Dulce mano fría

Y allí lo veo, me llama. ¡Clama por mí!

Me acerco hipnotizado al camino sin regreso,

Ya siento su mano fría llevándome al deceso,

¡Oh, dulce mano fría!

Si pudiera resistirme a ti…

Cierro los ojos para dejarme llevar,

Mi respiración se termina

Mi voz  ya desafina

¡Oh dulce mano fría!

Antes del final, permíteme contigo poder hablar.

Siento ya mi último suspiro

Y me pregunto si sabrás tú lo que es abrigo,

Un abrigo de abrazos, calor femenino.

Quizá no sepas lo que es jugar con su ombligo

Y de la nada, provocarle el delirio

Al recorrer su vientre con tu dedo frío.

En mi último instante sombrío

La contemplé…

Y en mi último exhalo de vida,  la desafié

¡Oh dulce mano fría!

Si supieras que morir es volver a nacer.

¿Y tú, querido amigo

Sabrás como Thánatos lo que es robar el último respiro,

Robarlo con un orgásmico castigo

Y no con un suspiro

Como el cadavérico enemigo?

Gilberto Blanco Hernández

Amante de los amaneceres y el café; de los atardeceres y el chocolate. Lector a tiempo completo y escritor a tiempo de inspiración. Corredor que devora kilómetros. Poeta y amante del mundo prehispánico. In xochitl, in Cuicatl. “El ≠ Ella” en Revista Letras Raras, julio 2013 http://issuu.com/letrasraras/docs/letrasraras_julio2013

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