La salud mental y el discurso de poder del binomio psiquiatría-Estado, en México. ¡Humano: funciona y trabaja que te lo ordeno!

El discurso de la psiquiatría ha sido adoptado por los medios políticos, como un discurso de poder, ya que la salud mental también es algo que está bajo el “control” del Estado.

Es importante realizar propuestas o criticas de mejora o intervención en los modelos públicos de atención psicológica, ya que los objetivos a lograr por parte del Estado, en este sentido se han convertido o imitado bastante al modelo médico tradicional (inclusive en uso de batas blancas por parte no sólo de psiquiatras como es esperado, sino también de los psicólogos) esto es, la urgencia radica en diagnosticar rápido, atender pronto y establecer una “cura” pronta a la problemática del paciente. En términos económicos y productivos, que el paciente, no deje de laborar y que no deje ser productivo. Por supuesto el método más rápido es el uso de los medicamentos o de técnicas psicoterapéuticas “rápidas”.

Estas prácticas pueden ser ubicadas en instituciones del gobierno federal, gobierno local, centros de atención comunitaria, entre otros.

Eljure en 2009, en su tesina de licenciatura abordó algunos aspectos relacionados con las “nuevas” formas de atención mental creadas por parte del gobierno Federal en el periodo 2006-20012, el comúnmente conocido como “El modelo Miguel Hidalgo en atención mental” el cual, de manera muy general establece:

-El trato digno a pacientes psiquiátricos por parte de instituciones de salud mental.

-Un programa de prevención de a problemas mentales y adicciones.

-La rehabilitación de los pacientes mediante casas de acompañamiento y ocupaciones terapéuticas.

A simple vista parece ser un modelo de intervención adecuado por los ejes que maneja, sin embargo, aún existen problemas en cuanto al “tipo” de pacientes a los cuales está dirigido. Como ya mencioné, existe una mayor inclinación por atender problemas de tipo “psiquiátrico”, dígase por ejemplo: esquizofrenias y psicosis.

No obstante estos “avances” por parte del Estado en términos de atención mental a los ciudadanos, los problemas más comunes en salud mental parecen no tener un lugar más que transitorio en las instituciones.

La depresión, problemas de insomnio, la ansiedad, los problemas de pareja, problemas escolares, la desilusión por los empleos mal pagados o la ausencia de ellos, los duelos, es decir: la “neurosis común” es poco atendida desde el punto de vista de las instituciones del Estado. Cuando la gente que demanda atención a su problemática mental, en la mayoría de los casos reciben medicamentos antidepresivos, sedantes, calmantes etc., que contribuyen a “calmar” al paciente y a sacarlo prontamente pero momentáneamente también, del problema, para que éste no deje de ser productivo a la sociedad.

Entonces, esta cuestión de lo productivo económicamente, de la adecuada “adaptación” social, tiene que ver con las necesidades llamadas “neoliberales o capitalistas” ya que lo más importante en términos económicos y productivos para el Estado, es la generación de capital monetario. El dinero es aquello que mueve al mundo.

En este sentido Guinsberg (2001:112) establece que “las perturbaciones que se producen en relación al dinero no se hacen evidentes como ‘patologías’ por qué el sistema capitalista las hace aparecer como elementos ‘normales’ estadísticamente prevalentes”.

Las necesidades de producción por parte del Estado, requieren de una rápida recuperación por parte del paciente “mental” debido a lo cual, cada vez hay menos lugar para una atención psicoterapéutica que implique “mucho tiempo” de recuperación por parte del paciente, es por estas razones que no vemos clínicas públicas o de gobierno de atención psicoanalítica, por ejemplo.

En todo caso lo que observa es una prevalecía de un discurso o una visión psiquiátrica en torno a la atención en salud mental.

Berlinguer (1977:95) señala ya desde aquellos años, que la encargada por excelencia de tratar la salud mental es la psiquiatría. Menciona también que “en el capitalismo maduro, el cuerpo humano se convierte en la sede natural de las contradicciones sociales y sufre presiones y violencia que minan, su validez, su unidad psicofísica, su salud”.

Aunado a esto, el mismo autor afirma el carácter mismo de la psiquiatría “siempre ha sido una técnica represiva o conformizadora, un instrumento más o menos brutal de segregación solo que ahora ha dulcificado métodos y objetivos”.

Esta idea de la “represión” como característica de la psiquiatría, no es en el sentido literal, más bien se refiere a un medio de control. Y por ser medio de control, implica una relación de poder entre psiquiatras (Estado) – pacientes (sociedad).

Cabe señalar que me he referido a la psiquiatría como discurso de poder frente a la enfermedad mental, no obstante la psicología y otras disciplinas “psi” han adoptado o se han adaptado a dicho discurso de poder.

Un ejemplo de ello son las psicoterapias breves o la psicología cognitivo-conductual, cuya función es “curar” los síntomas de manera rápida y reintegrar al paciente rápidamente a su vida laboral, a la sociedad, a la producción.

“No hay tiempo que desperdiciar”, dice la modernidad capitalista. Por eso es que discursos psicoanalíticos son mirados por las instituciones públicas de salud mental como “una pérdida de tiempo”

Pero entonces: ¿qué podemos hacer ante el discurso avasallante del “progreso económico”?

Una respuesta posible sería: desplegar nuestra subjetividad, hacernos pronunciar, hablar, manifestar aquellas dolencias de la época ante ese gran Otro (Estado) que no quiere escuchar, que nos quiere calladitos y más bonitos, más productivos, más enajenados, más de lo mismo.

El psicoanálisis propone desde el tiempo de Sigmund Freud, un camino que libere al sujeto de sus demonios, que lo haga pensante y consciente de la realidad, que lo haga crítico de su presente. Por supuesto, este tipo de discursos no son bien vistos por la psiquiatría, algunos tipos de psicoterapia que modifican conductas, ni por el Estado.

Sujetos pensantes analistas de la realidad, son peligrosos, no se dejan controlar. ¡Ni Dios lo mande! dirían algunos.

Divagacion
Fotografía de Gabriel Chazarreta

Referencias
Eljure, S. (2009) Tesina de licenciatura. Aplicación del “Modelo Miguel Hidalgo de atención en salud mental) para el caso del hospital psiquiátrico “José Sayago”. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional Autónoma de México.
Guinsberg. E. (2001) La salud mental en el neoliberalismo. México. Plaza y Valdés.
Berlinguer. G. (1977) Psiquiatria y Poder. Barcelona. Granica Editor.

Para citar este texto:

Torres López, Moisés. «La salud mental y el discurso de poder del binomio psiquiatría-Estado, en México. ¡Humano: funciona y trabaja que te lo ordeno!» en Revista Sinfín, no. 3, enero-febrero, México, 2014, 82-86pp.
https://www.revistasinfin.com/revista/

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