Cuentos

Fiesta de balas

Pasan de las diez de la noche y el castillo ha sido quemado en la plaza cívica. Los fuegos artificiales ahora son un armatoste coronado por una cabeza de toro disecada. Los niños se turnan para colocárselo sobre los hombros y perseguir a los otros en esa Pamplona exigua, oscura,...

Mientras haya vida

No aguantaba lo grande de mi rabia. Querían reventarse, mi pecho, mis venas, mis ojos José María Arguedas (Agua). Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!Hacedla florecer en el poema. Vicente Huidobro (Arte poética). Se ha posado sobre mi pecho un cuervo. Lo ha picoteado desde que despuntó el alba....

Utopía de la vacuidad

I —Me regaló un compendio de plantas herborizadas, prácticamente disecadas. Según él, era mejor que un ramo de flores, que a los días se marchita y debe tirarse a la basura. Era un pequeño libro, donde en cada página estaba pegada una planta con su respectiva flor, una breve descripción...

El crepúsculo de las palabras

Aquel era un día de verano, esplendoroso, donde las últimas lluvias cayeron con suavidad sin hender la tierra anegada en sangre. Era la hora maitines. El día iniciaba en una serenidad de tranquilo y exquisito fulgor. Las estrellas comenzaron a adormecerse y en la lontananza de ópalo apareció un celaje...

Procedimientos

No hay absurdo que no haya sido apoyado por algún filósofo. Cicerón Onofre Ruiz, agricultor jubilado, sesteaba plácidamente en un banco del parque cuando un repentino traqueteo lo devolvió a la realidad. Aún amodorrado por la neblina del sueño, confirmó la llegada de un diminuto y destartalado camión en cuyas...

Cristos de banqueta

Nadie que siga teniendo el más ínfimo apego a este mundo quiere serlo. Se necesita una voluntad metafísica desbordada, una vocación autodestructiva y una estilita en ese desierto interior que llamamos alma. ¿Quién no ha visto a un teporocho, granada de Tonayán en ristre, tirado en la calle con los...

Rosa azul

Don Quijote felicísimo e ileso en una esquina, sonriente, sostenía entre los dedos de esqueleto un mosquito pálido, aterrado y moribundo.Jorge Eduardo Eielson (En la mancha) Papá tiene una rosa azul que aún lo espera en casa. Una rosa diminuta que danza al ritmo de las olas que explotan y...

Creonte e Ismena

I Muerto. Muerta. Muerto. Muerto. Muerto. Muerta. Los cuerpos, los nombres se mecían al compás del recuento trágico. Como si los agitara el mar de olas geométricas que decoraba los frisos del palacio de Tebas. Ismena, velada, esbozó un gesto ambiguo y recomenzó. —¿Mi madre? —Muerta, ahorcada en el lazo...

El muchacho de los diez millones de dólares

—¿Te gustaría ganar diez millones de dólares? —le preguntó aquel muchacho millonario a través del chat. Emily leyó la pregunta una y otra vez en la pantalla de su smartphone y no pudo evitar sonreír. ¿Podía confiar en él? ¿Era en verdad quién decía ser? La joven volvió a revisar...

La mujer pronunciada

El musgo de la fuente, sus aguas cristalinas, el canto de las aguas que corren a su antojo, que se fugan, que escapan como el aire, entre los dedos, que mezclan la verdad con la mentira, pero también las horas que sueñan con la luna, que miran esa luna en...

Ënaatuu / Lluvia de relámpagos

Literatura Ayuuk (Mixe)         Ënaatuu Menyëm ja’a ntääk n’äjty xjëkpëtë’ëky jëts ja’a pitsy molinjetypy n’äjty nwiity; ja’a mä’ts ntääk n’äjty jëën tyëkjëktsekypy, jëts n’äjty waan y’ëwijxy koo ja’a wejkxy jyokxtëjka’ jëts net ja’a jääm tämpooty. Xya ja’a ntääk jëtëkojk n’äjty ja’a jitsy jam päänkëjxp tma’ooky, jëts net...

Tarde o temprano*

—Me hubiera gustado estar ahí —le dije a Silvestre, mi compañero de la clase de historia mexicana. Se lo dije casi al oído para que no nos regañasen. Dentro de la corriente de voces juveniles o sobre el azar de la vuelta de lucha equiparable a la justicia. Ventura, eso...

Nalmú y Nilú

Decían que se aparecía por las noches: temblaba la tierra con sus pasos pausados y sus garras afiladas, hacían un sonido tremendo, como navajas gigantes cayendo del cielo. La gente del pueblo cerraba todas las puertas y ventanas, apenas se escondía el sol. Nalmú, el oso, arribaba a un terreno...

Ratón Pérez

Se coló por la ventana medio abierta y descendió de un salto al salón de la vivienda, estabilizándose con la larga cola. Casi hacía más frío dentro que fuera y el pelaje se le erizó. Se irguió sobre las dos patas traseras a olisquear el aire, más por instinto que...

Pobre mártir

El niño se encuentra en medio de la guerra. A plena luz del día, corre por una calle de Alepo. Va rápido por entre las ruinas; yendo desesperado, procura esquivar los fusilazos de los militares, quienes armados con metralletas, disparan contra los rebeldes. Esas balas van y vienen por los...

Otra vez invierno

Siempre hay un día siguiente, ¿pero sabemos realmente cómo será? La alarma la sentimos con el tintineo de nuestros dientes al paso del viento que nos hace querer abrigarnos. Quizá nos sentimos perdidos, rotos, confundidos. Yo le llamo invierno. Esos días donde todo podría ser negro y nos pasamos tendidos...

Los funerales de Rulo

Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Johnny Carter en El perseguidor de Julio Cortázar El corredor frontal de la casa era la parte más amplia, como era entonces preferente en el diseño de las casas de rancho en los acahuales de Comalcalco, Tabasco. Y por ser...

La Flor de la Pradera

A M. Norma Déjame que te cuente, fuereña. Déjame que te pinte la escoria, ahora que aún se mece en un sueño –de metanol– la hija del viejo Ronald Cook y de la indígena cree Shauleena La Riviére. Déjame que te cuente el abuso. Ahora que aún mutila el recuerdo;...

Apocalíptica

Desde el ayer hasta el hoy, las bombas explotan en la ciudad de Gaza. Abajo se vienen las edificaciones; las casas y las chozas, quedan derrumbadas. Todo está caótico entre los bombardeos y la humareda. Aquí tiembla esta urbe con estridencia. Por tales horrores, sufre esta población humana, presenciando a...

El delirio de Julio Cortázar

Gerardo Ugalde. En una noche en la cual cometí el funesto error de fumar marihuana, tuve el arranque de nervios más aterrador que he tenido hasta entonces. Cuando me vi en el espejo, noté que físicamente era horripilante. Comencé a perder el sueño, a sentirme lento, adolorido y con tedio. Derrotado para ser más claro. No lo estaba logrando, y parece, porque esto es continuo, mientras uno espera el fin...