Cuentos

Túneles

Óscar Hernández. Federica ve un libro con su madre, ella le explica acerca del trabajo que hace en el hospital. Le describe la forma en la que opera a los pacientes que han sufrido algún daño en el cerebro. Usa fotografías para que conozca primero la parte más elemental: las neuronas. Federica pone atención a la anatomía de esas células. Su madre le habla de las ramificaciones que se extienden a través de su cerebro; con su dedo sigue los caminos, impresos en las páginas, que ella acaba de descubrir existen en su interior. En lo profundo de su ser. Su madre le dice que lo que ve, oye y siente, es producto del flujo de información que navega por esa estructura perfecta. Ese día Federica se da cuenta que todo el universo llega a ella a través de las rutas de esos túneles.

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El hombre con el testículo repleto de odio

Gerardo Ugalde. Una vez en la vida de todo hombre se pierde el sueño. Recorres toda la habitación en busca de algo que hacer, pensar, comer. El reloj está clavado en la pared, frente a tu cama, sin moverse, fijo en la hora trece de un séptimo día. Encendí la computadora, encendí un cigarro; la habitación apestaba, yo seguía fumando pitillo tras pitillo, intentando masturbarme. Estaba sentado, contemplado asiáticas de coños peludos cuando de repente sentí un dolor en el estómago. Era agudo, espontáneo, justo. Mi baño no era la gran cosa, yo tampoco lo era, mi culo se adolecía por el estreñimiento. Pujaba y gemía, lágrimas escurriendo por mis mejillas. El dolor ahora se encontraba en mi espina, hígado, riñones… cada segundo sobre el escusado era un calvario. No logro comprender qué fue lo que pasó. Sentado sobre el trono algo explotó: mi escroto, el lado derecho, eso fue lo que pasó.

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Tecnología

Leo Hernández. Lina esperaba pacientemente el regreso de Charlie, la cena recién servida, aún humeando sobre la mesa. Lina miraba con su cabellera rubia a que la puerta se abriera para que Charlie llegara del trabajo y le dijera que la extrañó mucho, a que la besara y que le hiciera el amor salvajemente, como acostumbraba casi todas las noches. Cuando se abrió la puerta del departamento, Lina se acercó a recibir a su hombre, con un pequeño y hermoso vestido negro, y éste la besó como queriendo devorar esos carnosos labios rosados, correspondiendo exactamente el acto. —Devuélveme el aliento —le dijo él, tratando de contener la respiración, después del agitado beso. —¿No te gusta que te lo quite? —preguntó ella dulcemente, como una niña que no tenía idea de lo que pasaba. —Sí, pero yo lo necesito más que tú —le contestó dejando las cosas del trabajo en el suelo.

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El accidente

De día, desde la ventana sólo podía ver un muro gris grafiteado con unos símbolos extraños que no le significaban nada, por la noche los rayos de luna entraban tímidamente, entre suspiros y desvelos maquinaba un plan de escape, a veces amanecía optimista e imaginaba que mágicamente desaparecían los barrotes, una voz lo llamaba con...

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De Marcel y Ana

Una mañana ella se había marchado. Diciéndolo mejor: se había ido, pero ahí estaba. Cuando Marcel abrió los ojos, permanecía totalmente quieta, cuarteada cual lodo seco y su mirada fija en la puerta. Él le dio un beso suave. Su boca se hizo polvo. Relamió por última vez ese amor sabor a canela. La noche...

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Una instantánea más

Lo que más me gusta de Mauro es su sonrisa, todo está de la chingada, pero él siempre está feliz. Llevamos tres meses saliendo, lo conocí en un clic, en un parpadeo, cuando se entrometió en mi instantánea; yo estaba apuntando a la imagen de una estatua que parecía estar viva, todo estaba listo, el...

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Ni guigaachi’ / El entierro

Literatura zapoteca Ni guigaachi’ Bitiee laa ti quí gapa guenda, quí rucaa dxiidxa guie’, quí rutiee,  quí ruunda ne laaca quí ruxhidxi, qué ná gaca xaique guidxi. Bitiee laa casi laa ne xaga namuu, guiropa bidxi rini sicape ra gudxigasi chupa ba’du’ nadxixhata’, zaque bitiee laa, bicuaque laa ti lari soo ni guixubinee yu ca...

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Pulsar

Pulsar: es una estrella de neutrones que emite radiación pulsante periódica. La señal del primer pulsar que se detectó, tenía un intervalo exacto de 1,33730113 segundos. De hecho, cuando en julio de 1967 Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron ese patrón de radio, pensaron que podrían haber establecido contacto con una civilización extraterrestre, dada la...

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El orden del caos

@felipe_paris “Es el día de cada uno. Bueno, desde que convivimos juntos, decidimos que cada semana tendríamos un día para cada uno, o sea que estaríamos haciendo lo que nos dé la gana. Pero solos, cada uno, bueno, pero eso no significa que antes no hacíamos lo que deseáramos. ¡Ella siempre hace lo que le...

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Ramona en el país de las sombras

Wake, girl. Your head is becoming the pillow. Eleanor Ross Taylor Primera parte ¿Sabes?, siempre he sido falsa psicópata, una sentimental cobarde suicida, mas debí haberte matado aquella noche. Carmen Ávila Ramona, arrancándose los pellejitos de los dedos con los dientes, con la mirada tambaleante y risa nerviosa, se encuentra en el centro de un...

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Biru’chu’ / Bisutería

Literatura zapoteca Biru’chu’ Zicarupe’ guixiapa nua’ gudxe laa, gulee tobi ga, biluini naa, bicani ra xie’ ne bichaa cadxini cue’ ná’ya. Ne bigueta guelee xtobi ,bi’ni’ laaca ngueca, ra ze giona qué la nanda ti doo zi’ cue, biya’ ne bigane. Zesibe la. Bidaguayuaa. Gunienia San Matín Caballero. Padeste nga nou’ chindabe pue, gunaba diidxa...

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Las hormiguitas del tiempo / Yazcatzijtziwan kawitl

  Las hormiguitas del tiempo  Uno Dentro de un montón de tierra (tlatel) muchas hormigas trabajaban para su sustento y tener “tiempo”, este “tiempo” lo usaban para hablar con otras hormigas y trabajar de manera más eficiente al estar distantes y no poder comunicarse por su propia voz. Todas las hormigas tenían en su cabeza...

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Apocalipsis de bolsillo

La historia de mi vida comienza ahora. Escapé del hogar familiar por incertidumbre. Regresé varias veces por memoria. Y hoy que habito en el olvido más cercano creo que mis pies se encuentran cansados de andar. Disculpen si mi escritura es poco profesional. No fui a la escuela de la manera que hay que ir....

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La cautiva

El hombre bajó las escaleras con una sonrisa en los labios. Llevaba una escudilla llena de ración para perros en la mano derecha y una jarra de aluminio con agua en la izquierda. Los peldaños de madera intentaban resistir su peso, rechinando por el esfuerzo. Al llegar al piso de tierra encendió la única luz:...

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El guardián de los libros

Recuerdo la Semana Santa de mi infancia. En especial de los jueves y viernes santo: bañarse desde temprano, ir a misa, rezar-orar-rezar y regresar a casa a ver películas de corte religioso: Cristo, María, El Judas Iscariote y Poncio Pilato en papel estelar. Conforme fui creciendo dicha costumbre la fui perdiendo, y ahora después de...

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Los vientos de la dimensión azul

  R.c. Gorman Las hábiles manos manipulaban los tiestos dispersos sobre la arena, luego la arqueóloga se sentó en cuclillas y con su carpeta de croquis sobre las piernas comenzó a dibujar con trazos seguros el material encontrado. Su cuerpo en tensión disfrutaba concretando en el papel lo hallado en el sitio. Isabel se enjugó...

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Hombre-Quipu

A Eliú Aguilar García Desde la distancia, en que se entrecruzan una calle, unas mojoneras y una abertura-ventana, se le puede mirar al hombre-nudo. Esta distancia es relativa. La nomenclatura calle-portón-ventana comprende tan sólo un espacio de unos escasos metros. Por eso, quienes alcanzan a divisar el reflejo pueden ver por ese hueco de visibilidad...

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Xcuént Juán Ngonip / Juan borracho

Cuento zapoteco Xcuént Juán Ngonip Tu xáa namé, Juán lë xáa; âan íip xtéjty nip ló xáa. Lëë xáa nîxsye kex laañee sob lídzy réy xsyúdzy xáa. Âan lëë réy chap xiñtsyaap, xláady réy kchóo me, tugak nsuugw-yu réy me axte kik yu-klaa. Lëë Mëëd go xoobsye chu ventán tsiñee lëë tu xáa xtíly kwtedy,...

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Alejandra

Mañana todo va a salir mejor. Pero todavía es hoy. Friday Midnights – Surfistas del Sistema Hoy me di cuenta de que no me gusta tanto el café. Pero, tal cual una mala costumbre, todos los días la primera cosa que hago es buscar ese amargor que voy metiendo de a poquito en la boca....

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Aquí te espero

  A Rodolfo C. Cheverría   Usted sube las escaleras. Abre la puerta del departamento. Observa que hay un camino trazado con pétalos de la flor número veinte. Percibe un olor desconocido que desprende un anafre. Voltea a su lado izquierdo y contempla entre la oscuridad una mesa con fruta y veladoras apagadas. Del lado...

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