Cuentos

Creonte e Ismena

I Muerto. Muerta. Muerto. Muerto. Muerto. Muerta. Los cuerpos, los nombres se mecían al compás...

El muchacho de los diez millones de dólares

—¿Te gustaría ganar diez millones de dólares? —le preguntó aquel muchacho millonario a través del...

La mujer pronunciada

El musgo de la fuente, sus aguas cristalinas, el canto de las aguas que corren...

Ënaatuu / Lluvia de relámpagos

Literatura Ayuuk (Mixe)         Ënaatuu Menyëm ja’a ntääk n’äjty xjëkpëtë’ëky jëts ja’a...

Tarde o temprano*

—Me hubiera gustado estar ahí —le dije a Silvestre, mi compañero de la clase de...

Nalmú y Nilú

Decían que se aparecía por las noches: temblaba la tierra con sus pasos pausados y...

Ratón Pérez

Se coló por la ventana medio abierta y descendió de un salto al salón de...

Pobre mártir

El niño se encuentra en medio de la guerra. A plena luz del día, corre...

Otra vez invierno

Siempre hay un día siguiente, ¿pero sabemos realmente cómo será? La alarma la sentimos con...

Los funerales de Rulo

Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Johnny Carter en El perseguidor...

La Flor de la Pradera

A M. Norma Déjame que te cuente, fuereña. Déjame que te pinte la escoria, ahora...

Apocalíptica

Desde el ayer hasta el hoy, las bombas explotan en la ciudad de Gaza. Abajo...

El delirio de Julio Cortázar

Gerardo Ugalde. En una noche en la cual cometí el funesto error de fumar marihuana, tuve el arranque de nervios más aterrador que he tenido hasta entonces. Cuando me vi en el espejo, noté que físicamente era horripilante. Comencé a perder el sueño, a sentirme lento, adolorido y con tedio. Derrotado para ser más claro. No lo estaba logrando, y parece, porque esto es continuo, mientras uno espera el fin...

Sin título

Ana Matías Rendón. Las pequeñas palabras se escurren entre las nubes como si cayeran descuidadamente. Lo cierto es que detrás de ellas, hay muchas más que empujan a las de adelante, obligándolas a caer por la inercia

Construcción

Liliana Alarcón Toriz. Dijo Cecilia que podíamos levantar nuestro amor con adobe. Los despojos del alma los amasamos: son lodo. Mientras ella contruye los muros, mis caricias van forjándole un techo. Esta ternura paliativa nos hace olvidar la miseria. Escucho cada palabra.

Trastorno bipolar

Adán Echeverría. Nací en 1987. Soy el hijo sobreviviente del matrimonio de mi madre con un maestro de preparatoria que le llevaba apenas cuarenta años. Mi padre había nacido en 1924, y mi amada mamacita en el fatídico año de 1964, año en que el presidente Lyndon Johnson firmara la ley de Derechos Civiles, en que naciera la afamada banda de rock progresivo Pink Floyd, y justo cuando nuestro Gustavo Díaz Ordaz ganara las elecciones presidenciales de México.

¡Cómo las flores señora!

Ana María Manceda. ¡Alégrame la vida! Entonces, a propósito le preguntaba cómo andaba y él tan suelto como era, tan pobre, tan feliz, dejaba volar las palabras de su sonriente boca ¡Cómo las flores señora! Sonaba a música, suena a música, sonará a música. Tenía una ligera nube en los ojos que producía un silencio en su mirada, un segundo, un tac y por ahí volvía a chispear, como cuando explicaba que su nombre quería decir “tigre amable” en mapuche. Lo mágico ocurría ante mi pregunta ¿Cómo andás Ainao? y el mundo vibraba, se llenaba de colores y notas musicales.

La Chontalpa en tres ensueños primaverales de los 80

Oveth Hernández Sánchez. En vísperas de primavera de 1986 un grupo de niños y compañeros de la escuela primaria disfrutaba el juego de las escondidas en Vicente Guerrero. Era viernes...

Una pálida sombra

Brenda Morales Muñoz. Bastaron sólo algunos segundos de su canción favorita para que su mente la trajera de vuelta. Logré que me saludara con una mueca amable.

Nosotros… los escritores

Ella lame un helado con sabor a chicle. La espero afuera del lugar. Tienen que...