Cuentos

Música de mi tierra

Nadia Vázquez. Hace casi un año que no escuchaba la marimba, la última vez fue cuando murió mi abuela, a las mujeres en mi familia les encanta, supongo que porque a todas les gusta bailar. A mí me fascinaba hasta que descubrí que hay canciones con letra, y que la letra me molesta, me impide adentrarme en el golpeteo, aún así, me gusta ir siguiendo el compás, tratando de descifrar entre golpes huecos y sonoros el alma de mi tierra; ese lugar en el que no nací, pero al que voy de vacaciones o en momentos tristes, donde el calor sofoca y el cariño asfixia, donde la gente llora por los vivos y ríe cuando ya están muertos, porque así se demuestra el amor, en vida, y se da gracias en muerte. Claro que es música de fiesta, pero de alguna forma y sin proponérmelo en los últimos años sólo he asistido a funerales. En este instante oigo Las chiapanecas, era la canción favorita de mi abuela; yo prefiero El bolonchón, me suena a chocolate con agua, a tortilla quebrada, tostadita con café y el llanto por el ser querido enfermo.

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La madre de Angélica

Guillermo Ríos Bonilla. Los maullidos de los felinos que copulaban sobre el tejado de la casa perturbaron el descanso de Angélica. Mientras ella estudiaba, la noche la había sorprendido concentrada en las matemáticas, pero con el transcurso de las horas, el embotamiento le nubló la mente. Dejó encendido el computador, apagó la bombilla del cuarto y se recostó en la cama. Pensaba en lo aburridas que le parecían las matemáticas y que debía entregar el trabajo mañana a primera hora. Los murmullos de la noche la extraviaron, como una puerta de escape que le permitía abandonar su embotamiento, y la libertad de su mente, errando por instantes en el ocio, la hizo desplazar la mano con suavidad hacia la entrepierna.

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El inventario de pasajeros en la Chontalpa

Oveth Hernández Sánchez. Las miradas de ambos personajes poseen una extraordinaria peculiaridad. Tienen hondura y discernimiento. Los dos catan sus propios espectros en el espejo de la córnea del otro. Así que no encuentran dificultad alguna en mirar y juzgar la realidad o con sus propios ojos o con los del otro. En los tiempos de la confrontación, cuando a uno le apresura conocer la veracidad en el otro, le es suficiente asomarse al borde de su rostro para mirarle adentro de sus ojos café-oscuros, como buscando en cada parpadeo los signos de su propio corazón.

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Túneles

Óscar Hernández. Federica ve un libro con su madre, ella le explica acerca del trabajo que hace en el hospital. Le describe la forma en la que opera a los pacientes que han sufrido algún daño en el cerebro. Usa fotografías para que conozca primero la parte más elemental: las neuronas. Federica pone atención a la anatomía de esas células. Su madre le habla de las ramificaciones que se extienden a través de su cerebro; con su dedo sigue los caminos, impresos en las páginas, que ella acaba de descubrir existen en su interior. En lo profundo de su ser. Su madre le dice que lo que ve, oye y siente, es producto del flujo de información que navega por esa estructura perfecta. Ese día Federica se da cuenta que todo el universo llega a ella a través de las rutas de esos túneles.

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El hombre con el testículo repleto de odio

Gerardo Ugalde. Una vez en la vida de todo hombre se pierde el sueño. Recorres toda la habitación en busca de algo que hacer, pensar, comer. El reloj está clavado en la pared, frente a tu cama, sin moverse, fijo en la hora trece de un séptimo día. Encendí la computadora, encendí un cigarro; la habitación apestaba, yo seguía fumando pitillo tras pitillo, intentando masturbarme. Estaba sentado, contemplado asiáticas de coños peludos cuando de repente sentí un dolor en el estómago. Era agudo, espontáneo, justo. Mi baño no era la gran cosa, yo tampoco lo era, mi culo se adolecía por el estreñimiento. Pujaba y gemía, lágrimas escurriendo por mis mejillas. El dolor ahora se encontraba en mi espina, hígado, riñones… cada segundo sobre el escusado era un calvario. No logro comprender qué fue lo que pasó. Sentado sobre el trono algo explotó: mi escroto, el lado derecho, eso fue lo que pasó.

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Tecnología

Leo Hernández. Lina esperaba pacientemente el regreso de Charlie, la cena recién servida, aún humeando sobre la mesa. Lina miraba con su cabellera rubia a que la puerta se abriera para que Charlie llegara del trabajo y le dijera que la extrañó mucho, a que la besara y que le hiciera el amor salvajemente, como acostumbraba casi todas las noches. Cuando se abrió la puerta del departamento, Lina se acercó a recibir a su hombre, con un pequeño y hermoso vestido negro, y éste la besó como queriendo devorar esos carnosos labios rosados, correspondiendo exactamente el acto. —Devuélveme el aliento —le dijo él, tratando de contener la respiración, después del agitado beso. —¿No te gusta que te lo quite? —preguntó ella dulcemente, como una niña que no tenía idea de lo que pasaba. —Sí, pero yo lo necesito más que tú —le contestó dejando las cosas del trabajo en el suelo.

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El accidente

Nadia Vázquez     De día, desde la ventana sólo podía ver un muro gris grafiteado con unos símbolos extraños que no le significaban nada, por la noche los rayos de luna entraban tímidamente, entre suspiros y desvelos maquinaba un plan de escape, a veces amanecía optimista e imaginaba que mágicamente desaparecían los barrotes, una...

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De Marcel y Ana

Liliana Alarcón Toriz     Una mañana ella se había marchado. Diciéndolo mejor: se había ido, pero ahí estaba. Cuando Marcel abrió los ojos, permanecía totalmente quieta, cuarteada cual lodo seco y su mirada fija en la puerta. Él le dio un beso suave. Su boca se hizo polvo. Relamió por última vez ese amor...

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Una instantánea más

Erika Hernández Sánchez     Lo que más me gusta de Mauro es su sonrisa, todo está de la chingada, pero él siempre está feliz. Llevamos tres meses saliendo, lo conocí en un clic, en un parpadeo, cuando se entrometió en mi instantánea; yo estaba apuntando a la imagen de una estatua que parecía estar...

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Ni guigaachi’ / El entierro

Víctor Fuentes Literatura zapoteca     Ni guigaachi’ Bitiee laa ti quí gapa guenda, quí rucaa dxiidxa guie’, quí rutiee,  quí ruunda ne laaca quí ruxhidxi, qué ná gaca xaique guidxi. Bitiee laa casi laa ne xaga namuu, guiropa bidxi rini sicape ra gudxigasi chupa ba’du’ nadxixhata’, zaque bitiee laa, bicuaque laa ti lari soo...

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Pulsar

Óscar Hernández Pulsar: es una estrella de neutrones que emite radiación pulsante periódica. La señal del primer pulsar que se detectó, tenía un intervalo exacto de 1,33730113 segundos. De hecho, cuando en julio de 1967 Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron ese patrón de radio, pensaron que podrían haber establecido contacto con una civilización extraterrestre,...

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El orden del caos

Felipe Paris @felipe_paris     “Es el día de cada uno. Bueno, desde que convivimos juntos, decidimos que cada semana tendríamos un día para cada uno, o sea que estaríamos haciendo lo que nos dé la gana. Pero solos, cada uno, bueno, pero eso no significa que antes no hacíamos lo que deseáramos. ¡Ella siempre...

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Ramona en el país de las sombras

Denise Elizabeth Ocaranza Ordóñez     Wake, girl. Your head is becoming the pillow. Eleanor Ross Taylor Primera parte   ¿Sabes?, siempre he sido falsa psicópata, una sentimental cobarde suicida, mas debí haberte matado aquella noche. Carmen Ávila   Ramona, arrancándose los pellejitos de los dedos con los dientes, con la mirada tambaleante y risa...

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Biru’chu’ / Bisutería

Víctor Fuentes Literatura zapoteca       Biru’chu’ Zicarupe’ guixiapa nua’ gudxe laa, gulee tobi ga, biluini naa, bicani ra xie’ ne bichaa cadxini cue’ ná’ya. Ne bigueta guelee xtobi ,bi’ni’ laaca ngueca, ra ze giona qué la nanda ti doo zi’ cue, biya’ ne bigane. Zesibe la. Bidaguayuaa. Gunienia San Matín Caballero. Padeste nga...

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Las hormiguitas del tiempo / Yazcatzijtziwan kawitl

Por José Carlos Monroy   Las hormiguitas del tiempo  Uno Dentro de un montón de tierra (tlatel) muchas hormigas trabajaban para su sustento y tener “tiempo”, este “tiempo” lo usaban para hablar con otras hormigas y trabajar de manera más eficiente al estar distantes y no poder comunicarse por su propia voz. Todas las hormigas...

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Apocalipsis de bolsillo

Por Gerardo Ugalde       La historia de mi vida comienza ahora. Escapé del hogar familiar por incertidumbre. Regresé varias veces por memoria. Y hoy que habito en el olvido más cercano creo que mis pies se encuentran cansados de andar. Disculpen si mi escritura es poco profesional. No fui a la escuela de...

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La cautiva

Por Hernán Paredes     El hombre bajó las escaleras con una sonrisa en los labios. Llevaba una escudilla llena de ración para perros en la mano derecha y una jarra de aluminio con agua en la izquierda. Los peldaños de madera intentaban resistir su peso, rechinando por el esfuerzo. Al llegar al piso de...

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El guardián de los libros

Por Michael Yahve Pineda Moreno     Recuerdo la Semana Santa de mi infancia. En especial de los jueves y viernes santo: bañarse desde temprano, ir a misa, rezar-orar-rezar y regresar a casa a ver películas de corte religioso: Cristo, María, El Judas Iscariote y Poncio Pilato en papel estelar. Conforme fui creciendo dicha costumbre...

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Los vientos de la dimensión azul

Ana María Manceda   R.c. Gorman   Las hábiles manos manipulaban los tiestos dispersos sobre la arena, luego la arqueóloga se sentó en cuclillas y con su carpeta de croquis sobre las piernas comenzó a dibujar con trazos seguros el material encontrado. Su cuerpo en tensión disfrutaba concretando en el papel lo hallado en el...

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Hombre-Quipu

Oveth Hernández Sánchez   A Eliú Aguilar García Desde la distancia, en que se entrecruzan una calle, unas mojoneras y una abertura-ventana, se le puede mirar al hombre-nudo. Esta distancia es relativa. La nomenclatura calle-portón-ventana comprende tan sólo un espacio de unos escasos metros. Por eso, quienes alcanzan a divisar el reflejo pueden ver por...

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