Enemigos íntimos

16 de enero de 19**. La brisa de la redonda noche soplaba, la saliva meliflua del aire reblandecía su libertad-atada, mientras el fragoroso silencio, “…que los hombres dejaron detrás de sí…” reverberaba su luz sobre los vientos alisios. Anita, Mateo y Maximiliano se encontraban sentados en corro, bajo un techo de palma, celebrando el cumpleaños de Anita. El virar del celaje de estrellas que iluminaba la noche y la micción de los espesos céfiros de invierno estimularon el donaire de Anita y dijo en zoque:

 

“Mateu, mix ün oktsamüba bi Joel üy oktsame, tum jay une üy ang’itpa’ maktuktang amintü iwüy jaton üy tsiwü y üy tsakü jemji ya wejü’k tsükokuy üy awindükay üy tsükxukü’ üy tsangkuyjo gexi y ga yakupün ni tum pong yay tsükü. Xeje pong üy awindükay tsükxukü mejme ya wejü tsüki pe junang bi Joel ga bi komi’ de minüy yoje jemji bi ya wejü’k tseki üy tsükxukü’ biy chik awindükay. Joel üy jaton jak mokoypa üy win y biy mama yay nümja yakti uy tsiwü go biy unedükay üy angje’kpa go”.


(“Mateo, te voy a contar la historia de Joel, un joven de 17 años a quien desde muy pequeño su padre le golpeaba y le responsabilizaba de todas las cosas que sucedían en casa, aun cuando él no lo causara. En varias ocasiones sus hermanos cometieron fechorías y Joel resultaba el responsable por ser el mayor de todos. El padre de Joel era alcohólico y su madre, una mujer abnegada que ni de broma se oponía a su esposo para defender los derechos de sus hijos”).


Una mañana que los rayos del sol se reflejaban a través de los zafiros del viento altano, Joel rodaba su bicicleta en dirección al encuentro con Carlos, un amigo confidente. Llegó al lugar acordado. Joel le contó lo que le sucedía con sus padres y hermanos. Se quejó y le describió detalladamente cada uno de los malos tratos que recibía de su padre. No obstante, Carlos le hizo saber que debería dejar de inculpar a los demás las tragedias que le sucedían. Al poco instante, Carlos se marchó. Joel se incomodó, pero disimuló. Se notaba arrepentido de haberle contado sus tragedias. Tomó su bicicleta y se marchó refunfuñando. Durante el trayecto entonaba “Luna de octubre”. Entre chiflidos, murmullos y tarareos se escuchaba: “De las lunas, la de octubre es más hermosa, porque en ella se refleja la quietud… Corazón, que has sentido el calor de una linda mujer, en las noches de octubre…”. De pronto, entre el iris de sus ojos apareció un celaje de incendio inmaculado con corazón de luna que tanto le inspiraba. Era Melani, una náyade de rostro expresivo y sincero como el vendaval altano. Sus gemelos senos turgentes parecían mirar a través de dos ojos almendrados. Sus fastuosos fémures sonreían, mientras las curvas de su silueta se exponían a las miradas sicalípticas de los viandantes lascivos. Joel reconoció sus pómulos enrojecidos por el calor y por la alegría sincera. Él descendió de su bicicleta y se olvidó del enojo que Carlos le causó. Sonrió y dijo: “Hola Melani, el sosiego que me aturde fenece cuando el vaho melifluo del carpelo de alelí llega al silencio estrépito de mi corazón”. “Hola Joel, que inspiración la tuya. Gracias por los elogios”, respondió Melani. La contempló pausadamente y le dijo: “Tu silueta está llena de hermosura como la Tierra de bellas flores”. Ella se sonrojó y él sonrió, emocionado. Inmediatamente, el corazón de Joel comenzó a experimentar vertiginosos latidos como señal que cada pliegue de las caderas de Melani le insuflaría luz a su bruma. Joel anheló trazar, con la comisura de sus labios y el ápice de su lengua, todas las líneas imaginarias que unen los poros de su cuerpo y esnifar los lípidos que irradian las glándulas de la epidermis de su torso vivo y andante. Estalló un estruendoso silencio que la concupiscencia de Joel aprovechó para imaginar, téte-á-tétes, hacerle ondular sus caderas, despojarle lentamente de sus prendas, titilarle y estrujarle la vulva; extraerle y libarle el néctar de su pistilo terso y cálido, ceñido por sus fastuosos muslos gloriosos, y causarle espasmos frenéticos. Luego despertó del breve y fugaz déjà vu que le causó la sístole de su corazón.


La inspiración apenas llegaba a los ojos de Joel; de pronto, entre la oscuridad del viento levante apreció un joven alto de faz clara como los reflejos del sol sobre las aguas matinales. Tenía los ojos hermosos como estrellas inconfundibles que destellan desde el cielo infinito, poseía un talante que, en las noches de soledad y bajo el claro de luna, le causaba insomnio a Melani. El joven venía por ella. Se despidió, abruptamente, y se fue como los vientos solanos se llevan los sueños de los tenebrosos desiertos. Quedó suspenso; luego la atisbó a hurtadillas, invadido de curiosidades paranoicas. Sobre su mente dibujó a una sílfide de elegante talle; su graciosa belleza, su encantador aspecto y todas las perfecciones que cubría su torso flexible y elástico le causó diástole a su corazón. Joel enfureció, pero, al poco instante, cuando fue lo suficiente dueño de sí mismo reflexionó y recordó los versos de un poeta: “aunque llena de perfecciones y de admirable dulzura y nobleza se encuentre una doncella; su perfume de anémona siempre permitirá adivinar sus pensamientos pérfidos”. Quedó perplejo y en silencio se preguntó: “¿Acaso él es más importante para que se marchara y me dejara aquí?”: “¡Claro, Joel! ¿Qué creías? ¿Acaso eres lo suficientemente garbo para ella? ¿Acaso tienes algo bueno que ofrecerle? ¿Acaso vales algo? No Joel, tú no vales nada, es más, tú eres nada para ella. Ella es hurí con sueños ataviados de rayos de sol que iluminan nuestro infinito; ella es una dríada que con su belleza obliga a abdicar a cualquier ser viviente; ella es arcoíris, inverosímil e inasible; es una doncella que puede tener el mundo a sus pies. ¿Joel, tú quién eres? ¿Acaso con tu bicicleta puedes conquistar princesas?” Recordó que cuando la vio por vez primera, su expresivo y esbelto cuerpo formaba tráfico de transeúntes libidinosos. Luego, en silencio se dijo: “Por favor, Joel, déjate de falsas ilusiones y agradécele al Todopoderoso de no fenecer con la fístula de tu corazón”.


Acto seguido, Joel tomó su bicicleta y la observó con mucha devoción y se dijo: “¡Vámonos amiga mía! ¡Vámonos de aquí!” Se montó en ella y comenzó a pedalear. Después de avanzar durante varios minutos notó que algo mal le ocurría. Se detuvo y pensó en voz alta: “parece que los pedales no responden”. Volvió a intentar con mayor fuerza, pero poco a poco la bicicleta se fue degradando y se tornó más rígida de modo que no le permitió continuar su trayecto. Descendió y comenzó a blasfemar. “¡Maldita sea! ¡Hasta tú me fallas! ¡Yo que sólo en ti puedo confiar! ¡Qué te pasa! ¿Ahora a quién fiaré mi seguridad?”. Volvió a intentar. Montó la bicicleta y se dijo: “¡Funcionas porque funcionas, porque yo lo digo!” Se subió y comenzó a pedalear con tanta fuerza de modo que los pedales se averiaron. Volvió a descender y comenzó a golpearla. Blasfemó. Minutos después calmó su ira y con placidez se dirigió hacia su bicicleta que se encontraba toda estropeada. Al notar la desgracia de lo sucedido se acuclilló al suelo, mientras sus lágrimas brotaron del iris de sus ojos como aguas cristalinas que nacen de los manantiales. Se enjugó sus lágrimas y tomó su bicicleta. Trató de repararla, pero el daño que le provocó fue grave, de modo que no le permitió repararla por sí mismo.


Al poco instante, entre el arrebol de las flores apareció un hombre con corazón androceo rodeado por periantos. Sigilosamente, se acercó a Joel y con mucha placidez le tocó el hombro. Joel reaccionó con el rostro congestionado y los ojos turbios de ira. Pensó que quería causarle daño. “Joven, ¿qué le sucedió? ¿Por qué dañó su bicicleta?” Preguntó el hombre, con cautela. “Me encolerizó por su mal funcionamiento”, respondió acongojado. “¿Qué te pasó? ¡Cuéntamelo!”, añadió el hombre. Joel le contó lo que le sucedió con Carlos y Melani. También le platicó los maltratos de su padre. El hombre lo escuchó con comedimiento y con sosiego parafraseó a Fabienne Loodts:


“Joven, en el interior de cada uno de los seres humanos habitan múltiples enemigos íntimos. Éstos conocen nuestros profundos miedos, dolores y carencias, pero nosotros podemos elegir cómo relacionarnos con ellos. Tenemos la opción si permitimos que nos invadan y le entreguemos nuestra vida para que nos gobiernen o si los ignoramos sabiendo que existen en nuestro interior. Podemos elegir luchar fervientemente contra ellos, así sea una guerra sin fin, o si aprendemos a relacionarnos, los domesticamos y convivimos con ellos. Algunos podemos llevarnos muy bien con nuestros enemigos íntimos. En otros los enemigos se aprovechan y manipulan a sus dueños, mientras otros somos complemente dominados por nuestros enemigos. Joven, los enemigos íntimos pueden ser grandes, fuertes y violentos. Algunos ostentamos con orgullo nuestros enemigos de una forma inherente para mostrarnos ante los demás. Otros intentamos ocultarlos hasta que reaparecen de golpe. A veces resulta difícil soportar nuestros enemigos y en este caso la pelea es constante y la ilusión que desaparezcan es nuestro paraíso. Los enemigos cuidan una parte significativa de nuestra personalidad, protegen lo que nos importa, y nos han acompañado durante mucho tiempo. Nos conocen, a veces mejor que nosotros mismos. Cuando los miramos de frente y los escuchamos podemos conversar con ellos, negociar cómo caminar juntos por la vida. Cuando hablamos con nuestros enemigos íntimos podemos notar que se vuelven dóciles, amables, flexibles, apacibles y hasta podríamos llegar a ser buenos amigos”.


Por eso, debes entender que tú eres como tu bicicleta. La bicicleta requiere mantenimientos, lubricantes y cuidados adecuados; del mismo modo —y aunque, hoy día, las gentes confunden la música con el ruido y dejan caer sus miradas sicalípticas sobre ‘…mujeres con flácidas tetas de latex, glúteos de silicona y narices recortadas a fuerzas de bisturí… (Ortuño, Olinka)’—, tú necesitas una transformación profunda tanto de tu pensamiento como de tu corazón (i.e., metanoia)’. ‘Los resentimientos, la ira, el odio y el rencor son los principales factores que dañan a los seres humanos (Séneca, Tratados filosóficos)’, agregó.


El corazón androceo le explicó a Joel que todo lo que él ha vivido y la falta de perdón hacia su padre le condenaba a vivir disgustado. “La vida es tan dulce como la música meliflua que yace en el silencio de los mares, es tan corta como los caudales de los ríos que fenecen sobre las rocas. ¿Por qué vivir con las ofensas que los humanos guardan para ti? Sentirse víctima de las circunstancias y pensar que nadie te comprende no es vivir para ti, sino para los demás. ¿Acaso quieres eso? El ser humano es capaz de lastimar a quienes más quiere por la simple razón de no saber perdonar las ofensas de unos a los otros, tal como tu padre te hizo hace algunos años. ¿Alguna vez, te has preguntado qué le sucedió a tu padre para que actuara de esa manera contigo? ¿Sabes cómo fue el trato de tus abuelos hacia él? ¿Verdad que no? Joel, en la Tierra es fácil juzgar los actos de los hombres porque nunca pensamos en los orígenes. Los verdaderos hombres comenzamos a ver al mundo con misericordia cuando en nuestro corazón prolifera el comedimiento de nuestra actitud. Así como yo observé y escuché decir que la bicicleta es valiosa para ti, tú lo eres para tu padre. Observa como dejaste la bicicleta. Ella no es culpable de lo que te ocurre, pero ya sufrió y pagó las consecuencias de tus actos”, añadió el hombre.


Se tornó un silencio que los pájaros aprovecharon con sus bellos trinares, mientras Joel, acongojado, inclinaba la cabeza como afirmando que había entendido el acento trocaico que profería a través de las comisuras de los labios de aquel corazón androceo. El hombre continuó: “Joel, reflexionar es una tarea difícil, pero necesaria para liberarse. Recuerda que ni Melani, ni Carlos y nadie son culpables de cómo te sientas con las cosas que te dicen o con las cosas que te provocan; es responsabilidad tuya decidir qué cosas deseas guardar en tu corazón y qué cosas deseas dejarlas ir, qué cosas quieres que te lastimen durante toda tu vida y qué sucesos quieres perdonar”. Joel lo miró fijamente y le dijo: “Usted sabe demasiado del tema. ¿Se puede saber a qué se dedica?” El hombre, con una sonrisa entre sus labios, respondió: “mi trabajo es perdonar”. Joel quedó absorto por la respuesta e inmediatamente preguntó: “¿Perdonaaaaaar?” “Sí, perdonar”, agregó el hombre. Joel volvió a inquirir “¿Cómo se llama usted?” “A pesar de que cada uno de nosotros carga su propia cruz, en vida, yo me hago llamar ‘ese hombre’ quien murió en la cruz para el perdón de los pecados”, respondió. Finalmente, el corazón androceo rodeado por periantos le brindó un abrazo y le recordó: “perdona a tu padre, sólo así serás libre y vivirás feliz para siempre”.


La melodiosa y suave noche viraba, mientras los rayos de luz de luna besaban los sensatos pasos de la tierra. De pronto una voz femenina, vivaz y enfática, profirió: “Mateo, ojalá algún día tengas la oportunidad de leer El diario de Satanás y te darás cuenta que los seres humanos somos un conjunto de pulsiones y sentimientos que nos llevan a realizar todo tipo de acciones tanto para el bien como para el mal”. También revisa a Friedrich W. para que comprendas que “el hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo” citó Anita. Mateo, jamás olvides los versos de un poeta: ‘How many roads must a man walk down before you call him a man?’ (‘¿Cuántos caminos debe transitar un hombre antes de llamarlo hombre?’)”, concluyó.

Fotografía de Gabriel Chazarreta
Silvano (Chivis) Jiménez

Chivis (Silviano) Jiménez, es zoque por sus orígenes, es maestro y doctor en lingüística por el Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS); sus disertaciones de grado han sido sobre lengua y gramática de la familia mixe-zoqueana. Actualmente, realiza el posdoctorado y documenta lenguas en peligro de extinción financiado por SOAS, Universidad de Londres. Está interesado en el estudio tipológico y revitalización de las lenguas mesoamericanas, con particular énfasis en la familia mixe-zoque y lenguas en peligro de extinción de diversas familias lingüísticas. Ha dirigido proyectos de rescate documental del zoque de Oaxaca. Ha participado en diversos encuentros y coloquios sobre lingüística. Ha realizado diversas publicaciones en revistas nacionales e internacionales.

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