Cuatro poemas

¿Cómo mandar el tiempo a la chingada?

Tengo en la mano izquierda la sinrazón.
Y en la derecha dos pastillas caducadas.
En resumen, son la misma cosa,
ambas están fuera de tiempo.
Ante esta mezcla
lo mejor es sentarse
y dejar que el tiempo siga rompiéndose el hocico.


Archivero de registro civil

Voy a convertirme en tu nombre propio
en escombros de legislaturas
un sábado por la mañana
entre inicios y mapas fúnebres.

Seré nombre con un punto final
con un collar de identificación.

Voy a convertirme en tu bautizo
con baños de burocracia
en escombros de carpetas arrumbadas
entre los peldaños de la insignificancia.

Me cobijaré con veintena de siglas
al resguardo de un código de barras.

Así me renombraré en tu hastío
para que me olvides
en cualquier espacio de tu archivero.

 

Inhumación

Quería palpar al tiempo
entre hebras de hilo rojo
jugando con mis labios
en un silencio quimérico.
Esto es
un espacio terrenal.
Un puño
dos envolturas
y tres paredes de piel marchita.


Miradas de agua

Mi madre habita en espejos de agua
en el calor de un abrazo de papel
anida en el sereno de los árboles
al acecho de rostros desconocidos.
Se excusa con sonrisas de mal brillo.
Oculta el turbio reflejo entre el cielo y su tristeza.
Conoció un sol templado
entre los cantos de las melodías hoy enterradas.
Mi madre sigue escribiendo sus tratados de paz
–palmaditas y moralejas–
testigo de un sueño acurrucado
en los misterios de mi remembranza.

“Chaktako’ob” Fotografía de Anahí Haizel

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