Similarmente diferente

Todo es diferente aquí.

Me rodeo de seres con rasgos lejanos a los que cualquier humano, hasta el más deforme, podría lograr obtener. Están por todas partes y no dejan de gritar en su dialecto desconocido. Me son exageradamente difíciles de observar, por lo tanto, también lo serán de describir, aunque lo haré de la forma más rápida y menos perturbadora posible.

Sus cuerpos retorcidos y de extensas extremidades son similares a la corteza de un árbol; están, por partes, cubiertos de huecos, de pozos, de los que emanan vapores, líquidos, o espíritus de animales, no sé cómo definirlos con exactitud, ya que son algo diferente a cualquier cosa que haya visto. Estos seres tienen rostros, y sería no escribir lo más significativo de su apariencia, sino diría que sus miradas perdidas, verdaderamente, derraman manantiales de viscosa tristeza.

Todas las zonas de la casa están revestidas de colores fúnebres y de un material repugnante; colores que parecen de neón, que iluminan todo el hogar, también esta hoja, y que tiempo atrás me hirieron la vista en cuanto osé a mirarlas. El recubrimiento de las paredes puede definirse como amorfo, de tintes lúgubres como las luces de neón, y que desprende un fuerte hedor gaseoso.

Los seres que nombré me rodean ahora mismo, susurran a mi oído produciéndome escalofríos cuando inspeccionan mi escribir; se mueven salvajemente, como animales, pero de forma aterradora, ya que no respetan las leyes físicas que hay en la Tierra, al menos en la que estuve, la que extraño con fervor.

Este cuaderno y esta pluma fue lo único que encontré sin cambios dentro de mi habitación tétrica, mi habitación de esta casa. Con esto propuse escribir todo lo sucedido al lado de la ventana, ventana en la que ni siquiera tengo el suficiente valor de apartar el telón rígido y acercarme, debido al miedo que me proporciona pensar en los macabros horrores que aguardan allí fuera; el miedo me consume, al menos hasta que la locura también lo haga.

Me acerqué de nuevo al espejo del baño, evadiendo a las criaturas e intentando volver a casa de la misma forma en la que entré ayudado de ese libro, pero no lo logré, solo me vi a mí y a un mundo aparentemente sano; vi mi reflejo pálido y apagado de aquel lado normal, con sus profundos ojos derramando tristeza.

Robert Gray

Es un escritor solitario, alejado de la ciudad de Buenos Aires, que escribe sus pesadillas en las sombrías profundidades de los campos.

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