El crepúsculo de las palabras

Aquel era un día de verano, esplendoroso, donde las últimas lluvias cayeron con suavidad sin hender la tierra anegada en sangre. Era la hora maitines. El día iniciaba en una serenidad de tranquilo y exquisito fulgor. Las estrellas comenzaron a adormecerse y en la lontananza de ópalo apareció un celaje de incendio. Mientras tanto, en el arrebol que abría su palio inconmensurable, el astro rodó por las llanuras enrojeciéndose antes de ascender al azul. Era la hora laudes, Maximiliano y Mateo tomaron sus aperos de labranza. Avanzaron por una trocha enmalezada con dirección al pegujal. Llegaron a la parcela. Maximiliano unció los bueyes. Le colocó la rabiza, el timón, la cama, la esteva. Por último, encajó la reja sobre el dental y se dispuso a arar la tierra. Mientras Mateo observaba los arados cruzar una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los afluentes de los arroyos. Los rayos del sol arreciaron y de todas partes del espacio, de los cedros y de las palmeras nacía un hálito jubiloso que era vida, era acento, claridad y palpitación. A cada instante, Maximiliano se enjugaba el sudor y entonaba “Ansias del alba” del trovador Santiago Feliú. Entre susurros y sollozos, se escuchaba: “Viaja en el tiempo todo el silencio que los hombres dejaron detrás de sí… Tintos en sangre, mares y el viento del humano que pide vivir aquí. Toda su vida corre el peligro de vivir lo que quiere creer. Savia del alma, aventura en la sangre que no ha de morir…”. En silencio, pensó: “Si Feliú viviera, seguramente firmaría la carta con la cual varios artistas solicitan abrogar el Decreto 349”.

Era la hora sexta, los crueles rayos del sol caían a plomo, el vaho tórrido de la tierra fulgía como lámina de metal y bajo el espejo de la atmósfera un suave sudeste agitaba los efluvios de ira de la flora y la fauna. “En esta Tierra anegada en sangre y ahogada en llanto hemos guardado silencio bastante parecido a la estupidez”, citó Maximiliano, mientras trazaba los surcos sobre la tierra llena de cicatrices. “Vamos a la sombra porque a esta hora la resolana quema”, le dijo a su nieto. Al llegar bajo la palmera, en totuma, se sirvieron potü’k uki ‘bebida zoque’ y comenzaron a ingerirla. “Chik jatong pün, yan yüktü tigo ’üm nümpa ke düxja dü natsünajejtamapa” (“Abuelito, ¿no entiendo por qué usted dice que hemos guardado silencio?”), inquirió, en zoque, Mateo. “Pok yüdü nax ’üy kopakjo, junang neytija’, bi wate winxangjo tsame yajü tej’awü ’üy yaktsakpago’ tumti pündükay yaktsamü ’üy tsame junang dedükay ’üy tü’xukpa”. (“Porque en el mundo, como el nuestro, la libertadatada está lejos de permitir que cada persona diga su palabra y parlotee a sus anchas”), respondió, en zoque, Maximiliano. “It’s the same old World, but nothing looks the same” (“Es el mismo viejo mundo de siempre, pero nada parece igual”), volvió a citar Maximiliano. “Mateo, en esta Monarquía moderna nada se ha transformado. Algún día leerás Olinka y reflexionarás que, en un país como el nuestro, ‘quinientos años después siguen mandando los mismos; porque se han adaptado a todo: al virreinato, la independencia, la reforma, la revolución, la guerra cristera, el priísmo y el post priísmo…’ (El País)”. “Por ello, similar al virreinato, hogaño entre el Río Bravo y el Río Suchiate, todos los días, a cada instante, sigue habiendo censura, hostigamiento judicial, intimidaciones, detenciones arbitrarias, amenazas de muerte, agresiones físicas, desapariciones forzadas a periodistas, artistas, intelectuales y holocausto de opositores de la hidra capitalista”, añadió Maximiliano. “En efecto, hoy en día resulta fácil inculpar a la delincuencia organizada porque, en las últimas décadas, se ha convertido en la policía de los poderes fácticos. Mateo, hay demasiado silencio prendido sobre los rayos de luz, como las motas de polvo que atraviesan los cristales del aire”.

Se tornó un silencio que el indemne pundonor del aire aprovechó para proferir la mezcla gaseosa más significativa para la vida humana y de todos los seres vivos. “Mateo, yo no quisiera que nos metiéramos con la política, pero la política arremete contra nosotros”, añadió el abuelo. Continuó y dijo: “En los próximos meses San Miguel Chimalapa espera el cambio autoridad, pero

yaki tumti bi ney juxtixa pündükay yay matongxuk bi xewa xawa ’üy je’, yay matongxuk bi jondükay ’üy pajak wane, ni yay matongxuk bi nü’ xaja, yay muxuk ’üy jowanxuki bi tsamkuy ’üy tsame. Yay muxuk tiy maixukpa bi nikopakdükay. Yay sentsükxuk bi nax ’üy xukidükay, bi jama ’üy ni’ankuy angme’xkuydükay.

Deji jama y xepe nü’mutpa junang bi okjo xawa yonpa. Deji, bi ney nax tsampa, wanpa, mawanpa, jüypa ’üy tsokoyjo jongjo ’üy güxi. Düx ’ün matongpa mo’ejo, ma’ixijo bi unedükay ’üy matongxukpa ne, bi nudükay ’üy matongxukpa, wojxukpa jutiya jumnüy tsimnü juupa. Bi tsamkuydükay ju bi jondükay xajkekxukpa nikopakjo tsampa ne, yaki yay matoa. De juxtixa pündükay ’üy matongxukpa bi jepü’tkuy ’üy tsame xta, deji jejxukpago, deji ukxukpa, deji küxoxukpa, deji mongkuytsükxukpago.

Dey, pur chik ’unedükay angkimotüxukpa, juxtixa pündükay tsüktüxukpa pe ni yay muxukü yajak tsamedükay. Yajak, deji nenti jamatin, nenti nena pündükay, nenti numkuy, nenti tukxi, awindükay kotsongkuy tsixukpa. Jemji dü yoxtamü, jemji dü yukadampago, jemji dü nütüdampa, pe dey dü ney awinja yukaxukpa, nütüxukpa y bi ney juxtixa pündükay yakti yay tsükxukü, ni yay wejtsüxukü bi ney juxtixa tükja, bi ney kumkuyja, bi ney tunja, dü tejidamü jodidu.

Bi ney angpünja, bi ney naxja, bi ney nüja, bi ney xawaja, bi ney tsu’ja, bi ney maixija dü nikwaktuktamapa ’i bi ney jutixa pündükayja yakti yay tsükxukü. Ney dedükay ’üy ma’üxukpa ’üy nükxuki bi ney nax, jutsüng nax ’üy ma’üyü gaja ga juxtixa pün. ’Üy pükü bi jamatin yoma juykuygo; ’üy ko’ukxukpago bi jamatin. ’I bi ney kumkuy tsakümpa ’üy nükü, okjonüxukpa ’üy nükxukü…”.

(“…ninguna de nuestras autoridades escucha la suave respiración del aire, tampoco la dulce melodía de los pájaros, ni los caudales de los ríos, no saben interpretar las palabras de las montañas. No saben lo que sueñan los cerros. No sienten los besos de la tierra, tampoco han probado los abrazos cálidos del sol.

Ahí en La Cristalina (Sol y Luna) el agua nace libre como los vientos sudestes. Ahí nuestra tierra habla, canta, reza, llora desde lo más profundo de su corazón. Yo lo escucho en mi sueño. En sus sueños, los niños lo escuchan, también. Los perros lo escuchan, ladran cuando las lágrimas de los vientos alisios resuenan. Las montañas donde los pájaros hienden el aire de las alturas hablan, también, pero nadie los escucha. Las autoridades solamente oyen las voces de las rocckolas, porque ahí viven, ahí beben, ahí comen, ahí duermen.

Actualmente, acá en San Miguel, solo los niños quieren mandar, solo los niños quieren ser autoridad, pero no conocen la historia de nuestros antepasados. Antaño, en la presidencia no había dinero, no existían personas envidiosas, no había corrupción y tampoco conflictos internos. Nuestros congéneres dieron tequio. Todos trabajamos, porque todos tenemos hambre, todos tenemos sed, pero ahora nuestros hermanos tienen hambre, sed y nuestras autoridades no hacen nada, tampoco reparan nuestra presidencia, nuestro pueblo, nuestras carreteras, estamos jodidos.

Nuestras tierras, nuestras aguas, nuestros ríos, nuestros vientos, nuestra noche, nuestros sueños nos los arrebataran y nuestras autoridades no hacen nada. Son ellos quienes están vendiendo nuestras tierras. Cuántas hectáreas de tierras vendió “tal autoridad”. Él tomó el dinero para comprar mujeres, beber con sus compañeros y compadres, mientras nuestro pueblo se va quedando, lo van olvidando…”).

Estalló un silencio atronador y en el horizonte los brazos del sol enjugaban la sangre y las lágrimas verdes que brotaban por los pezones de los fastuosos senos de las montañas ermitañas. De pronto se escuchó: “Mateo, lo que acabas de oír me lo contó el difunto Gelasio Sánchez. Él lo narró con sus particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que lo caracterizaron como zoque parlante. Espero haberlas proferido bien y ojalá algún día tengas la oportunidad de comprender tan profundas palabras que no son historias varias y profanas y tampoco un ejercicio nefasto de nuestros congéneres, como fue señalado por la Reyna Isabel en 1531. Mateo, “no hay una lengua más relevante que otra, ni formas lingüísticas más relevantes que otras”, citó Maximiliano. “Todas las lenguas son sui generis, pero el hombre acometió contra ellas con tanta cortesía cuando supo de su inferioridad ante ellas. En todas las lenguas se puede hablar, escribir, bailar, danzar… ab imo pectore”, concluyó Maximiliano.

Ilustración Ana Castañer
Silvano (Chivis) Jiménez

Chivis (Silviano) Jiménez, es zoque por sus orígenes, es maestro y doctor en lingüística por el Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS); sus disertaciones de grado han sido sobre lengua y gramática de la familia mixe-zoqueana. Actualmente, realiza el posdoctorado y documenta lenguas en peligro de extinción financiado por SOAS, Universidad de Londres. Está interesado en el estudio tipológico y revitalización de las lenguas mesoamericanas, con particular énfasis en la familia mixe-zoque y lenguas en peligro de extinción de diversas familias lingüísticas. Ha dirigido proyectos de rescate documental del zoque de Oaxaca. Ha participado en diversos encuentros y coloquios sobre lingüística. Ha realizado diversas publicaciones en revistas nacionales e internacionales.

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