Cinco Poemas

I

Que la ventana exista de celebraciones
para que todo sea un espeso zumo
arrancado del útero ajeno a la muerte.

Que duelan los senos, la cáscara y la médula.

Que los gozos expriman cuchillos
contra los cuerpos de serpientes y de palabras.

Donde los cuervos echan espuma por la boca
el amor es un mártir a favor del abismo.

II

Unos empuñan el canto del estallido,
anuncio de manos sin ataduras
de aromas que contienen el último límite

unos estremecen el culto cotidiano
desatando trampas en la línea infatigable

unos corrompen el vidrio que no refleja
para cortarse las venas que no tienen patria
y para ahuyentar los cadáveres que no besan

otros callan y sostienen en las manos
las ruinas que no conocieron el olor
de la humedad que descifra la buena fruta

otros, nosotros, hurgamos bajo la falda de la palabra
para manchar de semen la sombra que hace al olvido.

Ahora un juego de llaves hace de espía sobre la mesa
y alguien escupe su cuerpo malherido en un poema.

III

Peces con mañanas y puñales
abren los telones y los sueños de mortajas
intentando desmoronar el lecho de un útero
que tiene el mundo de espaldas al incendio.

Palabras y reflejos hacen la desmesura
en esta ciudad extranjera a la urgencia.

Una manzana roja es combatiente en la boca
de los pasillos que no resignan de la sal.

Nosotros, vos y yo, el ejército que no duerme.

IV

Cada uno prescinde de un pájaro
cuando se dejan morir las manos
en la voracidad oblicua de una ternura
que no mide la procesión ni la tenencia
que reclama con sangre los cien años
y que seduce la carne de forma unánime

pero a veces la calle es una puta sucia y fría
que alimenta a bofetadas el mármol y el abismo.

Algún día un vientre dará a luz
una brújula sin ausencias.

Será la hora de invadir las vísceras
y no callar la manera de rugir.

V

Para hacerle frente a la suerte
no se necesitan las cuatro hojas de un trébol.

Poner en claro la empuñadura y escupir la escoria
acorralar contra las telarañas a la furia del desierto
abrirle las venas a los trapos titiriteros de lo estéril
y darle fiebre a los sicarios que oxidan la complicidad
deberá ser el arma letal que despedace a dentelladas
la oscura trama de un signo de interrogación.

Mi soledad tiene las raíces verdes
y una mujer subida a la ventana.

Evidencia de que el azar es un incendio con alas y deseo.

Fotografía de Richard Keis
Fotografía de Richard Keis
Para citar este texto:

Correa, Juan Antonio. “cinco poemas” en Revista Sinfín, no. 22, año 4, México, febrero 2017, 14-15pp. ISSN: 2395-9428: https://www.revistasinfin.com/revista/

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