiera era tan grueso; me preguntó ‘¿por qué tienes que escribir esto?’; desde entonces, no me ha vuelto a leer. Mi mamá se abochorna; está orgullosa de mí, pero al mismo tiempo le dice a los demás: ‘pero yo no le enseñé esas cosas’”.

En su libro más reciente, El monstruo pentápodo, cuenta la historia de Raymundo Betancourt, un lobo con piel de cordero, pues en apariencia es un hombre bueno, normal, pero en realidad es un pedófilo. Liliana parte del supuesto de que la realidad es oscura, por lo que no tiene que pensar qué otros elementos incluir en sus historias para hacerlas más impresionantes.

Su intención es contar la historia que tiene en mente “y las cosas van saliendo así, pero es cierto que tiene que ver en cómo yo veo el mundo, creo que soy muy negativa, no le tengo mucha esperanza en la humanidad; siempre creo piensa mal y casi siempre vas a tener razón. Creo que hay personas buenas, pero son pocas, y muchas personas son buenas, pero porque no han tenido la oportunidad de ser malas; es decir, a veces, si se dan las circunstancias, y al ver que no hay consecuencias, como lo que sucedió con la guerra contra el narcotráfico que mucha gente se atrevió a matar, o cuando el tío abusa de la sobrina el día que se la dejan en su casa y no hay nadie, cuando antes no se había atrevido a hacerle nada. Mucha gente es mala cuando tiene la ocasión, lo cual quiere decir que no era buena para empezar, simplemente se estaba cuidando”.

Para construir a los personajes de Raymundo y Gerardo ─personaje de la novela Pandora que es atraído por la parafilia del feederism, o el placer por engordar y hacer engordar─, la escritora nunca usa la narración en primera persona: “para los personajes masculinos siento que mi voz sigue siendo muy femenina, sin embargo, sí me puedo meter a su mente, y en realidad no es difícil, eso es lo más perturbador; yo soy una mujer heterosexual, en ningún momento lo elegí, pero sé lo que es sentir deseo; lo que hice para Raymundo fue sustituir el objeto del deseo. Y hablando de deseo, cuando alguien quiere algo hace lo que sea necesario para conseguirlo, ya sea para entrar a la universidad, para bajar de peso… se compromete y busca el cómo; lo que hice fue entender que Raymundo desea a una niña, pero, digamos, es el mismo proceso de sentir, de desear; él hace un plan y se propone llevarlo a cabo y es lo que presento a lo largo de la novela. Es perturbador, pero los monstruos así no son distintos a uno, tienen otra meta, pero creo que los seres humanos en general funcionamos igual para el bien y para el mal”.

Algunos lectores suelen preguntarle a Liliana Blum “¿por qué no escribes cosas bonitas?”, ella menciona: “escribo cosas muy crudas, pero es lo que veo. Claro que uno puede elegir ver las buenas o las malas, pero lo que en ficción es ideal, en la vida no lo es y viceversa, cuando me hacen esa pregunta respondo que si escribiera cosas bonitas sería inverosímil, si escribiera sobre la familia perfecta, el marido fiel, la mujer que se acepta a sí misma tal y como es, sería muy aburrido, dirían que eso no es posible y, además, la novela necesita el conflicto”.

Sobre sus personajes femeninos señala que a través de ellos hace una crítica social a las expectativas que tiene la sociedad para con las mujeres, ya sea porque lo sufre en persona o porque lo ve. “Ser mujer es muy difícil, por ejemplo, nos comemos un pastel, pero después nos sentimos culpables porque a la mujer se le pide belleza y juventud; por su parte, el hombre puede estar gordo o feo, pero si es exitoso e interesante se le pasa por alto. A las mujeres no. La realidad es como es. Incluso, las mismas mujeres les inculcan a las niñas algunos modelos, como la madre de Pandora, quien es muy dura, quizá no fue una buena madre, pero al mismo tiempo quería que su hija bajara de peso, porque la vida sería mejor para ella. Las madres quieren lo mejor para sus hijas, saben que una hija fuera de los cánones va a sufrir más. Las mujeres perpetuamos este círculo vicioso, pero al mismo tiempo, al menos en este caso, se puede decir que es por amor. Las mujeres vivimos entre muchas espadas y paredes; si queremos ser exitosas, se nos juzga porque no atendemos a la familia. A una mujer la van a criticar por todo. Siempre sitúo a las mujeres de mis cuentos y novelas en el universo que yo veo, porque es en el que estamos finalmente”.

En cuanto a ser escritora y tratar temas incómodos que eran mayormente abordados por hombres, Liliana Blum aconseja “escribir para una misma, porque si te autocensuras y consideras lo que va a pensar la familia y los amigos, o no escribes nada o escribes una versión como leche con agua”. Ella menciona que nada de lo que escribe es autobiográfico, aunque sí hay algunas cosas basadas en su vida, sobre todo en sus cuentos. “Toda ficción reúne elementos que le pertenecen al autor, ya sea si es algo que vivió o que simplemente observó, pero nunca es la historia tal cual”.

Para escribir mejor, Liliana Blum recomienda escribir sobre las cosas que a uno le atañen de manera muy personal, sin importar nada, aunque sean temas fuertes e incómodos. “Se espera que las mujeres escribamos bonito: cosas de la familia, de la granja de la abuelita, pero hay tanta literatura como seres humanos y hay gustos para todos, si una escribe sobre lo que le atrae el resultado es más auténtico”.

La narradora está en contra de escribir pensando en lo que está en boga para vender más o aprovechándose de algún acontecimiento, porque, para empezar, escribir desde esa trinchera te obliga a hacerlo rápido para no perder la oportunidad y “las cosas rápidas no siempre salen bien”. Además, se nota cuando alguien escribe por pasión o por negocio.

Aunque Liliana Blum es una escritora del norte, su literatura no cae en la estética violenta del narcotráfico; al respecto nos cuenta que en noviembre de este año saldrá a la venta un libro de cuentos ─algunos inéditos, otros ya han sido reunidos en antologías─, y en al menos dos de ellos aborda tangencialmente el tema del narco, de cuando vivía en Tamaulipas. Ha sido de las únicas veces que se atrevió a tocar el tema, y eso sólo como contexto, porque a ella le parece “una violencia tan burda y horrenda y que me ha tocado tan de cerca que no le quiero dar un lugar. Yo creo que la región en la que uno vive puede ser el fondo, pero no debe ser el protagonista”.

Lo que a ella le apasionan son las historias internas de los personajes, sus motivaciones; al final, lo que le importa es contar bien una historia, no importa cuál sea el tema o el contexto. Su próxima novela, la cual estará a la venta a mediados del próximo año, es sobre una asesina serial y “no importa si pasó en Durango, en Querétaro o en Texas, finalmente la historia es sobre los personajes”.

Ante la pregunta ¿es difícil para las mujeres publicar en México?, Blum comenta que, tanto para hombres como para mujeres, es difícil publicar porque hay pocos lectores en nuestro país y para las editoriales es una apuesta publicar escritores nuevos. Liliana sugiere a las mujeres que están empezando a escribir que trabajen más en novela, que es todo un reto. A ella la invitan a festivales de novela negra, a mesas de discusión sobre novela de la transgresión, sin que su intención principal sea encaminarla a estas clasificaciones literarias.

Tampoco pretende entrar de lleno a la novela policiaca, pero este año fue invitada a participar en el Encuentro Internacional de Narrativa Gráfica “Felices 80, Batman”, con su ponencia “Desde el relato policial”, y cuando le preguntamos ¿si fueras una súper heroína cuáles serían tus poderes?, ella respondió que, como escritora, le encantaría poder leer la mente de los demás, porque así tendría una fuente muy rica de información; también le gustaría manipular la energía para lanzar una fuerza que mueva objetos a distancia.

Denise Elizabeth Ocaranza Ordóñez

(Toluca, México, 1986). Es Licenciada en Letras Latinoamericanas por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Autora de El ladrido secreto, obra ganadora del Cuarto Concurso de Cuento Infantil, organizado por el Centro de Actividades Culturales UAEM.

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